Capítulo 16 #2
—No sé qué le echan al agua, pero los tíos de aquí están BUENÍSIMOS.
Leah asintió.
—Ya te digo.
Rachel se puso seria.
—No sé, es que no me parece bien tener un rollo aquí. Esta gente es como tu familia... y si Lucas tiene dos dedos de frente, lo hará oficial.
Se encogió de hombros y suspiró.
—Además, Zach me gusta mucho y cualquier cosa entre nosotros solo podría ser algo pasajero.
Hannah silbó. —¡Vaya! Nunca pensé que llegaría este momento.
—Yo tampoco —respondió Leah—. Pero sé cómo te sientes. Me enamoré de Lucas el primer día que lo conocí. —Hizo una pausa, pensativa—. Bueno, en realidad fue el segundo día. El primero, solo pensé que era un montañés loco y maloliente.
Sonrió, recordando la noche de su llegada.
—Tendrías que haberlo visto. Acababa de volver de un viaje de pesca y todavía no se había duchado, así que olía a pescado y a sudor.
Tenía el pelo tan largo como el tuyo, Hannah.
—Se enmarcó el rostro con las manos—. Llevaba una barba enorme y tupida, y lo único que hizo fue quedarse mirándome... sin decir ni una palabra.
Leah respiró hondo y suspiró. —A la mañana siguiente apareció en la oficina y no tenía ni idea de quién era. Llevaba la barba arreglada, el pelo cortado, y allí plantado parecía un dios griego.
Rachel sonrió. —Vaya primer día de trabajo más divertido.
—Y que lo digas —respondió Leah—. Me enseñó el rancho y después me acompañó a pie hasta lo alto de la cresta. —Sonrió al recordarlo—. Aprovechaba cualquier ocasión para tocarme, y yo encantada. —Miró hacia otro lado y añadió encogiéndose de hombros—: Estaba acabada... perdida.
—Bueno, ¿has pensado en preguntárselo directamente? —preguntó Rachel con dulzura.
La franqueza de Rachel pilló desprevenida a Leah. —¿Eh?
—Preguntarle si quiere que te quedes.
Leah negó con la cabeza. —No puedo hacer eso. Solo de pensarlo me dan ganas de vomitar.
—Chica, ¿qué tienes que perder? —Rachel alzó las manos, exasperada—. Lo quieres, ¿verdad?
—Bueno, sí. —Se le crispó el rostro de ansiedad—. Pero ¿y si dice que solo quiere que seamos amigos?
Rachel volvió a encogerse de hombros. —Pues te vas al acabar la temporada. Pero tendrás que hacerlo de todos modos si no preguntas.
—Tiene razón, mamá —añadió Hannah—. Y no creo que solo quiera ser tu amigo.
Solo pensar en sacar el tema con Lucas hizo que se le encogiera el estómago y se le disparara el pulso.
«Tiene que haber otra manera»...
* * *
Lucas entró en la cocina con la última tanda de la compra. —Creo que esto es lo último.
Su madre miró por encima del hombro y señaló hacia el mostrador del fondo. —Ponlo ahí con las otras cajas, cariño.
Apartó varias para hacer sitio y dejó la caja con cuidado. —¿Hay algo más que tengamos que hacer para el sábado?
Se encogió de hombros y sonrió. —Eso tendrás que consultarlo con Leah. Se ha hecho cargo de todo —respondió—. Pero creo que las oí a ella y a Rachel decir que estamos listos.
Lucas gruñó. —Sí, desde luego lo tienen todo controlado. Me alegro de que pudieras conseguirles cita en el spa.
Martha asintió. —Yo también. Leah ha puesto esto en orden en menos de tres meses. Se merece un descanso.
Sonrió, pensando en todos los cambios que había hecho, incluso en el día a día. —Bueno, si eso es todo, voy a unirme a los chicos en el patio. —Se dio la vuelta y habló por encima del hombro—: Están a punto de empezar un concurso de tiro que voy a ganar.
—Lucas, espera. —Su voz sonó aguda y preocupada.
Se detuvo y la miró por encima del hombro con expresión interrogante, frunciendo el ceño.
—¿Qué vas a hacer con Leah?
Se volvió del todo. —¿Qué quieres decir? ¿Qué tengo que hacer con ella?
Frunció el ceño ante su respuesta despreocupada. —No te hagas el tonto conmigo, muchacho. Su contrato acaba en un par de meses. —Martha lo miró fijamente—. ¿Vas a dejar que se vaya sin más?
Se le encogió el estómago. Ese mismo pensamiento le había estado rondando la cabeza durante las últimas semanas, pero no sabía cómo resolverlo.
—Está rehaciendo su vida y quiere viajar cuando acabe este trabajo —respondió con voz apagada, con la mirada en el suelo—. No sé si siquiera quiere quedarse. —Levantó la vista—. Pero quiero convencerla.
Martha suspiró. —Tu padre y yo hablamos de ello anoche.
—Hizo una pausa hasta que él la miró a los ojos—.
Ya ha marcado una gran diferencia en nuestra forma de trabajar.
Ahora recibimos solicitudes de rehabilitación cada semana, y tenemos reservas completas para el resto de la temporada con huéspedes que pagan el precio íntegro.
—Negó con la cabeza, asombrada—. Nunca habíamos visto nada igual.
Lucas asintió; él mismo había notado la diferencia. Miró a su madre mientras la esperanza le florecía en el pecho. —¿Qué estás pensando?
—Nos gustaría que se quedara —respondió—. De forma permanente.
Su mente dio vueltas a las posibilidades mientras la determinación tomaba forma. —Entonces tengo que hacer planes...
—Creo que todos tenemos que hacerlo, cariño. —Su madre parecía decidida.
De repente supo lo que haría, y exactamente con quién tenía que hablar.