39
L exie
Cuando Lexie se despertó a la mañana siguiente, Connor se había ido, dejándola satisfecha pero con un ligero dolor tanto en el cuerpo como en el corazón.
Se quedó tumbada en la cama unos minutos, mirando hacia el techo sin ver nada en realidad, preguntándose cómo iba a encontrar a alguien que le hiciera sentir lo mismo que Connor.
Apartó las sábanas con un suspiro y se levantó de la cama. Pensó en mirar las fotos que habían hecho la noche anterior, pero decidió que estaba demasiado sensible para hacerlo en ese momento. Mejor esperar hasta que fuera menos probable que se echara a llorar al verlas.
Mordiéndose el labio, Lexie se preguntó cómo habrían quedado.
Nunca se había desnudado delante de la cámara y, desde luego, nunca se había hecho fotos mientras tenía relaciones sexuales.
Después de las tres primeras que le había hecho a Connor, había sentido una necesidad abrumadora de plasmar cómo encajaban el uno con el otro, cómo la hacía sentir cuando estaba dentro de ella.
Temía que, tras separarse, el recuerdo del tiempo que habían pasado juntos se desvaneciera, igual que siempre había temido que sucediera con sus recuerdos de Damien.
Lexie contuvo las lágrimas, que últimamente siempre estaban a punto de brotar, y se dirigió al baño para darse una ducha.
Al verse reflejada en el espejo, se detuvo frente a él y pasó un dedo suavemente por la marca que Connor le había dejado en el cuello.
Se preguntó qué debía hacer al respecto, ya que iba a verse con la mayor parte de su ropa.
Aunque él le había marcado la piel a propósito, estaba segura de que no quería que todo el mundo se diera cuenta y empezara a hacer preguntas.
Lo último que quería Connor era que todo el mundo supiera lo que estaba pasando entre ellos.
Abrió el grifo de la ducha y se quedó bajo el agua caliente hasta que el ligero dolor en los músculos se alivió.
Tras secarse, rebuscó en su maleta hasta que encontró una camiseta de cuello alto y mangas casquillo que tapaba casi por completo la marca.
Por si acaso, también se aplicó un poco de maquillaje encima.
Contenta de que no se viera fácilmente, bajó a desayunar.
Cuando llegó, todos estaban sentados a la mesa excepto Connor. Les sonrió, les dio los buenos días y luego se sentó junto a Tex, quien le dio un pequeño codazo.
—Ya no queda mucho para que puedas escaparte de nosotros. ¿Te puedes creer que ya hayan pasado tres meses?
—La verdad es que no. —La sonrisa que le dedicó fue vacilante—. Os echaré de menos, chicos.
Su mirada se suavizó.
—Nosotros también te echaremos de menos.
Ha sido genial tenerte por aquí. Pero, oye, seguiremos en contacto, ¿verdad?
Siempre puedes ir a visitarnos a Los Ángeles.
O cuando estemos por la zona de San Francisco podemos pasarnos a verte.
Y seguro que podemos conseguirte entradas gratis para cualquiera de nuestros conciertos a los que quieras venir. —Le guiñó un ojo.
Ella se echó hacia delante y le apretó la mano.
—Gracias, Tex. Eso significa mucho para mí.
—Pero sabía que no iba a hacer nada de eso.
Sería demasiado difícil cortar los lazos con Connor sin atormentarse intentando volver a colarse en su vida.
O, peor aún, verlo desde el público en uno de sus conciertos, como una fan más.
Necesitaba un corte limpio y tiempo para superar sus sentimientos hacia él.
Estaba en mitad de su desayuno cuando se dio cuenta de que Connor no llegaba solo un poco tarde. Preocupada, se volvió hacia Tex.
—¿Dónde está Connor?
—Eh, al parecer quería pasar un rato a solas esta mañana, así que se ha ido con Will. —La mirada que le dirigió era sospechosamente comprensiva.
—Ah, claro —fue lo único que se le ocurrió decir a Lexie.
Se sintió desanimada por no poder verlo, aunque solo se hubieran separado hacía un par de horas.
Quería aprovechar al máximo cada momento que les quedaba juntos, como si pudiera almacenar recuerdos para toda una vida con él en los siguientes días.
