Capítulo 16
Blue Valley Ranch
—Respiremos profundamente una vez más, exhalando todo el aire viciado, con los brazos abriendo el espacio del corazón. —Leah observaba atentamente cómo sus estudiantes la seguían. La sala estaba llena, con Rachel y Hannah en la primera fila y doce veteranos repartidos por el espacio.
—Seguid respirando mientras pasamos a la postura del niño —sugirió al grupo—. Dejad que el cuerpo se relaje y masajead suavemente la frente sobre la esterilla.
Observó cómo sus estudiantes movían la frente de un lado a otro sobre las esterillas.
—Sentaos erguidos y girad las piernas —los animó—, dejándoos caer de espaldas en la postura de descanso final, shavasana, esa recompensa por la que tanto habéis trabajado.
Todos se tumbaron completamente relajados, con música suave de fondo mientras meditaban.
Un movimiento en la puerta la hizo alzar la vista. Lucas estaba allí con los brazos cruzados sobre el pecho y expresión exasperada.
Leah sonrió con regocijo, sabiendo que por fin había ganado una apuesta contra él. Se llevó un dedo a los labios para pedirle silencio y le lanzó un beso.
Él negó con la cabeza en silenciosa advertencia de que ya ajustarían cuentas, y le devolvió el beso con una sonrisa satisfecha. Se dio la vuelta y salió sin hacer ruido.
Leah se sentó erguida en una cómoda postura de loto, observando a sus estudiantes, y sintió verdadera paz. Esto… esto era lo que estaba destinada a hacer. Todo encajaba a la perfección.
Guio a la clase de vuelta a la consciencia y animó a sus estudiantes a seguir practicando, recordándoles la importancia del autocuidado.
Mientras el grupo salía, Hannah se marchó a hacer recados con Martha, y Rachel se quedó para ayudar a ordenar la sala.
—¿Era Lucas el de la puerta? —preguntó.
Leah le dedicó una sonrisa pícara.
—Sí, sabe que he ganado.
—Y entonces, ¿qué te llevas por ganar? Con mi maravillosa ayuda, claro…
Leah puso cara pensativa.
—Aún no me he decidido. —Frunció los labios mientras sopesaba las opciones—. Es un cocinero fantástico. Creo que me gustaría que me preparara una cena gourmet, algo romántico y especial.
Rachel pareció decepcionada, pero luego asintió.
—No es lo que yo habría elegido, pero entiendo lo de que un tío bueno cocine para ti.
—Chica, no tienes ni idea de lo bueno que es en la cocina —parloteó Leah mientras salían del estudio de yoga—. Cocinó para mí casi todo el tiempo que estuvimos en su cabaña, y daba gusto verlo moverse por la cocina. El hombre sabe lo que hace, y es tremendamente sexy.
Mientras cruzaban el patio hacia la casa principal, un grito desde el granero les llamó la atención. Zach les hacía señas, probablemente para enseñarles cómo iban los preparativos del gran baile, que sería en solo tres días.
—Hemos estado trabajando en los planos que diseñaste y queremos asegurarnos de que lo hemos hecho bien. —Señaló hacia el escenario donde tocaría la banda.
Leah suspiró complacida mientras miraba a su alrededor. Zach y su equipo habían plasmado exactamente lo que ella había imaginado. Tanto ella como Rachel se deshicieron en elogios.
Leah miró a Zach.
—Ya has hecho esto antes… ¿Crees que les gustará a los invitados?
Él examinó la sala y asintió.
—Sí, les va a encantar. —Sonrió sin apartar la mirada de Rachel—. Creo que es lo mejor que hemos hecho nunca.
La temática era del salvaje oeste, con todo el granero convertido en un salón de estilo antiguo.
La entrada tenía grandes puertas batientes y un cartel que rezaba «Abrevadero de Hunter».
La pista de baile dominaba la sala, con una barra a lo largo de la pared del fondo y un rincón de fotos al estilo antiguo.
El pueblo había donado cientos de objetos de época, colocados con buen gusto por toda la sala.
Leah recorrió el espacio con la mirada.
—Casi he terminado la lista de reproducción para el DJ. —Miró a Rachel—. Y tenemos que confirmar el catering.
Rachel se acercó a Zach.
—Tengo curiosidad… ¿Dónde aparcará todo el mundo? Vendrán cerca de cien personas, ¿no?
Él señaló hacia el campo principal.
—Abrimos las puertas y varios empleados ayudan a los invitados a aparcar allí.
Leah aplaudió emocionada, satisfecha de lo bien que estaba quedando todo.
—¡Buen trabajo, Zach! A tu madre le va a encantar.
De camino a la casa principal, Leah fue enumerando las tareas pendientes.
—Martha y Hannah están recogiendo lo que necesitamos en la tienda. Tenemos que enviar recordatorios a los invitados, llamar al catering para confirmar el número final… ¿Se me olvida algo?
Rachel sonrió con paciencia.
—Sí… te olvidas de lo más importante.
A Leah le entró el pánico.
«¿Qué demonios se me puede haber olvidado?»
—Pero hemos repasado toda la lista. ¿Qué se me escapa?
Rachel asintió con mirada cómplice.
—¿Qué te vas a poner?
Leah se quedó helada.
«¡Mierda!»
Había estado tan centrada en todos los detalles que ni se le había pasado por la cabeza qué ponerse.
—Y no solo eso —continuó Rachel—, tenemos que arreglarnos el pelo y las uñas, y nos vendría bien un masaje. Toca día de chicas en el spa.
—Tendríamos que ir hasta Missoula, y no sé qué spas habrá allí —argumentó Leah.
