Amantes de Tinta Lio
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Lio

Todo estaba borroso. Mis brazos se sentían pesados. Sentía desesperación, tristeza y un miedo indescriptible.

Me desperté de golpe, sudando frío. Mi pecho subía y bajaba con prisa. Llevé las manos a mi cabello, perturbado por la sensación de temor. Por qué... ¿Por qué estaba tan aterrado? Solté un suspiro y decidí terminar de levantarme. Caminé hasta el baño y tomé una ducha.

Pedí algo de desayuno a la habitación, y me preparé para salir.

Un pantalón de mezclilla negro, unos tenis, una camisa blanca y un suéter azul oscuro.

Era un buen atuendo para pasar desaparecido.

Cuando terminé de comer, tomé una pequeña mochila en donde metí mi libreta, algunos bolígrafos, papeles de identificación y mi teléfono.

Salí del hotel con las manos en los bolsillos y agregué un tapabocas negro, junto con una gorra del mismo color a mi atuendo.

El punto era ir de encubierto, y siendo una persona famosa, no podía permitirme exponer de una forma tan obvia, mi rostro.

Después de todo, medio mundo ya sabía que estaba en España.

Para llegar a la biblioteca nacional, decidí ir a pie. El clima era agradable. Luego de caminar un largo trayecto, en donde más de una vez sentí como mi piel se erizaba al pasar frente a varios edificios, llegué al lugar. Contuve el aliento y me acerqué al mostrador.

—Muy buenos días ¿Hay algo en lo que pueda ayudarle? —Preguntó la joven empleada, a lo que yo asentí.

—Sí, de hecho, necesitó ver un documento que se encuentra aquí.

Tomé una de las hojas de solicitud y escribí rápidamente.

Memorias rojas

Autor: Duque Llorenç de Lis

Cuando terminé de garabatear, la joven tomó el papel y luego de buscar el nombre, frunció el ceño.

—Puedo decirle que el archivo se encuentra aquí.

Forma parte de toda la colección que el duque donó.

Este en especial, está junto a otro archivo con el que se guarda como complemento.

Sin embargo, solo puede ser revisado bajo un permiso especial.

Cómo un permiso de historiador. Dependiendo de las razones por las cuales necesite revisar el documento, puedo tramitar o no la autorización.

Por un momento me quedé en silencio. El archivo de verdad existía. Estaba aquí y tenía la piel de gallina.

Bien, debía mantener la calma, debía permanecer sereno.

—¿Podría tramitar un permiso para ese archivo en específico, ahora mismo? Necesito revisarlo, y si es posible, retirarlo por unos días. Mis propósitos son puramente académicos y, lastimosamente no puedo revelarle mayor información.

Mientras hablaba, dejaba sobre el mostrador mi pasaporte, una identificación, y un carnet de investigador que mi padre había conseguido secretamente para mí, con el emblema del ducado. No me gustaba del todo, pero en este tipo de situaciones era muy útil.

—Disculpe, pero no creo que eso sea… —La joven se interrumpió a sí misma cuando evalúo las identificaciones.

Luego de leer el título de “Duque”, se le quitaron las ganas de ponerme alguna negativa. Descubrí un poco mi rostro del tapabocas que llevaba.

—Por favor, de verdad lo necesito —sonreí y luego volví a cubrir mi rostro.

Después de sonrojarse, inmediatamente comenzó a hacer su trabajo y generó la autorización para retirar el archivo.

Claro que también se detuvo a detallar el carnet de investigador con curiosidad, pero se abstuvo de preguntar ¿Quién no quería saber porque una persona como yo, un ídolo y celebridad en varios países, mejor conocido por ser un excelente bailarín, tendría una identificación de ese estilo?

Lo cierto era que muy pocas personas lo sabían, podía contarlos incluso con una mano y agradecía mucho que conservaran el secreto.

Cuando por fin tuve el permiso, la indicación del número de sala y el lugar donde estaba el archivo, afirme que podría arreglarme por mi cuenta.

Caminé en la dirección que debía lo más rápido que pude.

El lugar estaba lleno de documentos antiguos y se podía sentir en el aura del lugar.

Estaba luchando por mantener mi respiración en un ritmo regular.

Era mi primera vez en esta biblioteca, pero algo en mi interior me gritaba que eso no era cierto.

No lo entendía, y aun así seguí este instinto salvaje que me obligó a seguir adelante.

Llegué al estante que rezaba en letras grandes y cursivas el nombre Duque de Lis.

Tragué saliva y me acerqué con cuidado. Me detuve justo frente a un cofre en forma de libro que guarda el documento viejo.

Lo tomé y extraje con cuidado un libro de un grosor considerable y forrado en cuero marrón claro.

Memorias Rojas

Leí y me apresuré a revisar una de las primeras páginas escritas a mano.

Estoy seguro que jamás podré olvidar la expresión de su rostro en ese momento. Sus ojos llenos de lágrimas. El dolor, la angustia y el arrepentimiento que se mezclaban en esa mirada. Había tanta sangre y él solo pudo soltar una débil disculpa cuándo era yo, el que debía rogar por su perdón.

Ya no importaba cuántas veces se lo prometí. Al final ni siquiera pude protegerlo.

Mi corazón se hunde cada vez que pienso en eso. Cada vez que me doy cuenta que lo he perdido, que nunca más volveré a recibir una carta suya, que no podré volver a acariciar su rostro, o su cabello rojizo como el atardecer.

¿Es posible que algún día deje de sentir esta soledad, este dolor? Mi querido Lirio Rojo ¿Quién pudo ser tan cruel para arrebatarte de mi lado? ¿Quién se atrevió a tocarte y a tratar tu vida tan preciada, de esa manera? El responsable no tenía alma.

.

Tras esa línea final, cerré el libro de golpe.

Mi corazón latía apresuradamente y tuve que apoyarme, por un momento, en el estante.

Traté de calmarme, respiré lentamente. Guardé el libro en mi bolso y cerré los ojos.

Mi mente iba de prisa, trataba de no perder la razón.

Esto era escalofriante en más de un sentido.

Solo leí unas líneas de lo que parecían los pensamientos personales del propio duque. Sin embargo, lo que más me asustaba era ese apodo escrito en letra tan elegante. Ese apodo que yo conocía desde que tenía once años.

Lirio Rojo

Conseguí calmarme un poco. Este no era momento para enloquecer o para rendirme a los escalofríos que recorrían mi cuerpo.

Abrí los ojos y vi otro archivo, justo al lado del que acababa de tomar.

Recordé que la empleada del mostrador comentó algo sobre archivos en complemento.

Volví a sentir que las piernas me temblaron cuando leí lo que decía.

Memorias de Lirio

Di un paso hacia atrás.

¿Qué demonios era eso?