Pero no tenía derecho a reclamar su tiempo, y si él necesitaba distanciarse un poco debía poder hacerlo sin preocuparse por ella.
Connor aún no había regresado cuando Lexie terminó de hacer las maletas, cargó sus cosas en el autobús de la gira y se dirigió al recinto con los demás.
Al parecer, ya había dejado sus maletas en el autobús antes de salir esa mañana.
Noah le aseguró que Connor probablemente tenía pensado reunirse con ellos en el estadio, pero cuando llegaron al recinto, él no estaba allí.
La preocupación de Lexie aumentó al ver el ceño fruncido de Noah.
—¿Se va a perder la prueba de sonido? —le preguntó.
Él se encogió de hombros.
—Aún nos queda un poco de tiempo. Seguro que aparecerá. Como tocamos aquí anoche, quizá podamos apañárnoslas sin él en la prueba de sonido, aunque no es lo ideal.
Lexie se sorprendió a sí misma mirando el reloj con más frecuencia a medida que se prolongaba la ausencia de Connor.
Intentó mantener la mente ocupada dedicándose a lo suyo, sacando fotos del equipo técnico mientras probaban y revisaban el equipo para asegurarse de que seguía funcionando correctamente tras la última actuación.
Estaba haciéndoles una foto a los técnicos de iluminación mientras trabajaban cuando Joe, el hombre que le había pedido una cita al principio de la gira, se acercó con las manos metidas en los bolsillos de sus vaqueros.
Habían charlado un par de veces en los últimos meses, una vez que superaron la incomodidad de que ella lo hubiera rechazado.
Así que, cuando se acercó y se quedó plantado junto a ella, le dedicó una sonrisa amistosa.
—¿Vas a echar de menos todo este jaleo? —le preguntó él.
Lexie se contuvo para no fruncir el ceño.
Odiaba que le recordaran que el tiempo se le acababa.
Por mucho que supiera que su aventura con Connor estaba a punto de terminar, hacía todo lo posible por no pensar en ello.
Quería alargar cada minuto de los días que le quedaban.
Pero no podía decirle eso a Joe, así que pensó en otra cosa que, a su manera, también era cierta.
—Tengo muchas ganas de volver a mi terreno.
Me encanta estar en la naturaleza, viajar, ver la belleza en la gente que vive su vida sin más.
Ha sido una experiencia increíble, pero muy intensa.
No creo que pudiera seguir haciéndolo. Necesito regresar a casa y empezar a pensar en cuál será mi próximo paso.
Joe asintió.
—Lo entiendo. Hay que estar hecho de una pasta especial para pasarse la vida viajando.
—Hizo una pausa y se rascó la nuca—. Oye, sé que tu respuesta probablemente será la misma, pero me preguntaba si podrías darme tu número y, la próxima vez que vaya a San Francisco, ponernos al día y tomar algo.
—Sus ojos oscuros la miraron con esperanza.
La sonrisa de Lexie se congeló. Le caía bien Joe, pero no tenía ningún interés en empezar nada romántico con él y tenía que pensar en una forma de rechazarlo con delicadeza. Otra vez.
—Ay, Joe, eres muy amable… —Se detuvo a mitad de la frase al ver que la mirada de Joe se desviaba por encima de su hombro y su sonrisa se desvanecía.
Una voz grave, gélida, resonó a sus espaldas.
—No te pagamos para que te quedes aquí parado intentando meterte en las bragas de Lexie, Joe . ¿Qué tal si vuelves al trabajo?
Lexie miró por encima del hombro y se quedó estudiando a Connor, atónita. Nunca lo había oído hablar ni lo había visto tan enfadado. Joe, con aire de haber recibido una buena reprimenda, le hizo un rápido gesto de despedida con la cabeza y se alejó a paso rápido.
Se volvió hacia Connor; su expresión severa la hizo sentir un nudo en el estómago. Echó un vistazo a su alrededor para ver si había alguien cerca, le puso la mano en el brazo y bajó la voz.
—¿Qué pasa, Connor? —No creía haberle visto nunca con el rostro tan duro como en ese momento.
Tenía la mandíbula tan tensa que podía ver un tic muscular en su mejilla—.
¿Ha sido por lo que ha dicho Joe? No iba a decir que sí.
