Amantes de Tinta Brais
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Brais

Apreté el pañuelo contra mi pecho y sentí como sus palabras se clavaban en mi corazón.

No sé cuánto tiempo estuve allí apretujado en el cubículo, pero al oír la puerta de fuera cerrarse, golpeé la del cubículo con impotencia.

Ese recuerdo, esa persona… mi cuerpo temblaba desesperado por una respuesta.

—Oye Brais —dijo alguien entrado en el baño y no fue hasta ese momento, que me di cuenta que lloraba—. Ya me estoy preocupando hombre, llevas treinta minutos aquí. No me digas que te desmayaste.

—Lo siento —balbucí sorbiendo mi la nariz, podía sentir que Javier estaba incómodo.

—Abre ahora —exclamó y yo obedecí. Él me vio y suspiró—. No sé qué rayos te pasa, pero mejor ve a casa.

—No… —me lanzó una gélida mirada y sentí el regaño en sus ojos, así que solo bajé la cabeza obedientemente.

Salí del baño y agradecí que el depósito estuviera prácticamente al lado, así que los clientes no me verían mucho.

Me cambié, pero parte de mi cabello seguía cubierto de mocca.

Como ya llevaba ropa normal, fui nuevamente al baño a tratar de limpiar mi desastre.

La puerta se abrió y unos cuantos clientes entraron.

Supongo que debía verse raro que tuviera mi cabeza en el lavabo, porque me observaban con desconfianza.

Luego de lograr quedar lo más presentable posible, abrí la puerta del baño.

Vi a Bruno apoyado en una de las paredes, no podía ver muy bien con quien hablaba, ya que la pared que escondía los baños me tapaba la visión.

Sin embargo, vi perfectamente como la persona misteriosa lo sujetaba del cuello y lo acercaba a él.

Por la impresión, me volteé y quise meterme al baño, pero la puerta se cerró haciendo bastante ruido.

—Brais —exclamó Bruno y me volví con preocupación—. ¿Estás bien? Javier me contó lo que pasó.

Él actuaba como si nada, pero mi rostro era demasiado obvio. Pude ver cómo se tensó y abrió muchos los ojos. No sé qué era más incómodo. Su obvia vergüenza o la mía por descubrir algo comprometedor. Bueno, yo no era nadie para juzgarlo. Digo, soy gay.

—Maldito, puedo entender tus expresiones. No te hagas ideas equivocadas —frunció el ceño y solo asentí.

—Vamos por alcohol, creo que ya he tenido suficientes subidones emocionales por hoy —exclamé.

—Sí, creo que el alcohol es una buena idea —Bruno me tomó del brazo y salimos.

Fuimos hasta un bar que estaba cerca de nuestra residencia, ya que probablemente nos arrastraríamos después de tanto alcohol.

El problema era que yo no solía ser muy hablador.

Bruno era el principal catalizador de pláticas, pero si él estaba apenado, era muy difícil conversar.

De esa forma terminamos bebiendo sin parar por un buen rato.

Ya me sentía algo mareado cuando mi amigo abrió al fin su boca.

—Maldita sea imbécil, qué fue lo que viste —dijo frunciendo el ceño—. No solo te quedes allí haciéndote ideas extrañas.

—Bu…bueno no sé quién o cómo, pero sé que te besaste en el depósito —balbucí algo intimidado—. No sabía que te gustaba alguien de mi trabajo.

—¿Seguro qué no viste quién era? —preguntó y yo traté de recordar, podía deducir que era un hombre, ya que Bruno miraba hacia arriba y en mi trabajo todas las mujeres eran bajas.

—Es un chico… pero no creo que eso sea importante.

—Entonces por qué mierda huiste por la derecha, imbécil —gritó Bruno mientras golpeaba la mesa.

—¿Qué carajos quieres que haga? No te iba a interrumpir y tampoco me iba a quedar mirando —empezaba a enojarme—.

¿Sabes? me tienes harto. Hiciste mi vida un desastre hoy, por ese estúpido evento.

Soy yo quien está molesto. Luego, te agarro besuqueándote con un compañero de trabajo ¿Tienes idea de lo incómodas que suelen ser tus ex novias?

