Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 41
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L exie

La puerta se abrió de par en par antes de que Lexie pudiera llamar, y Piper salió a toda prisa para envolverla en un abrazo reconfortante.

Se apartó un poco para observar el rostro de Lexie, con la preocupación patente en sus ojos azules y el ceño fruncido.

Esa mirada de inquietud rompió el control que a Lexie tanto le había costado mantener y unas lágrimas ardientes se desbordaron de sus ojos y le resbalaron por las mejillas.

—Dios mío, cariño, ¿qué ha pasado? —preguntó Piper mientras acompañaba a Lexie al interior de la casa—. Ojalá me hubieras dejado ir a recogerte. No deberías haber tenido que coger un taxi.

—No quería montar un escándalo en el aeropuerto, y me habría derrumbado al verte allí. Además, ni siquiera te he llamado hasta que ya estaba aquí, así que era más rápido coger un taxi. Siento haberte avisado tan tarde.

—No te preocupes por eso; me alegro de que hayas venido a verme. Entra. Te prepararé una taza de té y así me lo podrás contar todo. —Le quitó la maleta de las manos y la condujo al interior de la casa.

Lexie siguió a su cuñada hasta la cálida y acogedora cocina. Se sentó a la mesa de madera de estilo rústico mientras Piper se afanaba en poner agua a hervir.

—Me alegro mucho de verte, Piper. Debería haber venido antes. No debería haber hecho falta algo así para que me decidiera a visitarte.

Piper dejó una taza de té humeante delante de Lexie, luego se sentó frente a ella y le estrechó la mano.

—Te acepto tal y como estés, cariño, pero tienes que contarme qué ha pasado.

Lexie suspiró, cogió su taza de té e inhaló el relajante aroma a manzanilla antes de darle un pequeño sorbo.

¿Por dónde empezar? Junto con el dolor, la conocida oleada de culpa la abrumó.

¿Cómo iba a contarle a la hermana de Damien lo que había hecho?

¿Qué iba a pensar Piper de ella? Era cierto que había animado a Lexie a tener una aventura, pero nunca habría creído que Lexie fuera tan estúpida como para enamorarse de alguien como Connor.

Incluso le había advertido a Lexie que no lo hiciera antes de la gira.

—Bueno, ¿y cuál de los dos fue? —preguntó Piper después de que el silencio se hubiera prolongado demasiado.

Debería haber sabido que Piper iba a adivinarlo enseguida. Al fin y al cabo, ¿qué otra cosa habría hecho que Lexie apareciera en su puerta llorando?

—Connor . —Más lágrimas se le escaparon y le resbalaron por las mejillas. Se las secó con rabia. Él no se merecía sus lágrimas. Ya le había dado demasiado de sí misma.

—Cuéntame qué ha pasado.

La compasión en la voz de Piper hizo que a Lexie se le formara un nudo en la garganta.

Tomó otro sorbo de té y se concedió unos segundos para recomponerse antes de soltarlo todo.

Omitió algunos detalles; al fin y al cabo, había cosas que no podía compartir con la hermana de su difunto marido, como lo increíble que había sido el sexo, que él la había hecho sentir cosas desconocidas, que se había permitido enamorarse tan profundamente de alguien que no le convenía en absoluto.

Cuando terminó, Piper la miró con la cabeza ladeada y los ojos inquisitivos, como si supiera que Lexie se estaba dejando cosas en el tintero.

—Está claro que es un auténtico capullo por tratarte así. Puede que sea pacifista, pero eso no significa que no vaya a darle una paliza si lo necesitas.

Lexie esbozó una sonrisa para su amiga, pero frunció el ceño cuando Piper se detuvo y se mordió el labio. Estaba claro que tenía algo más que quería decir, y no habría sido Piper si no tuviera alguna perla de sabiduría que compartir —bienvenida o no—. Lexie suspiró.

—¿Qué quieres decir, Piper?

Piper se encogió de hombros en señal de disculpa.

—Bueno, esto va a sonar mal, pero Lexie, puede que no sea tan terrible lo que ha pasado.

—Levantó la mano cuando Lexie abrió la boca para protestar—.

Espera, déjame terminar. —Lexie cerró la boca y se recostó en su asiento, frunciendo el ceño mientras Piper continuaba—.

Sé que ahora lo estás pasando mal, cariño, y que es un asco, de eso no hay duda.

Pero has dado el primer paso, y eso es algo bueno.

Te has enfrentado a tu miedo, te han roto el corazón y, sí, es doloroso.

Pero sigues aquí, sigues en pie. No te ha destrozado.

Él no te ha destrozado. —Extendió la mano y agarró la de Lexie, apretándola suavemente mientras continuaba—.

Así que mi consejo es que le des las gracias a ese capullo por los orgasmos y sigas adelante hacia cosas más grandes y mejores.

—Movió las cejas—. Ya sabes a qué me refiero.

Eso le arrancó una carcajada a Lexie. Era un buen consejo, pero le costaba imaginar que fuera posible.

Su risa se apagó y suspiró.

—Quizá tengas razón. Es que me siento tan estúpida…

Quiero decir, sabía que no iba a durar; él me lo dejó claro.

Pero confié en él, ¿sabes? Pensé que al menos se preocupaba lo suficiente como para ser amable.

—Su voz empezó a temblar— . Supongo que eso es lo que me pasa por enamorarme de alguien que sabía desde el principio que no era adecuado para mí.

—No te sientas estúpida, cariño. ¿Cómo ibas a saber que no era adecuado para ti si no lo intentabas? Debía de tener algunas cualidades buenas; de lo contrario, ni siquiera te habrías acostado con él, y mucho menos habrías sentido nada por él.

