Amantes de Tinta Llorenç
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Llorenç

—Este lugar es hermoso —dije mientras admiraba el lugar—.

Al igual que la flor que me regalaste. Nunca vi una así, más allá de los dibujos de los libros o las pinturas.

Me gustaría despertar y verlas todos los días —hice una pausa, mientras sopesaba todas sus preguntas.

Eran muchas y todavía seguía un poco enajenado con su presencia—.

De hecho, en mi familia le llamamos "Flor de Lis" a los lirios. ¿Has visto los lirios?

Lleve una mano a su cabello tan rojizo y brillante a la luz del sol. Mi corazón retumbó al recordar la flor que me regaló. Sentí que mi cara comenzó a arder y retiré la mano. Había olvidado que, por mi culpa, lo castigaron.

—Lo siento —me excusé primero—. Debí decírtelo antes, pero en verdad lo lamento y lo cierto es que no conozco ningún juego. Tal vez me encuentres un poco aburrido. Sin embargo, haré mi mejor esfuerzo.

Dios, por qué sentía que cada palabra que salía de mi propia boca carecía de sentido. Era absurdo y sin embargo, sentía vergüenza por no tener ni idea de cómo jugaban los jóvenes de mi edad. Pero, incluso ante esas disyuntivas, quería ser útil, quería estar con él.

—Me hace feliz que hayas querido invitarme a jugar ¿Cuál es tu juego favorito? —Llevé una mano a mi cuello y luego recordé algo. Busqué entre mis ropas la hoja que tomé, antes de ser arrastrado hasta aquí.

—Yo… tengo algo para ti —se la mostré—. Escribí tu nombré.

Quería enseñarte que escribir sirve para dejar evidencia de cosas importantes, o de lo que no queremos olvidar.

Cómo los nombres, o lo que hemos aprendido.

Es un regalo, si lo quieres —se lo tendí con una sonrisa, aunque no sabía si lo aceptaría y eso solo sumaba nerviosismo a mi vergüenza.