Lio
Aunque la conferencia estuvo a punto de salirse de control, una moderadora se encargó de seleccionar una tanda de preguntas. La primera me dejó impresionado. El resto eran preguntas exclusivamente de mi trabajo, algo que ya me esperaba.
Me fijé en el que se atrevió a hacer la pregunta acordé con la conferencia.
Resaltaba entre la multitud. Llevaba un gorro con orejas de gato, que cubría su cabello rubio y usaba ropa algo holgada.
Se encontraba alrededor de la fila número cinco y lo que más llamó mi atención, fue otro chico a su lado, quien parecía querer volverse uno con su asiento.
Era difícil distinguir al joven que se escondía cada vez más. Ni siquiera caí en cuenta que mi ceño se había fruncido, intentando de alguna forma, ver quién era esa persona. Simplemente, todo se detuvo por un momento.
—¿Joven Lio? —Escuché como alguien carraspeó a mi lado—. Ya puede responder, joven Lio. —Abrí los ojos por la impresión y tras disculparme, alboroté un poco mi cabello, para así hablar.
—La verdad es que sí. Creo que el primer impacto fuerte fue en Corea.
Estaba solo y en un país donde ni siquiera sabía lo básico del idioma.
No fue la mejor decisión del momento. Solo era un chico de quince que se había enamorado del baile, por una batalla de Street dance que vi en las calles de Londres.
Quería bailar, quería aprender, así que secretamente me presenté en un concurso donde al final, conseguí un cupo para estudiar baile profesional.
En ese momento, no parecía un obstáculo no tener ni idea de cómo decir: Hola, mi nombre es Lío; en coreano.
Solo me lancé, a pesar de las advertencias de mis padres.
Las primeras dos semanas fui el extranjero que solo hablaba inglés.
Luego me di cuenta que tenía dos opciones.
La primera, irme de ahí. Dejar las cosas así y regresar a mi vida.
Siempre sería el hijo de dos figuras importantes de la música clásica, a nivel internacional.
La segunda, demostrar que mi entrega, disciplina y pasión eran mi mejor carta de presentación, y mis pasos, el único lenguaje que necesitaba —en mis labios, se escurrió una sonrisa irónica, a lo qué me encogí de hombros.
—Pasé un mes entero en donde ni siquiera sabía cómo comprar comida.
A nadie le importaba. Era un extraño que llegó a ese país, sin saber nada de él.
Sin embargo, cuando se trataba de la música o las vibraciones, entendía hasta la última clave, nota o compás.
Por supuesto, traté de aprender un poco del idioma por videos en internet, e incluso viendo K-dramas por las noches.
—No podía creer que estuviera hablando de detalles, que nunca había mencionado de mi vida.
—Me tomó alrededor de otro mes, poder hablar y manejar con facilidad algunos términos básicos que conseguía confundir.
No tenía tiempo para ir a una academia de idiomas; debía estar todo el día aprendiendo técnicas y bailes para estar al día.
Fue un momento de mi vida en donde bajé la cabeza y luego, al observar mi progreso, gané algunos amigos que me ayudaron a integrarme y me explicaron otras cosas del país, de las que no tenía la menor idea.
Cuando me tocó debutar, la empresa que me seleccionó, formó un grupo donde había chicos, tanto coreanos como chinos.
Las giras comenzaron por toda Asía, e incluso ahí tuve que pasar por uno que otro momento incómodo.
La mayoría en torno a cosas que ni siquiera tenían que ver conmigo, sino a que mi madre se casó con un extranjero ¿Cómo se puede encontrar una respuesta al porqué te enamoras de alguien?
A veces solo lo haces y en ese momento, ni siquiera importa en qué país naciste.
Tras una sonrisa y otro encogimiento de hombros, seguí con el resto de las preguntas.
Declaré que, antes de venir aquí, acababa de terminar de grabar el último capítulo de Battles For Dancing II, y gracias a la premura con la que llegué al evento, no había nada programado después de la conferencia.
Sin embargo, podría hablar con mi manager y ver si podía hacer algo al respecto.
Luego de otra ronda de preguntas, la conferencia dio por terminada y tras despedirme con una inclinación, seguía a los otros invitados para salir por una puerta que daba justo al lado del auditorio.
Ya afuera, los tres conversamos por un momento, hasta que mi niñera volvió por mí.
Me despedí y fui a ver a Fabián, que estaba de brazos cruzados.
—¿De verdad lo hiciste? ¿De verdad dijiste que verías si podíamos hacer una firma de autógrafos? ¿Estás bromeando? ¿No dijiste que querías descansar? —Él estaba enojado; solo pude sonreír, mientras guardaba mis manos en los bolsillos de mi pantalón.
—Puedo descansar unos días. Además, las firmas de autógrafos no son trabajo como tal, es divertido —estaba seguro que Fabián intentaría refutar, pero me encogí de hombros y comencé a caminar—. ¿Por qué no vamos a comer algo? De repente me siento muy hambriento ¿O prefieres cocinar algo para mí?
En un segundo, el rubio ya se encontraba caminando a mi lado.