—No veo el problema —respondió Rachel—. Ir a Missoula será divertido, y seguro que hay varios spas donde elegir.
Leah negó con la cabeza.
—Está a más de ochenta kilómetros.
La voz grave de Lucas resonó a sus espaldas.
—¿Qué está a más de ochenta kilómetros?
Leah se encogió mientras Rachel sonreía y se volvía hacia su nuevo aliado. —Le estaba diciendo a Leah que tenemos que equiparnos para el gran baile, y que necesitamos un día de chicas... pelo, uñas, masaje... ese tipo de cosas.
Leah intentó frenar a Rachel. —Pero el único sitio donde encontraríamos todo eso es Missoula, y queda demasiado lejos.
—Y como te decía: «¿y qué?».
Leah suspiró frustrada. —Rach, sabes que no podemos ir.
Lucas miraba de una a otra mientras discutían, con el ceño fruncido.
—No lo entiendo. ¿Por qué no podéis ir?
Una sonrisa de gato de Cheshire se dibujó en el rostro de Rachel, que inclinó la cabeza mientras miraba a Leah.
—Sí, Leah, ¿por qué no podemos ir?
Leah resopló exasperada, sabiendo que estaba perdiendo la batalla.
—Porque tenemos mucho trabajo, y tendríamos que pedir cita, ese tipo de cosas.
Lucas le pasó el brazo por los hombros.
—Rachel tiene razón. Necesitas un rato de chicas, y te mereces que te mimen un poco.
Leah abrió la boca para protestar, pero él la silenció poniéndole un dedo en los labios.
—Mi madre tiene cuenta en un spa estupendo de Missoula para los huéspedes, y os va a encantar. Seguro que podemos conseguir hora para mañana.
Rachel soltó un grito de júbilo y levantó el puño en el aire.
—¡Sí!
Le dio un codazo a Leah y exclamó triunfante:
—Me cae muy bien este tío.
Lucas estrechó a Leah contra sí y le besó la sien mientras le acariciaba la espalda.
—Tomaos el día e id mañana. Me aseguraré de que todo esté listo para las tres.
Se apartó un poco y le sonrió.
—Además, es lo menos que puedo hacer después de perder la apuesta.
Su comentario la entusiasmó.
—Gané, ¿verdad?
Se rio encantada y lo corrigió:
—Pero no quiero un día de spa por ganar. Tengo otra cosa en mente.
Sus ojos adquirieron un brillo lujurioso.
—¿Ah, sí? ¿Y qué tienes exactamente en mente?
—Sí, Leah —intervino Rachel con voz cargada de sarcasmo—. ¿Qué tienes exactamente en mente?
Un intenso rubor le subió a las mejillas y miró a su alrededor, dándose cuenta de que estaban en medio del patio con varios peones cerca disfrutando del espectáculo. Farfulló una excusa y se apresuró hacia la oficina.
* * *
—Mmmmmmm... chica, deberías quedarte con este tío —murmuró Rachel mientras las técnicas le trabajaban los pies y las piernas.
Lucas había cumplido su palabra y les había reservado un día de spa a las tres.
—Sí, mamá —intervino Hannah—. Lucas es increíble. Y me encanta su familia.
Levantó la cabeza y se quitó los trozos de pepino de los ojos para mirar a Leah a través de una mascarilla facial verde.
—Y en serio que quiero quedarme con Max.
Leah se rio.
—Creo que eso va a ser complicado, cariño.
Le dio una palmadita en la mano a su hija.
—Max forma parte del rancho y no dejará a Lucas.
Suspiró, disfrutando de los mimos.
—Entonces, ¿adónde vamos después? —preguntó Hannah.
—Bueno, hay un par de tiendas que Martha recomendó, especializadas en ropa vaquera —respondió Rachel—. Me aseguró que tendrían algo elegante.
Leah asintió, relajada al saber que Rachel lo tenía todo planeado para el día.
—¿Mamá? —la voz ansiosa de Hannah las sacó de la conversación.
—¿Sí, cariño?
—¿Te vas a quedar aquí?
La inquietud se apoderó de Leah. Era una pregunta que llevaba semanas haciéndose. Desde luego que había querido quedarse desde el día en que llegó... ¿quién no querría? Pero ni Lucas ni la familia Hunter habían mencionado nada sobre que se quedara después de la temporada.
Se preguntaba constantemente si Lucas quería que se quedara. Y si era así, ¿dónde viviría? Era poco probable que encontrara algo en la zona.
—No lo sé, cariño —respondió Leah con la voz tensa—. Probablemente tenga que irme cuando acabe la temporada.
Hannah guardó silencio unos instantes, sopesando la respuesta.
—Bueno, yo creo que deberías quedarte aquí. A mí me gusta este sitio, y a ti también.
—Estoy de acuerdo —intervino Rachel—. Voy a ser sincera... te echo de menos como una loca, chica. Pero este lugar te va que ni pintado. ¿Y Lucas?
Sacudió la cabeza.
—¡Solo puedo decir «madre mía»! Seguro que es increíble en la cama.
Leah gimió y negó con la cabeza.
—No pienso tener esta conversación ahora mismo.
Rachel se rio.
—¿Cuál de ellas? ¿La de quedarte aquí? ¿O la de que es increíble en la cama?
Hannah hizo una mueca de asco.
—Por favor, parad.
Leah cambió de tema.
—Por cierto, me sorprende bastante tu contención.
Rachel la miró con curiosidad.
—Que yo sepa, no te has lanzado a por ninguno de los peones del rancho, ni siquiera a por Zach, que te ha estado siguiendo como un cachorro perdido.
Rachel resopló.
—Sí, bueno, no creas que no se me ha pasado por la cabeza.
Le sonrió a Leah.