Amanecer en Montana (Amor bajo el cielo del oeste nº 1) Capítulo 18
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Capítulo 18

Blue Valley Ranch

—Y exhala —animó Leah con suavidad, guiando al grupo en la postura final. La sala estaba llena de participantes que intentaban quitarse de encima los excesos de la noche anterior. El sol matutino entraba por la ventana y bañaba el espacio con un cálido resplandor dorado.

El baile había sido un gran éxito, y la clase de esa mañana estaba a tope, con varios residentes de Seeley Lake que habían decidido probarla. Su compromiso resultaba impresionante teniendo en cuenta que la clase empezaba a las siete de la mañana.

Incluso Leah estaba agotada y desorientada tras la noche anterior, pero el yoga siempre la centraba como nada más podía hacerlo.

A medida que la sala se vaciaba, varias personas se detuvieron a preguntar dónde podían consultar su horario habitual.

Pero como sus clases de yoga solo estaban disponibles en período de prueba, no se había creado un calendario oficial aparte de los horarios que resultaran convenientes para los huéspedes del rancho.

Quizá debería hablar con Martha sobre algo un poco más permanente para el resto de mi tiempo aquí.

Se movió despacio por la sala mientras recogía.

El resto de mi tiempo aquí... Un dolor agudo le atravesó el pecho.

—¿Disculpe, señorita Roman? —La voz profunda la arrancó de sus oscuros pensamientos, y Leah giró la cabeza bruscamente. El ranchero tejano que la noche anterior le había preguntado por sus planes futuros estaba en el umbral, con el sombrero en las manos.

—Sí —contestó ella—. ¿Puedo ayudarlo?

—Bueno, señorita —dijo él, dando vueltas al sombrero entre las manos—. Me gustaría hablar con usted si no está ocupada.

—Por supuesto —respondió con curiosidad—. Ya casi he terminado aquí. Deme un minuto y me reúno con usted allí. —Señaló hacia el bar.

Él asintió y se dirigió hacia una mesa en la esquina.

Leah guardó los últimos accesorios y pasó la mopa por el suelo, luego se dirigió hacia el bar.

El ranchero se puso de pie y le tendió la mano a modo de saludo mientras ella se acercaba.

—Me llamo Burt Freeman, señorita, y tengo un rancho cerca de Austin.

—Hola, señor Freeman. Soy Leah Roman. —Le estrechó la mano y sonrió al vaquero de buenos modales—. ¿Qué puedo hacer por usted?

—Bueno, Leah —dijo arrastrando las palabras—, anoche, cuando le pregunté por sus planes para después de la temporada, usted me dijo que aún no tenía ninguno. ¿Me equivoco?

Leah asintió, preguntándose adónde quería ir a parar.

—Mi familia dirige un rancho turístico, de tamaño similar a este. —Señaló hacia la casa principal—. Solo que nosotros operamos casi todo el año y tenemos más cabezas de ganado y más caballos.

Hizo una pausa.

—Después de la recesión, nos ha costado llenar las reservas. Y no tenemos a nadie que sepa manejar todo el tema de internet.

El corazón de Leah empezó a latirle con fuerza mientras escuchaba.

—Bueno, señorita —dijo—. Me preguntaba si le interesaría unirse a nuestro rancho cuando termine su contrato con Blue Valley. Vendría a hacer lo mismo que hace aquí, solo que sería un puesto fijo de todo el año.

Leah arqueó las cejas, sorprendida.

—¿Me está ofreciendo trabajo? —preguntó. Era lo último que esperaba.

—Sí, señorita, así es. —La miró con detenimiento—. Conozco a la familia Hunter desde hace mucho tiempo. Alan y Martha son buena gente, y llevan más de un mes hablando maravillas de usted. Su opinión significa mucho para mí, y creo que encajaría muy bien en nuestro rancho.

Leah exhaló despacio, dándose cuenta de que había estado conteniendo el aliento.

