Blai
Un leve calor se acumuló en mi vientre, cuando la caricia de mi señor se posó en mi cabeza.
En serio quería que lo hiciera eternamente, pero de repente fui llevado hasta el sillón y sentado allí.
Casi de inmediato quise replicar, no podía sentarme; eso no estaba bien, no era correcto, pero tampoco quería desobedecerlo.
Entré en una gran contradicción entre pararme o no.
Me levanté ¿Y si me regañaba por estar parado?
Me senté otra vez y luego me venían a la mente demasiados regaños por estar sentado en el sillón.
Me empezó a doler la cabeza de tanto mareo, cuando el señor entró con una bandeja llena de comida.
Tal vez estaba exagerando, después de todo solo era comida, pero en serio, no sabía cómo expresar la emoción y gratitud que me invadía. Me daba un poco de miedo tocarla. ¿Cómo se comía eso? Me sonrojé un poco y balbucí en agradecimiento. Nunca antes había comido con un amigo.
—Gracias mi señor… yo ya cumplí años —dije tímidamente—. Nací el veinticuatro de agosto.
No supe qué más decir y volví a mirar con curiosidad la cosa blanca que estaba en el plato.
Me sentía intrigado, pero sentía que no debía desconfiar.
Toqué la crema con el dedo, y lo llevé con cuidado a mis labios.
El sabor dulce estalló en mi boca y fue como conocer el cielo, no sabía con qué compararlo, nunca había probado algo así.
Tomé el trozo con mi mano y lo llevé a mi boca.
No se veía distinto a un pan, así que no debería comerse distinto.
El problema es que la crema blanca y deliciosa, era difícil de manejar y terminé lleno de la cosa dulce por todos lados.
De repente comprendí, que estaba comiendo frente al joven amo. Un rubor me cubrió ante el apuro.
—Sabe delicioso —exclamé maravillado por el sabor, pero avergonzado—. Nunca había probado algo así.
Los dulces del otro plato se veían más fáciles de comer y tomé uno, marrón pequeño. Me lo comí y nuevamente un sabor amargo y dulce, se mezcló en mi boca. No podía dejar de hacer caras raras, y exaltarme feliz por un sabor. Por cada cosa que descubría, le extendía uno a mi señor para que lo probara.
—Mí señor, son deliciosos, pruebe.