Brais
Pasé mi mano enguantada, con mucho cuidado, por los lomos de los libros.
Era tonto pensar que encontraría, entre estos, un indicio de que todo lo que recuerdo es real.
Que esas memorias en mi mente, no eran una imaginación hiperactiva.
Me mordí el labio ansioso, apenas empezaba la búsqueda y un escalofrío puso rígida mi espalda.
No era la primera vez que venía por respuestas, el problema era no dejarme paralizar por el miedo.
Vi una persona pasar entre las estanterías y me pareció familiar su silueta.
No podía ser él ¿Por qué estaría aquí? No tendría sentido, esta zona era solo para investigadores.
Fui hasta el final del pasillo y seguí la dirección que le vi tomar.
Ahí estaba. Parado en mitad del pasillo y estiraba su mano a un libro.
Mi mente se fijó en el título en hermosas letras doradas, Memorias de Lirio, y sentí como un puñal se clavaba en mi corazón.
—No —alcé la voz.
Corrí hasta él y tomé el libro en mis brazos, alcé la mirada.
Vi esos ojos castaños y ese cabello negro que tiraba al azul.
Tenía su imagen grabada en mi retina. Ese recuerdo, esa sensación, ese último suspiro.
Fue la primera vez en mi vida, que no solo soñaba con las puñaladas, sino que experimente el dolor en mi espalda nuevamente. Apreté el libro contra mi pecho.