—Es toda una oferta, señor Freeman.

Él hizo un gesto con la mano, quitándole importancia.

—Por favor, llámeme Burt.

—De acuerdo, Burt —respondió ella—. ¿En qué consistiría exactamente el puesto? ¿Y qué incluye?

—Bueno, necesitamos a alguien que lleve la oficina, que nos arregle la página web —y le advierto que nadie la ha tocado en años— y que después promocione el rancho. Supongo que aquí hace lo mismo, ¿no?

Leah asintió.

—Sí, todo eso y algo más. También les llevo las redes sociales.

Burt gruñó y puso cara de fastidio.

—Sí, eso también nos hace falta. Pero nadie tiene tiempo para andar con esas tonterías.

Leah se rio.

—Entiendo sus dudas sobre las redes sociales, pero son una forma estupenda de llegar a la gente.

—Sí, bueno, necesitamos a alguien que nos eche una mano, eso seguro —suspiró, negando con la cabeza, y continuó—: El puesto paga sesenta y cinco mil dólares al año, con alojamiento y comida incluidos. —Se detuvo y la miró con seriedad—. ¿Le interesaría?

Era una oferta fantástica. Estaría loca si no la consideraba, dado que después de la temporada volvería a ir de un lado para otro.

La idea de dejar el rancho Blue Valley y a Lucas le revolvió el estómago, pero los Hunter no habían mencionado nada de que se quedara después de la temporada.

Y Lucas... por lo que ella sabía, él solo estaba interesado en una aventura de verano.

Respiró hondo y le sostuvo la mirada esperanzada.

—Sí, me interesa. Tenía pensado hacer un viaje largo por carretera después de la temporada, pero trabajos como este no surgen todos los días. ¿Puedo pensármelo unos días?

Él sonrió y se puso de pie.

—Por supuesto que puede. Aquí tiene mi número.

—Deslizó una tarjeta de visita sobre la mesa: Rancho Lazy Fork—.

Y no dude en preguntarles a Alan y Martha por nuestro rancho.

Ellos responderán por nosotros. Llámeme cuando esté lista para hablar.

Que tenga un buen día, Leah. —Se tocó el ala del sombrero y salió.

Leah se quedó mirando la pared, boquiabierta y atónita. Así fue como la encontró Rachel varios minutos después.

—Chica, tienes que salir a ver lo que está haciendo Hannah. ¡Lucas la tiene haciendo carreras de barriles, y se le da genial!

Leah no respondió, siguió mirando al vacío.

Unos dedos chasquearon frente a su cara.

—¿Hola? ¿Leah? —Rachel le agitó una mano delante de los ojos, frunciendo el ceño con preocupación—. ¿Estás bien?

Leah parpadeó.

—Sí.

Rachel le agarró la mano.

—¿Qué te pasa? Estás blanca como el papel y parece que te vas a desmayar.

Leah negó con la cabeza, incapaz de expresar lo que pensaba o sentía.

—¿Qué? —El tono de Rachel se había vuelto impaciente—. Leah, ¿qué pasa? Chica, ¿estás embarazada?

—¿Qué? —chilló Leah—. ¡No! ¿Qué demonios te hace pensar eso?

—Bueno, estás muy pálida y parece que vas a vomitar... y últimamente no paras de darte el lote... así que...

Leah se rio de su mejor amiga.

—Estás loca.

—Entonces, si no es eso, ¿qué pasa?

—Ese tipo con el que te cruzaste al entrar... —empezó Leah.

—¿Sí?

—Acaba de ofrecerme un trabajo en su rancho en Austin, haciendo lo mismo que hago aquí, pero todo el año... un puesto fijo.

Rachel se sentó a su lado, atónita.

—Vaya...

Leah asintió.

—Sí, vaya.

—¿Qué vas a hacer?

