Amantes de Tinta Brais
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Brais

Bruno parecía bastante emocionado. Tanto que me obligó a estar dos horas antes en el evento.

No entendía por qué había tanta gente solo para una conferencia, así que me dediqué a hablar con mis compañeros sobre la fecha de entrega, del último trabajo de concentración.

O eso intenté, hasta que el tirón de mi amigo, me hizo darme cuenta, que teníamos que correr.

No entendía muy bien el por qué, pero no quería quedarme atrás.

De algún modo logramos quedar en un lugar decente y yo terminé sobándome la mejilla, gracias a que una chica loca me dio un codazo en la cara, para estar más adelante.

Era sorprendente lo animal que se podía volver la gente.

—Te dije que sería emocionante —Bruno intentaba asegurarse que su cabeza estuviera bien. No me pude fijar qué altercado sufrió, pero juraría que la chica que teníamos atrás, le había tirado del cabello.

—Si no estuviéramos en la universidad, juraría que estamos en un concierto de Gemeliers —dije molesto—. ¿Qué clase de fanatismo loco es este? ¿Quién se supone que es tan importante, para que las chicas se pongan así? Solo falta que empiecen a arrojar sus bragas.

Bruno soltó una risa fuerte y me sonrió.

—Tú sabes que soy la mata de la heterosexualidad, pero créeme, cuando veas a este chico hasta a ti se te bajaran los calzones —soltó, y volví los ojos dudando mucho.

—Seguro es uno de tus chinos locos —exclamé molesto.

Tomé mi celular y busqué el programa, a ver si lograba adivinar quienes serían los expositores.

—Soy fanático del k—pop, Brais. Me gustan los coreanos, no los chinos, pero este si es chino —repuso con una sonrisa.

Estuvimos al menos una hora más en espera, hasta que al fin se presentaron los expositores.

En lo que leí, se trataba de un escritor suizo, criado en España y un actor británico, que también era multicultural por los lugares donde ha vivido.

Sin embargo, no veía al tercer invitado mencionado.

Me sentía algo aburrido, así que no presté mucha atención a la charla.

Veía Instagram justo cuando un codazo me hizo levantar la cabeza; le fruncí el ceño a Bruno.

Su cara de emoción era todo lo que necesitaba para saber que al fin llegó el famoso desconocido.

Tal vez fue fastidio, o que justo estaba leyendo algo sobre mi escritor favorito, pero solo le dediqué una mirada rápida al chico de cabello azul, quien miraba su celular.

Ergo, regresé mi atención al teléfono, sin dedicarle más tiempo.

A pesar de mi disperso interés, la conferencia era interesante, pero los exponentes no parecían tener el carisma necesario, para mantener la atención del público por mucho tiempo.

Aun así, sus vidas parecían sustanciosas y entretenidas.

Cuando llegó el turno de la obsesión de Bruno, levanté el rostro solo unos segundos y me quedé de piedra al verlo más detalladamente.

Su tez era clara, sus cejas pobladas y a pesar de tener los ojos un poco rasgados, podía notarse el atractivo occidental en sus rasgos.

Su cabello negro con destellos azules resaltaba y sus labios carnosos y rojos, hicieron que mi corazón se detuviera por un momento.

—¿Oye, estás bien? —La pregunta de Bruno hizo que lograra recomponerme de la sorpresa, y me diera cuenta que estaba clavando mis uñas en el apoyabrazos, con demasiada fuerza—. Te dije que era atractivo.

No respondí, mi corazón parecía estar a punto de sufrir un paro cardiaco por la impresión de verlo.

Era muy distinto, podía notarlo. Los rasgos, la voz, los gestos, su desenvoltura.

Sentí por primera vez, el impulso animal de correr y lanzarme a sus brazos.

Comprendí la desesperación de todos por venir y verlo. No era solo atractivo, era algo más.

Para cuando me di cuenta de las risas, había perdido media charla.

Me obligué a escuchar realmente lo que decía, pero mi mente seguía funcionando deprisa.

El dolor en mi pecho hizo que cerrara los ojos por un momento, y apartara la mirada.

Bruno se levantó con una sonrisa grande y sentí la mirada de todos fijamente en él.

Por un momento pensé que me daría un ataque de pánico y me encogí en mi asiento, tratando de hacerme invisible, mientras mis mejillas se cubrían por un rubor intenso.

—¿Cómo fue el impacto cultural a nivel de costumbres?

Entiendo que se crio en un ambiente multicultural, pero si bien estaba acostumbrado a la mezcla, está muy claro que Corea y China son países bastante tradicionalistas, y pueden ver el cambio cultural como una ofensa ¿Tuvo algún momento incómodo que llegase a ser impactante, y en todo caso,

cómo pudo sobrellevarlo?

La pregunta de Bruno estuvo tan en el nivel de la situación, que por un momento me pregunté si era verdaderamente mi amigo.

Otras chicas hicieron sus preguntas, pero iban más relacionadas a una especie de programa de baile, o si luego de la conferencia, habría una firma de autógrafos.

Tragué grueso y volví a observar disimuladamente a ese chico peli azul, que se encontraba en el estrado, sintiendo como algo en mi corazón dolía.

—Te dije que provocaba comerle el nabo solo con verlo —me susurró Bruno al sentarse y le clavé un codazo en las costillas.

—Eres un hijo de puta —estaba tratando de controlar las ganas de saltar a los brazos de ese hombre, y la risa de Bruno no se hizo esperar.

—Déjame disfrutar este momento. Es el primer hombre, además de tu autorcito, por el que te veo babear de verdad —yo solo pude susurrar, de nuevo, que era un hijo de puta.