Amanecer en Montana (Amor bajo el cielo del oeste nº 1) Capítulo 13 #3
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Capítulo 13 #3

Miró a su alrededor para comprobar si alguien más lo había oído. —No puedes decir esas cosas —susurró.

Él le tomó el rostro entre las manos. —Creo que eres preciosa e increíble, y quiero que lo sepas.

Se inclinó y le dio un beso suave.

A Leah se le hizo un nudo en la garganta y hundió el rostro en el pecho de él. —Lo siento.

Alzó la mirada. —Nadie me había dicho eso antes.

Él le rodeó la nuca con la mano y la atrajo para otro beso, rozándole los labios con suavidad. —Necesitas oírlo.

Ella acurrucó la cabeza en el hueco de su cuello y suspiró.

—Has estado rodeada de idiotas que nunca te apreciaron ni supieron ver quién eres de verdad.

La estrechó con gesto posesivo. —Eres increíble, cariño. Tienes que saberlo.

Le besó la coronilla con ternura y se obligó a contenerse.

Levantó la vista y pilló a su madre y a su hermano observándolos desde el otro lado del fuego con miradas cómplices. Lucas hizo una mueca... lo último que quería era avergonzar a Leah. Tenía que andarse con más cuidado.

Leah suspiró y reclamó su atención. —¿Qué voy a hacer contigo? —preguntó, mirándolo.

Él esbozó una sonrisa pícara. —Soy fácil de contentar. Solo bésame, cariño. Bésame siempre.

La risita se convirtió en una carcajada, y lo abrazó con fuerza. Le dio un beso en el pecho, justo sobre el corazón, y se echó hacia atrás con una sonrisa. —¡Hecho!

* * *

Mientras se dirigían a la cabaña, caminaron muy juntos, de la mano, ambos callados y perdidos en sus propios pensamientos. Cuando llegaron al porche, Lucas no se detuvo: abrió la puerta y tiró de Leah hacia el baño. Max entró sigilosamente detrás de ellos y fue directo al dormitorio.

Lucas la fue desvistiendo despacio, besando cada centímetro de piel que iba descubriendo. —Dios, cuánto te he echado de menos, cariño. —Sus labios atraparon los de ella, dominantes y excitantes a la vez—. Dime que tú también me has echado de menos.

Las manos de Leah se unieron a las suyas, y cuando por fin estuvo desnuda, se apartó para observarlo mientras él se quitaba las botas y los pantalones. —Te he echado muchísimo de menos, Lucas.

Completamente desnudo, la atrajo hacia sí y frotó su pecho contra el de ella. —¿Sí? —Le robó otro beso rápido y ardiente.

—Oh, sí —asintió ella—. Más de lo que puedo expresar.

Él asintió y le susurró: —Eso está bien, nena.

La mano de él subió para agarrar un puñado de su largo cabello y, liberando por fin toda la emoción contenida, le devoró la boca mientras su lengua se enredaba con la de ella.

Con la otra mano le agarró una nalga y apretó las caderas contra las suyas; su miembro erecto se clavó en el suave vientre de ella, arrancándoles un gemido a ambos.

Se apartó bruscamente, con el pecho agitado. Lucas se giró para abrir la ducha y tiró de ella bajo el chorro. —Lo siento, cariño. —La levantó y la inmovilizó contra la pared de azulejos; la punta de su miembro se encajó entre las piernas de ella—. Llevo esperando todo el día.

Leah se sentía en medio de un torbellino, fuera de control y completamente a su merced…

y le encantaba cada segundo. Le rodeó las caderas con las piernas y jadeó cuando él se hundió en ella con firmeza.

Echó la cabeza hacia atrás contra la pared con un gemido mientras él tomaba posesión absoluta de su cuerpo.

Los labios de él recorrieron su garganta con besos y suaves mordiscos, mientras sus caderas marcaban un ritmo rápido y poderoso que los dejó a ambos sin aliento.

Lucas gruñó cuando ella se contrajo a su alrededor; las uñas de Leah se le clavaron en la espalda mientras el clímax se apoderaba de ella.

—Ah, nena, ¡sí! Córrete para mí. —Las embestidas de él se volvieron frenéticas al alcanzar su propio orgasmo, y su gemido resonó en las paredes por la intensidad del momento.

Se desplomaron el uno contra el otro, disfrutando del placer residual mientras el agua caliente caía en cascada sobre ellos. Leah fue la primera en recuperarse y comenzó a besarle suavemente el cuello y el hombro, acariciándole la espalda mientras él se recomponía.

* * *

Lucas no recordaba haberse sentido nunca tan excitado, tan agotado ni tan dominado por el deseo. Algo en ella lo hacía estallar como fuegos artificiales; una prueba más de que la química entre ellos era extraordinaria. «Esto solo pasa una vez en la vida».

Un relámpago de ansiedad lo atravesó y sus brazos se tensaron instintivamente alrededor de ella. Solo pensar en que pudiera irse lo desestabilizaba.

Se apartó un poco y la miró a los ojos, buscando esa conexión, la confirmación de que ella sentía lo mismo.

—¿Estás bien? —preguntó ella, preocupada.

—Todo bien, cariño —le aseguró—. Solo me preocupaba haber sido demasiado brusco.

Leah se rio. —No tengo ninguna queja. —Cogió la pastilla de jabón y empezó a enjabonarle el pecho.

Lucas permaneció en silencio, disfrutando de la sensación de las manos de ella sobre su cuerpo mientras lo enjabonaba. La observó con atención mientras su mente daba vueltas a una verdad simple pero profunda.

«Tengo que convencerla de que se quede… Tiene que quedarse…»