—No lo sé... —Leah respiró hondo—. Odio la idea de irme de aquí... de dejar a Lucas. —Negó con la cabeza, con el rostro descompuesto—. Pero termino aquí en un par de meses. Estaría loca si no lo aceptara.

—Espera un momento —la detuvo Rachel—. ¿Qué pasa con el viaje por carretera que estabas planeando?

Leah se encogió de hombros sin ganas.

—Me ha costado mucho planificarlo. La idea de estar sola en la carretera ya no me atrae tanto como antes.

Rachel asintió.

—Vale, lo entiendo. Pero ¿por qué tienes que irte en septiembre?

Leah resopló.

—Soy empleada de temporada, Rachel —afirmó—. No han dicho nada de quedarse conmigo más tiempo. De hecho —soltó una risa algo histérica—, últimamente me han recordado varias veces que esto es solo un trabajo temporal.

Exhaló, completamente abatida y conteniendo las ganas de llorar.

—¿Y qué dice Lucas de todo esto?

—Que yo sepa, no lo sabe. El Sr. Freeman me lo acaba de soltar justo antes de que entraras.

—Bueno, vas a hablar con él, ¿verdad? —La voz de Rachel sonaba suplicante.

Leah volvió a encogerse de hombros, con movimientos robóticos.

—No lo sé. —Bajó la mirada al suelo—. Él tampoco ha dicho nada de que me quede.

—Espera... vamos a ir más despacio —instó Rachel, levantando las manos en un gesto tranquilizador—. Tienes que hablar con él antes de tomar una decisión. —La miraba con los ojos llenos de preocupación—. Prométemelo, Leah. Prométeme que se lo dirás.

Leah asintió sin fuerzas.

—Sí, se lo diré. —Levantó la mirada hacia Rachel, con los ojos llenos de pánico—. Pero ¿y si me dice que lo acepte, que me vaya? Me muero, Rachel.

—¿Lo quieres, Leah?

—Sí —respondió Leah—. Estoy loca por él.

Una sonrisa felina se dibujó en el rostro de Rachel.

—Bueno, entonces no nos adelantemos, ¿vale?

Se levantó y atrajo a Leah para darle un largo abrazo, acariciándole la espalda de arriba abajo.

—Todo va a salir bien. Ya lo verás.

Rachel se apartó y la sujetó por los hombros.

—Míralo de esta manera... si te dice que aceptes la oferta, tendrás otra gran oportunidad en una ciudad genial.

He oído que Austin es fantástica. —Le sonrió con dulzura—.

Y si te ruega que te quedes, estarás en un lugar estupendo con un hombre de montaña guapísimo y una familia fantástica.

Como lo veo yo, sales ganando de cualquier manera.

Los ojos de Leah brillaron con una esperanza cautelosa.

—¿Crees que me pedirá que me quede?

—Creo que tienes bastantes posibilidades. Más que la mayoría.

Leah asintió, con el temor aún oprimiéndole el pecho.

—Hablaré con él esta noche.

—¡Esa es mi chica! —Rachel levantó el puño en el aire y le agarró la mano, tirando de ella hacia la puerta—. Venga, tienes que ver esto. ¡Hannah está arrasando!

* * *

—Has estado muy callada toda la noche, cariño —murmuró Lucas—. ¿Todo bien?

Leah asintió distraída.

—Sí. —Le dedicó una sonrisa radiante, aunque falsa. No lo engañaba ni por asomo. Había estado rara desde el baile y él estaba decidido a averiguar qué le pasaba.

La observó atentamente mientras se dirigían a la cabaña.

—¿Quedaste contenta con el baile? Sé que te esforzaste mucho.

—Ajá —respondió, todavía distante—. Solo espero que tus padres hayan quedado contentos.

Lucas resopló.

—Ha sido la mejor fiesta que ha organizado el rancho. Estaban encantados.

Ella no respondió, siguió caminando arrastrando los pies.

