Amantes de Tinta Blai
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Blai

Tres días pasaron en los que el trabajo fue agotador, apenas podía moverme.

Nunca hice tanto ejercicio y a cada paso que daba, sentía que mi cuerpo estallaría en dolor.

Si me atrevía a acercarme a la casa principal, el señor Rubén me mandaba a los campos de la propiedad, a desmalezar la grama.

No era del todo malo, porque pude fijarme en la gran cantidad de plantas y flores silvestres que había.

El padre Juan siempre me estaba enseñando cuales podían comerse y cuáles no, desde que era pequeño.

En teoría, ya no pasaba hambre en este trabajo, no pude evitar buscar algunas que masticar.

Tomé varias caléndulas y empecé a comerlas, cuando me encontré con una flor bellísima.

Era naranja en su interior con bordes amarillos.

Al darle el sol parecía un hermoso y cálido fuego.

Creo que la había visto antes en los jardines cerca de mi casa, pero no lograba acordarme de su nombre.

La corté rápidamente y pensé en lo hermosa que era, pero sería más hermosa en las manos del joven señorito.

Me escondí entre los árboles y rodeé la casa hasta aquella ventana, en donde lo conocí.

Esperé un buen rato antes de acercarme; al hacerlo, me fijé que el joven amo no estaba.

Me sentí algo decepcionado, pero dejé la flor en la ventana.

Corrí a los árboles y me senté a esperar que él apareciera.

Si aceptaba mi flor, lo tomaría como una señal de que me perdonaba.

No pasó mucho, antes de que lo viera y mi corazón se iluminó.

Tomó la flor y entonces recordé que eran flores del amor y la amistad, se regalaban para dar alegría.

Al ver que se asomaba, salí de mi escondite y corrí nuevamente a la ventana.

—Joven amo —exclamé con una gran sonrisa—. Oiga, ¿me perdona por lo de antes? No sabía quién era… o que debía llamarlo por su título, pero venga a jugar conmigo —tomé tímidamente su manga y tiré de ella—. Nos vemos mañana a las diez en este lugar, lo buscaré y le mostraré un escondite ¿Sí?

Quería saber su respuesta, escuché pasos y corrí a esconderme, pasó un castaño que saludó al joven amo; como ya me había escapado por mucho tiempo, regresé a mis labores.

No me quedaba más que esperar a que el joven amo quisiera jugar conmigo.

Estaba emocionado, el cansancio desapareció y regresé a arrancar las malezas del jardín.

Cuando fue hora de ir a dormir, el nerviosismo no me dejaba.

Acomodé el heno como pude y me recosté en el suelo esperando la mañana.

Desperté muy temprano y me apresuré a buscar el desayuno.

Era nuevo para mí siempre tener una comida caliente en la mañana.

La cocinera me dio un tazón de avena y un pan de granos muy rico.

Comí velozmente y seguí al señor Rubén, para que me diera las funciones de hoy.

Al parecer, tocaba cargar las cubetas de agua y era algo realmente pesado.

El pozo no estaba cerca de la casa principal y en más de una ocasión, terminé tirando el agua en el camino.

Cuando fue hora de descansar, corrí al bosque para rodear la casa.

Me sentía realmente muy nervioso y emocionado.

Llegué a la ventana y me acerqué con cuidado, pero no lo veía.

—¿Joven amo? —Dije en voz baja, en eso lo vi entrar y me embargó la emoción.

Trepé a la ventana, tomé al joven de su muñeca y tiré de él. Teníamos que salir rápido o seríamos descubiertos. Corrimos por el bosque hasta que llegamos a un pequeño claro, lleno de flores moradas y otras flores silvestres. Solté su mano apenado, pero estaba muy feliz.

—Ve qué lindo es este lugar, puede ser un jardín secreto —dije contento—. El señor Rubén dijo que el lirio es la flor del escudo de su casa, ¿No sería genial tener un montón de lirios aquí y en todos lados? ¿Le gustó mi flor, puedo sembrar muchas? ¿Qué juegos le gustan?