—Debería haberlo sabido porque es muy diferente de Damien. Estoy enfadada conmigo misma porque, a pesar de todo, me enamoré estúpidamente de él, aun sabiendo que no era adecuado para mí. —Las emociones de Lexie volvieron a desbordarse; le temblaban los hombros mientras lloraba.

Piper se levantó y cogió una caja de pañuelos de la encimera. Se la pasó entera a Lexie antes de volver a sentarse y estirar la mano por encima de la mesa para volver a tomar la de Lexie.

—Lexie, que Connor sea diferente de Damien no tiene nada que ver con si es adecuado o no para ti. No sé de dónde te has sacado esa idea. Creo que es bueno que hayas elegido a alguien diferente. Me preocuparía mucho más si hubieras elegido a alguien demasiado parecido a mi hermano.

Lexie se limpió la nariz y miró a Piper con expresión de desconcierto.

—Damien y yo hacíamos una pareja perfecta. ¿Por qué estaría mal encontrar a alguien parecido a él? Bueno, obviamente no a alguien exactamente igual, eso sería espeluznante…

—No me digas… —la interrumpió Piper con una sonrisa burlona.

—… pero alguien con los mismos rasgos, los mismos valores.

Alguien que sé que encajará conmigo, que me querrá como yo quiero que me quieran.

Como lo hacía Damien. —Las lágrimas le resbalaban por las mejillas como un torrente que parecía no tener fin y que lamentaba tanto la pérdida de Damien como la del hombre que ella había creído que era Connor.

—Escúchame, Lexie: tú y Damien os convertisteis en la pareja perfecta.

Erais solo unos críos cuando os conocisteis, y fuisteis madurando hasta encajar el uno con el otro.

Pero ahora eres una persona diferente. Su muerte te obligó a cambiar, a ser más independiente, más aventurera, así que necesitas estar con alguien diferente.

¿Alguna vez has pensado que quizá la razón por la que rechazaste a todos esos hombres encantadores que te invitaban a salir no era porque no estuvieras preparada, sino porque se parecían demasiado a Damien?

Quizá, en el fondo, sabías que ahora necesitas a alguien diferente.

Y, para ser sincera, si tú y Damien os conocierais hoy, no sé si acabarías con él.

—Lexie empezó a negar con la cabeza, pero Piper siguió adelante—.

Tienes que encontrar a alguien que encaje con tu nueva forma de ser, y eso significa mantener la mente y el corazón abiertos, Lexie, porque no sabes quién podría acabar siendo el próximo amor de tu vida.

Y si Connor no hubiera sido tan gilipollas, no había ninguna razón por la que no pudiera haber sido él.

Te arriesgaste, y estoy orgullosa de ti por ello.

Solo tienes que asegurarte de seguir arriesgándote, porque algún día, ese riesgo valdrá la pena.

Lexie se secó una vez más las lágrimas de las mejillas, desconcertada por las palabras de Piper.

Aunque le costaba escucharlas, lo que le decía le parecía cierto.

Sabía que tenía mucho en qué pensar, pero aquel no era el momento adecuado.

Todo le resultaba demasiado doloroso. Primero tenía que superar lo de Connor.

Le estrechó la mano a Piper.

—Gracias. No sé qué haría sin ti.

—No hay de qué, cariño. Sabes que eres como una hermana para mí. Solo quiero lo mejor para ti. Ahora bien, sé que antes te has saltado todos los detalles jugosos. Connor era un capullo, pero eso no significa que no quiera saber cómo se portaba en la cama.

Lexie sintió que un ardiente rubor la invadía al recordar todo lo que le había pasado.

—Eh…, sí. Era bueno.

Piper arqueó las cejas.

—¿Solo bueno?

Lexie suspiró y puso los ojos en blanco ante su amiga.

—Vale, era muy muy bueno. Alucinantemente bueno.

—¿Tan bueno como para tener orgasmos múltiples?

A Lexie se le escapó una risa.

—Sí, sin duda. —Pero la risa se apagó cuando el dolor volvió a apoderarse de ella—.

Ojalá no hubiera sido tan bueno. Dejé que nuestra conexión física me engañara y me hiciera creer que había algo más.

Me permití creer que quizá él sentía algo por mí.

Pero la culpa es mía. Me dijo desde el principio que no quería relaciones. Para él solo era algo físico.

Piper frunció el ceño.

—Bueno, eso es una tontería.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Lexie, confusa.

—Lo siento, pero acostarse exclusivamente contigo, vivir contigo en el autobús, pasar todo su tiempo libre contigo… Eso era una relación, aunque no estuviera pensada para ser permanente. Si ese capullo era demasiado cobarde para admitirlo ante sí mismo, pues peor para él.

Una vez más, Piper la había hecho sonreír. Lexie se estiró por encima de la mesa y abrazó a su cuñada.

—Por eso te quiero tanto. Creo que ya le has llamado suficientes cosas como para que me sienta mejor.

Piper levantó su taza en señal de brindis y le guiñó un ojo.

—¿Para qué está la familia si no es para insultar a los ex que son unos perdedores?

La sonrisa se desvaneció del rostro de Lexie.

—Solo necesito volver al trabajo y dejar de pensar en todo esto.

—¿Cuándo es tu próximo trabajo?

—Me voy a Canadá dentro de poco más de dos semanas.

—Genial, puedes quedarte conmigo hasta que tengas que irte a casa a hacer las maletas. Podemos tomar el sol, beber vino y darnos un capricho con la tan importante terapia de compras. ¿Qué te parece?

Lexie esbozó una sonrisa débil.

—Suena perfecto.