Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 38
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C onnor

Cuando sonó el despertador de Connor aquella mañana, estuvo a punto de mandarlo todo al carajo y quedarse donde estaba, acurrucado junto al cuerpo cálido y suave de Lexie.

A esas alturas ya no sabía si le importaba que los demás se enteraran de que habían estado acostándose juntos, pero acabó obligándose a salir de la cama, porque no tenía claro cómo se habría sentido Lexie si la gente lo supiera, y no quería molestarla.

Tras vestirse, se quedó mirándola durante un largo minuto, frustrado por el tira y afloja de sus emociones.

Sus ojos recorrieron su figura dormida: su cabello oscuro se extendía en abanico sobre la almohada, sus largas pestañas le rozaban los pómulos y tenía los labios entreabiertos.

Era preciosa —por dentro y por fuera— y aquella emoción desconocida volvió a surgir en su pecho.

Esa en la que había estado intentando no pensar demasiado durante las últimas semanas.

Una parte de él quería agacharse, besarla, acariciarla hasta despertarla y abrazarla con fuerza —y perderse en ella—.

La otra parte quería marcharse y no mirar atrás nunca más.

Como siempre había sido capaz de hacer antes.

Connor se pasó una mano por la cara, suspiró y la dejó durmiendo.

Aún era temprano, pero no había forma de que pudiera volver a conciliar el sueño, así que, cuando regresó a su habitación, se dio una ducha para intentar despejar la mente.

En unos días, la confusión que sentía por culpa de Lexie ya no iba a ser un problema.

Ella se habría marchado y él iba a ocuparse de las consecuencias que pudieran surgir, y entonces todo iba a volver a la normalidad.

Bueno, o a ser tan normal como era su vida, al menos.

Justo cuando estaba cerrando el grifo de la ducha, oyó sonar su móvil.

Miró el reloj, frunciendo el ceño, preguntándose quién lo llamaba a esas horas de la mañana.

Se envolvió la toalla alrededor de la cintura y se acercó a la mesilla de noche, donde tenía el teléfono.

En la pantalla aparecía el nombre de su tía, y frunció el ceño al contestar y poner el altavoz para seguir vistiéndose.

—Connor, hijo mío, siento llamarte tan temprano.

Espero no haberte despertado. —La voz de su tía, con ese acento irlandés que aún conservaba, solía ser tranquilizadora, pero la hora inusual de la llamada lo puso de los nervios.

Sin embargo, parecía más tensa que angustiada, lo que significaba que probablemente no pasaba nada grave.

—No, no pasa nada, solo me estaba duchando. ¿Qué ocurre?

Ella suspiró profundamente.

—Esta mañana he recibido una llamada de Irlanda. —Se puso tenso cuando ella hizo una pausa, sabiendo que una llamada de allí no podía significar nada bueno—. Lo siento, Connor. Odio tener que decírtelo por teléfono, pero tu padre ha fallecido.

Connor se quedó inmóvil mientras intentaba asimilar sus palabras.

—¿Papá ha muerto? Solo tenía poco más de cincuenta años. ¿Qué ha pasado?

—Al parecer, tuvo un infarto, así que fue rápido. No como… bueno, no como podría haber sido.

Connor sabía que se refería a la larga y dolorosa muerte de su madre. Tensó la mandíbula al pensar que su madre había tenido que pasar por todo ese dolor, mientras que su padre se había ido rápidamente. No le deseaba a nadie una muerte dolorosa, pero aun así, de alguna manera no le parecía justo.

Se preguntó si su tía esperaba que fuera al funeral de ese cabrón.

Cualquier amor o preocupación que hubiera sentido por su padre había muerto hacía mucho tiempo.

No le debía nada a ese hombre y, desde luego, no iba a acortar la gira para volar hasta Irlanda por eso.

Teniendo en cuenta el miserable cabrón que había sido su padre, probablemente no habría nadie en su funeral, de todos modos.

