Amanecer en Montana (Amor bajo el cielo del oeste nº 1) Capítulo 4
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Capítulo 4

Blue Valley Ranch

—Tengo algunas ideas que quería comentaros.

Leah recorrió la mesa con la mirada, nerviosa.

La acogedora escena parecía sacada de una película navideña, con la larga mesa, el centro de flores y el enorme candelabro decorativo de astas que pendía sobre sus cabezas. La familia dejó los cubiertos en silencio y le prestó toda su atención.

Leah respiró hondo y expuso con cuidado sus ideas sobre el nuevo centro de actividades.

—Si lo promocionamos bien, podríamos atraer nueva clientela al rancho.

Se recostó en la silla y esperó las preguntas.

Martha, sentada en el extremo de la mesa a su derecha, fue la primera en hablar.

—Suena interesante. Entonces, ¿darías tú las clases de yoga en las nuevas instalaciones? ¿Durante todo el verano?

—Sí, yo daré las clases una vez que el edificio esté terminado.

Miró a Lucas en busca de apoyo y continuó con una sonrisa nerviosa.

—Programaría las clases en horarios convenientes para nuestros huéspedes. Puedo ser flexible, no hay problema. Quién sabe, quizá pueda involucrar a algunos de vosotros —bromeó mirando a Lucas al otro lado de la mesa, quien le devolvió la sonrisa con gesto desafiante.

Zach soltó una carcajada a su lado.

—Pagaría por ver a Lucas en una clase de yoga.

Lucas fulminó con la mirada a su hermano al otro lado de la mesa.

—Si yo lo hago, tú también —replicó.

Un carraspeo atrajo todas las miradas hacia la cabecera de la mesa. El patriarca del clan Hunter era reservado: observaba cada detalle en silencio antes de elegir sus palabras con cuidado. Alan Hunter era claramente el hombre de la casa en Blue Valley Ranch.

—Con el ritmo que hemos llevado últimamente, puede que no tengamos el nuevo edificio terminado hasta dentro de un par de meses. No sé si estaría listo a tiempo para esta temporada.

Hizo una pausa y le dirigió una mirada pensativa.

—Solo estarás con nosotros este verano. Nos costaría encontrar otro instructor una vez que te hayas ido.

Alan sonrió con amabilidad y añadió:

—No estoy diciendo que no, solo creo que hay detalles que resolver antes de ofrecer algo así.

Sin darse por vencida, Leah preguntó:

—¿Qué falta por terminar en el edificio?

Lucas miró a Zach con expresión interrogante.

—Quedan tres paredes, la barra, algunos accesorios y el suelo por terminar, ¿verdad? ¿Y luego unas cuantas capas de pintura?

Zach asintió.

—Más o menos. Podríamos levantar las paredes que faltan rápido, y la barra solo necesita unos retoques. Instalar el suelo no llevará mucho tiempo.

—¡Puedo ayudar! He ayudado a mi mejor amiga a reformar casas durante años. Este proyecto sería sencillo en comparación —añadió Leah.

La habitación quedó en silencio mientras Martha y Alan se miraban, como si se comunicaran telepáticamente.

—No es mala idea —comentó Martha—. Nunca hemos ofrecido nada especial para nuestras huéspedes. ¿Qué tal una prueba?

Alan asintió pensativo mientras repasaba los detalles mentalmente.

—Hablaré con Walter sobre cualquier cuestión legal que debamos tener en cuenta. Si nos da luz verde, lo intentaremos.

Leah sonrió radiante y se levantó de un salto para abrazar al hombre mayor, que se sonrojó.

—Bueno, espera un momento —advirtió él—, todavía queda bastante por hacer antes de empezar.

Martha añadió:

—Lucas, ¿por qué no llevas a Leah al pueblo mañana a comprar lo que necesitéis para terminar el edificio?

Dirigió una sonrisa cómplice a su hijo desde el otro lado de la mesa y luego se volvió hacia Leah.

—¿Crees que puedes hacer una lista de lo que necesitarás para las clases de yoga?

* * *

Lucas entró en la cocina con un puñado de platos y miró a su madre con exasperación.

—Sé lo que estás haciendo, y puedes parar ahora mismo.

Martha sonrió mientras miraba por encima del hombro.

—¿De qué hablas, cariño?

Se volvió de nuevo y siguió cargando el lavavajillas con aire inocente.

—Estás en modo casamentera. Se te nota.

Resopló frustrado.

—Si algo pasa entre Leah y yo, será porque tiene que ser así. No hace falta que busques excusas para juntarnos.

Martha sonrió con suficiencia.

—Así que sí te gusta… me lo preguntaba.

—¿Qué no me va a gustar de ella? —respondió él.

Se secó las manos con un paño, se dio la vuelta y le sonrió con calma.

—Cariño, no estoy haciendo nada. Ella necesita conocer mejor el negocio y la zona, y tú eres el más indicado para enseñárselo. ¿Hay algún problema?

Se encogió de hombros y añadió:

—Estoy segura de que Zach podría encargarse si no quieres hacerlo tú.

Lucas arqueó una ceja y miró a su madre con suspicacia.

Su lógica era sólida, pero no lo engañaba ni por un segundo.

Casi podía ver el polvo de hadas que se arremolinaba mientras ella hacía su magia.

Su madre era una casamentera empedernida y llevaba presionándolo para que sentara cabeza desde su regreso a Seeley Lake.

—Yo llevaré a Leah por el pueblo.

Su voz sonó ligeramente posesiva. Luego suspiró y se encogió de hombros.

—Es solo que no creo que sea buena idea liarme con ella. Es una empleada y se irá en unos meses. Además, ni siquiera sé si le intereso.

—Bueno, yo no apostaría por eso todavía. ¿La has visto por aquí? Va como flotando en una nube, y siempre tiene una sonrisa en la cara. Por lo que me ha contado Ann Finley, Chicago no era precisamente un lugar feliz para ella.

Él resopló.

—Todavía no ha visto un invierno aquí, eso cambiará su perspectiva.

Su madre le sonrió con esa irritante mirada de mamá-lo-sabe-todo.

—Hmmmmm, quizá sí, quizá no. Hay algo en ella que encaja aquí. Puede que se quede, sobre todo si tiene un buen motivo. Además, Chicago tampoco es que sea famosa por sus inviernos suaves.

Lucas negó con la cabeza y miró a su madre, derrotado: nunca ganaría una discusión con ella. Suspiró y se dio la vuelta para subir las escaleras.

—Llevaré a Leah al pueblo mañana por la mañana, pero después me iré a la cabaña una temporada. Tengo que terminar los baños antes de que empiece la temporada.

—De acuerdo, cariño —continuó ella, con tono animado—, no hay problema.

Seguro que Zach y los chicos pueden terminar la construcción sin ti.

Ah, espera, casi se me olvida: asegúrate de programar su excursión.

He visto que todavía no está en el calendario.

Cuanto antes en la temporada, mejor, digo yo.

Asintió, subió las escaleras y se fue a la cama con una mezcla de emoción y ansiedad recorriéndole el cuerpo. Sabía que encariñarse con Leah no era buena idea, pero también sabía que jamás podría alejarse de ella. Lo atraía como un canto de sirena... y en el fondo no quería resistirse...