Caminaron unos metros más antes de que él la detuviera, poniéndole las manos en los hombros y obligándola a mirarlo.

—Leah, cariño… dime qué pasa. ¿Es algo que dije o hice?

Ella soltó un suspiro triste y pareció replegarse sobre sí misma, armándose de valor.

—Hay algo que necesito decirte.

—¿Sí?

La escrutó con la mirada, intentando descifrar qué ocurría, mientras la preocupación se apoderaba de él.

—¿Qué pasa, cariño?

Ella se apartó ligeramente y se enroscó el cabello con los dedos. Su nerviosismo era palpable.

—¿Recuerdas ese grupo de personas al que me presentaste en la fiesta? ¿Hacia el final de la velada?

—Sí. ¿Qué pasa con ellos?

—Bueno, el Sr. Freeman, el ganadero mayor, ¿lo recuerdas?

Lucas asintió mientras una sensación de temor le atenazaba el estómago.

—Sí, conozco a Burt. Su familia tiene un rancho en Texas.

—Ese mismo.

Leah respiró hondo, como si necesitara reunir más valor.

—Bueno, me abordó después de la clase de esta mañana y me ofreció un trabajo haciendo exactamente lo que hago aquí, pero de forma permanente.

Se le cortó la respiración y todo su cuerpo se tensó presa del pánico.

«¡Maldito Burt y su maldita oportunidad!»

—¿Y qué piensas hacer, cariño?

Tenía miedo de escuchar su respuesta.

Ella lo miraba con los ojos muy abiertos, llenos de lágrimas contenidas, aterrada y esperanzada a la vez.

—Bueno, me encantaría quedarme aquí…

Hizo una pausa, escrutando su rostro en busca de una respuesta.

—Pero sé que el rancho no me necesitará después de la temporada. Así que sería una locura no aceptarlo.

Lucas solo pudo asentir, con la mente en blanco… No podía perderla ahora que estaba tan cerca.

«Necesito hablar con Rachel… ahora».

Cuando se acercaron a la cabaña, Leah se subió al escalón del porche y se volvió hacia él.

—Lucas, ¿qué estás pensando?

Su voz sonaba tímida y preocupada.

Él se apartó de ella, con el rostro tenso.

—Lo siento, cariño. Olvidé algo en la casa. Vuelvo en un minuto.

Se inclinó para darle un beso ligero y luego se alejó, corriendo hacia la casa principal.

* * *

Leah lo observó abatida mientras él corría colina abajo.

«Bueno, supongo que esa es mi respuesta».

Un sollozo entrecortado escapó de sus labios mientras entraba, con el estómago hecho un nudo.

Lo que necesitaba ahora era un baño caliente y una copa de vino, en ese orden.

Mientras abría el grifo de la bañera, respiró hondo para darse ánimos, tratando de centrarse.

«Sabías cómo acabaría esto cuando viniste aquí. Solo que no esperaba enamorarme… Quiero decir, ¿quién podría haber previsto a alguien como Lucas?»

Con el corazón destrozado, se sentó en la tapa del váter y observó cómo el agua humeante llenaba la bañera mientras las lágrimas le resbalaban por el rostro.

* * *

Lucas subió las escaleras de dos en dos, pasando junto a su madre a toda velocidad.

—Lucas, ¿qué demonios…?

No respondió, solo siguió por el pasillo hacia los dormitorios. Aporreó la puerta de la última habitación, con el pulso y la respiración acelerados.

Hannah abrió la puerta, con los ojos muy abiertos por la confusión.

—¿Está Rachel aquí?

—preguntó él, respirando con dificultad, tratando de controlar su pánico.

Ella asintió y abrió más la puerta, haciéndole un gesto para que entrara.

—¿Pasa algo malo?

—Todo está bien, pequeña. Solo necesito hablar con las dos.

Miró a Rachel, que estaba de pie en la puerta del baño con una expresión perpleja en el rostro.

—Es una emergencia.