Capítulo 3 #3
Se obligó a reaccionar, pero sus pensamientos volvieron enseguida a terreno peligroso mientras la seguía sendero arriba.
* * *
Leah suspiró satisfecha cuando llegaron a la cima. El claro era un prado pintoresco con unas vistas espectaculares del valle.
—Es increíble —exclamó sin aliento, dando vueltas sobre sí misma para abarcar todo el panorama. Siguió a Max hasta un banco de troncos en el punto más alto—. No sé si he visto algo tan bonito en mi vida.
—Sé a qué te refieres —respondió Lucas, clavando en ella su mirada penetrante y recorriéndole el rostro con los ojos.
Leah se sonrojó mientras él seguía mirándola fijamente, con aquellos intensos ojos verdes que parecían clavarla al banco. No estaba acostumbrada a que la miraran así, y menos un hombre tan guapo como Lucas. —Entiendo por qué es tu lugar favorito —añadió con torpeza.
—Este no es mi lugar favorito —respondió con soltura—, es solo el mejor sitio del rancho.
Mi favorito está allí —Lucas se colocó detrás de ella, tan cerca que Leah notó su aliento en el cuello, y señaló por encima de su hombro hacia la cordillera del este—.
El pico del medio es Morrell Mountain; mi cabaña está en la ladera oriental.
Si te parece increíble esto, espera a verlo.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo al tenerlo tan cerca, y le costó concentrarse.
—Cuando esté del todo terminada, la usaremos para las rutas guiadas —su voz grave resonaba en todo el cuerpo de Leah—. La estrenaremos con tu excursión, como prueba piloto de la temporada.
Sintiéndose de pronto incómoda, Leah se levantó y echó a andar por el claro. Se detuvo a contemplar el valle. —A mi hija le encantaría esto —dijo como ausente.
—¿Tienes una hija? —Lucas se acercó por detrás, con evidente interés en la voz.
—Ajá —asintió, cruzándose de brazos—. Hannah empezó primero en Northwestern el otoño pasado —se volvió para ver cómo reaccionaba él a la noticia, preguntándose si eso enfriaría el interés que había visto en sus ojos.
Una sonrisa franca le iluminó el rostro. —Yo también tengo una hija, seguramente un poco mayor que Hannah. Abby acaba de graduarse en Boston College.
Ella lo miró fijamente durante varios segundos, asimilando que Lucas no solo no se había alejado, sino que además tenía una hija. —¿Dónde vive?
—Abby vive en el norte del estado de Nueva York, cerca de su madre. Nos divorciamos cuando era un bebé, y yo pasaba el tiempo destinado fuera, así que nunca llegamos a conectar. No tuvimos mucha relación mientras crecía; solo la he visto unas cuantas veces en los últimos cinco años.
Lucas volvió a mirar hacia el valle con expresión pensativa. —Pero eso está cambiando. Espero que venga a visitarme pronto.
Volvió a mirarla y Leah se removió incómoda bajo su escrutinio. —Leah, ¿puedo hacerte una pregunta personal?
Ella asintió y esperó en silencio.
Él ladeó la cabeza y la observó fijamente, como sopesando las palabras. —No puedo evitar preguntarme por qué una mujer como tú aceptaría un trabajo temporal en Montana —señaló a su alrededor—. En un rancho turístico.
Una oleada de irritación la recorrió. —¿Una mujer como yo?
Lucas torció el gesto y agitó las manos con frustración.
—No quería decir eso —se detuvo un momento y la señaló—.
Eres inteligente, guapa y, a juzgar por lo que ya has hecho con nuestra oficina, muy capaz.
Además, eres de Chicago, que queda lejísimos del oeste de Montana.
Solo me pregunto por qué elegiste esto —volvió a señalar a su alrededor— pudiendo ir a cualquier parte.
La irritación de Leah se disipó y esbozó una media sonrisa mientras se encogía de hombros.
—Sí, soy consciente de que estoy fuera de mi elemento: una chica de ciudad que se ha metido en plena naturaleza todo el verano.
Hizo una pausa y respiró hondo.
—Es un sueño que tengo desde niña. Montana siempre me ha atraído y siento que necesito estar aquí este verano. No sabría explicarlo de otro modo.
Él le dedicó una sonrisa con hoyuelos.
—¿Algo así como tachar un punto de tu lista de deseos?
Leah asintió y le devolvió la sonrisa.
—Exactamente.
—¿Puedo preguntarte... qué planes tienes para cuando termine la temporada?
Por razones que no terminaba de comprender, temía hacer la pregunta, pero necesitaba saberlo.
Ella frunció los labios, sopesando cuánto contarle.
—Ahora que Hannah se va a la universidad, tengo la oportunidad de empezar a viajar, así que estaba pensando en hacer un viaje largo por carretera, recorrer el país. Todavía no tengo nada definido, pero pienso organizarlo durante el verano.
Él asintió pensativo, con el rostro tenso.
—Parece que tienes una lista de deseos bastante larga por completar.
Ella se limitó a mirarlo fijamente. De no conocerlo mejor, habría dicho que parecía decepcionado.
Él sonrió, rompiendo la tensión, y le tendió la mano.
—Deberíamos volver. Seguro que ya nos están buscando.
Un hormigueo la recorrió cuando sus manos se tocaron. Frunció el ceño.
Qué extraño...
Lucas no pareció notarlo. Se dio la vuelta y, sin mirar atrás, silbó para que Max se les uniera. Leah soltó una risita cuando el perro pasó disparado junto a ellos por el sendero.