—Él se sacudió su mano y ella sintió una punzada de dolor.
¿Por qué estaba enfadado con ella?—. Connor, no sé qué he dicho para molestarte.
Por favor, dime qué pasa. —No quería que sus últimos días juntos se echaran a perder por lo que podía ser un simple malentendido.
Él la miró con expresión fría. Había algo más en sus ojos, pero por más que lo intentara, ella no conseguía averiguar qué era.
—Si estás lista para irte a casa, no te sientas obligada a quedarte. Al fin y al cabo, creo que ya hemos terminado.
A Lexie se le paró el corazón antes de volver a latirle a toda velocidad. La repentina oleada de sangre por sus venas la mareó. No podía estar diciendo lo que ella pensaba, ¿verdad? ¿Después de la noche anterior?
—Todavía nos quedan tres días. —Seguía esperando haberlo malinterpretado.
Su expresión gélida no cambió.
—Imagino que a estas alturas ya tendrás todas las fotos que necesitas; incluso has conseguido algún contenido exclusivo extra.
—No hagas esto, Connor —susurró ella, odiando la frialdad de su rostro.
Pero él siguió adelante, clavándole el cuchillo y retorciéndolo.
—Y yo ya he conseguido todo lo que quería de ti.
Inspiró bruscamente mientras la conmoción y el dolor la inundaban.
Así que así era como iba a hacerlo. Por muy tierno que hubiera sido con ella, había pensado que al menos iba a ser amable al respecto.
Pero parecía que ni siquiera iba a esperar hasta el final de la gira para echarla de su cama.
Era totalmente inesperado. No había habido ningún indicio de que eso fuera a suceder cuando habían estado juntos la noche anterior.
Por muy intensa que hubiera sido toda aquella experiencia, Lexie incluso había empezado a creer que él podía sentir algo por ella. Algo más que simple deseo físico.
Parpadeó para contener las lágrimas y extendió la mano hacia él.
—Connor, por favor…
Él se dio la vuelta y se alejó.
Lexie se quedó mirándolo, atónita, y luego bajó la vista hacia la cámara que sostenía entre sus manos temblorosas. Ya no iba a poder contener las lágrimas por más tiempo. Tenía que salir de allí. Ya mismo.
Lexie se recompuso lo justo para salir corriendo del edificio, pisar la acera y echar a correr mientras las lágrimas ardientes le brotaban de los ojos. Sentía como si le hubieran arrancado el corazón del pecho.
Sabía que el final iba a ser doloroso; ¿cómo no iba a ser así, una vez que se había dado cuenta de que se había enamorado de él?
Había intentado convencerse de que estaba preparada; como si estar preparada para que todo acabara fuera a dejar su corazón intacto.
Pero Lexie no esperaba que él fuera tan cruel al poner fin a la relación.
Había esperado que pasaran una última noche maravillosa juntos antes de seguir caminos separados.
Pero eso no había ocurrido y en ese momento Lexie estaba pagando el precio de su estupidez. Había creído que había llegado a conocer al hombre que se escondía tras la imagen de estrella del rock, pero se había equivocado. Resultaba que no lo conocía en absoluto.
Lexie no sabía muy bien adónde ir; solo necesitaba salir de allí, alejarse y pasar el resto del día sola mientras decidía qué tenía que hacer para regresar a casa.
Podía encargarse después del resto de sus cosas.
Iba a perderse los últimos conciertos, pero en su contrato no había nada que dijera que tuviera que estar en todos.
Su risa fue amarga. De todos modos, Connor prácticamente le había ordenado que se fuera.
Tenía razón cuando le había dicho que tenía fotos más que suficientes para el libro.
Lexie se rascó la frente. Aún tenía que dedicar tiempo a editar las fotos y montarlo todo, y luego enviar una maqueta para su aprobación.
Todavía no iba a poder cortar los lazos con la banda.
Pero esperaba poder terminarlo antes de marcharse a Canadá, y entonces iba a poder tomarse el tiempo necesario para llorar lo que había perdido allí.
Lexie no prestó atención a adónde se dirigía, simplemente siguió alejándose del hombre que había llegado a significar tanto para ella. Ese día iban a estar solas ella y su cámara, tal y como había sido desde que Damien había fallecido.