Empecé a soltar una verborrea de palabras y cosas, en algún punto hasta terminé diciéndole lo mucho que odiaba el pepino en la ensalada. Él se hartó, empujó un trozo de pan en mi boca y me atraganté. Tuve que calmarme y masticar un rato.

—Cállate, Dios Santo. Te pones hablador cuando estas ebrio —hice un mohín—. No entiendo lo que estás diciendo, mucho menos lo de la conferencia. Era solo un idol y ya. Con respecto a lo que viste, olvídalo.

—Para ti es fácil decirlo —tragué el pan—. Tu no entenderías cuán desesperadamente he buscado a una persona, qué en realidad no creo que sea él y ahora… Me vio en la tienda, y terminé bañado en mocca blanco… —Bruno escupió el trago de cerveza y tosió por un rato.

—¿Me estás diciendo que Lio Zhan estuvo en la tienda? —Él abrió mucho los ojos—. Está bien, eso es muchísimo más humillante.

—No quiero hablar de mis problemas. Mejor hablemos de tu homosexualidad reprimida —dije, ofendido de que me hiciera recordarlo.

—Oye, cómo que homosexual —me dio una patada por debajo de la mesa—. Un poco más de respeto ¿No qué uno puede sentir curiosidad?

— Y qué tal ¿Te gustó? —abrió los ojos.

—No lo sé —se bebió su trago de golpe.

Bebimos hasta bien entrada la noche, por lo que tuvimos que sujetarnos entre nosotros mismos para no terminar en el suelo.

No sé por qué decíamos que los pomatos serían brutales de cosechar, pero una especie de alegría me invadió.

En mi otra vida siempre me sentí solo contra el mundo.

Nunca entendí los gustos de otros por salir con amigos.

—Gràcies per ser el meu amic —dije mirando a Bruno y él se rio.

—Hijo de puta, no hables en catalán que no entiendo —me miró por un momento—. Aunque creo que me llamaste amigo.

—Gracias por ser mi amigo —esta vez sí lo dije en español.

…

Mi cabeza me estaba matando a la mañana siguiente.

Quería que me tragara la tierra por haber debido tanto cuando justo hoy, tenía que ir a la biblioteca para seguir mi investigación.

Bruno ya estaba despierto y para mi sorpresa, estaba como si nada hubiera pasado.

Mis ganas de vomitar eran más grandes que mi curiosidad por saber que estaba planeando, así que fui corriendo al baño.

Luego de dejar mis entrañas, busqué algo de agua y unas aspirinas.

—¿Cómo mierdas te ves bien, tan temprano?

—A diferencia de ti, tomo mucha agua cuando bebo, por lo que evito la resaca —dijo mientras se aplicaba un polvo raro en la cara—. No me esperes hoy. Me iré por unos días.

—¿Una convención de anime en enero? ¿Necesitas que tome apuntes por ti? —Pregunté buscando que ponerme.

—No es necesario —exclamó—. Ya me encargo yo.

Aun trataba de quitarme el sueño, pero debía admitir que el cosplay de Bruno estaba bien hecho.

La tela era de buena calidad y cada línea, y pliegue en su cuerpo, parecía hecho a la medida.

Casi no había diferencia entre la peluca y su cabello real.

Solo pude aplaudir al ver su traje terminado.

Era la viva imagen de un Ciel Phantomhive, incluso con los lentes de contacto.

Dado que su cuerpo no era musculoso, podía disimular a la perfección cualquier detalle que lo hiciera ver mayor.

—El mejor Ciel que he visto.

—Gracias, me esforcé mucho —dijo él con una sonrisa—. Me voy, nos vemos después.

—Oye —se detuvo un momento—. Qué te vaya bien en tu cita.

—Vete a la mierda —a pesar de que el maquillaje cubría su piel, sabía que conseguí hacerlo sonrojar.

Desayuné algo rápido y me fui corriendo a la biblioteca.

Aún me sentía un poco mal cuando llegué, pero lo disimulé bien.

Había obtenido permiso como estudiante de tercer año de historia, para verificar documentos antiguos, y este era el siguiente paso.

En realidad, por eso había escogido esta carrera.

Sentí que era la única manera de averiguar cosas del pasado.

Necesitaba saber que paso en esa época, pero un miedo me paralizaba cada vez que llegaba el momento de la verdad.