—No voy a ir al funeral —afirmó sin rodeos, por si acaso su tía se disponía a convencerlo de que era lo correcto.

Hubo una pausa cargada de significado por parte de su tía antes de que ella respondiera en voz baja.

—Ya han celebrado el funeral, chico. Yo me acabo de enterar esta misma mañana, pero lo enterraron hace unos días.

Connor se quedó atónito. Tampoco era como si hubiera querido ir, pero que ni siquiera le hubieran dado la opción de asistir al funeral de su propio padre era una auténtica mierda.

—Bueno, ¿y quién lo ha enterrado, si somos su única familia? ¿Pueden siquiera hacer eso sin ponerse en contacto con los familiares más cercanos?

Otra pausa espesa, y sus músculos se tensaron anticipando lo que ella iba a decir a continuación. Cuando habló, la compasión era evidente en su voz.

—Lo enterraron su mujer y su hijastro. Se volvió a casar hace unos años. Siento no habértelo dicho cuando ocurrió, pero él no quería hablar contigo sobre ello, y yo no quería que te hiciera más daño del que ya te había hecho.

Connor se sentó en la cama y se tapó el rostro con las manos. Ese maldito cabrón. Su padre lo había abandonado sin pensárselo dos veces y luego se había buscado una familia completamente nueva. Ni siquiera se había molestado en ponerse en contacto con Connor para hacérselo saber.

—¿Quién te llamó para decirte que había muerto? —Era lo único que se le ocurría preguntar.

—Su mujer. Estaba revisando su agenda y encontró mis datos de contacto.

No quería preguntarlo, pero no pudo evitarlo.

—¿No se le ocurrió llamarme a mí?

Otra pausa lo hizo prepararse para otro golpe.

—No sabía nada de ti, cariño. No creo que tu padre se lo dijera nunca. Pensaba que yo era su única familia, y decidí que así iba a seguir siendo. No tenía sentido abrir la caja de Pandora y que tu nombre saliera en la prensa.

—Gracias —respondió Connor mecánicamente, pero el entumecimiento se había apoderado de él.

¿Qué había hecho él para que su padre lo odiara?

¿Lo odiaba tanto como para apartarlo de su vida y ni siquiera reconocer su existencia?

¿Qué clase de hombre puede darle la espalda a su hijo solo por el dolor de perder a su mujer? Era una puta broma.

Su tía seguía hablando, intentando arreglar las cosas de alguna manera, pero Connor ya no quería pensar más en ello.

Había terminado con esa conversación, había terminado de pensar en su padre y había terminado de sufrir por alguien que había dejado de quererlo hacía mucho tiempo, si alguna vez lo había querido.

Interrumpió a su tía.

—Bueno, gracias por avisarme. Tengo que irme ya, pero te llamaré cuando termine la gira. Iré a visitarte.

Apenas esperó a que ella terminara de disculparse de nuevo y de decirle que le encantaría verlo antes de colgar.

Paseó de un lado a otro por su habitación, con la mandíbula tensa y la ira consumiéndolo, y apenas se contuvo para no darle un puñetazo a la pared.

Por un instante, pensó en llamar a la puerta de Lexie y hablar con ella sobre el tema, pero enseguida se dio cuenta del error que eso iba a suponer.

Ella no formaba parte de su vida de forma permanente; solo estaba de paso, de camino a otro lugar…

hacia otra persona. Lo cual le venía bien, porque estaba más que seguro de que no quería involucrarse emocionalmente con una mujer que seguía enamorada de otro hombre, aunque ese hombre estuviera muerto.

Sobre todo si ese hombre estaba muerto. Porque ya había aprendido por las malas que no se puede competir con un fantasma por el afecto de alguien. Siempre salías perdiendo.

No quería permitir jamás que alguien volviera a estar en una posición en la que pudiera hacerle daño.

La había fastidiado al pasar tiempo con Lexie, al dejar que ella jugara con sus emociones, al empezar a confiar en que ella iba a estar ahí para él.

Porque confiar en que Lexie iba a estar ahí para él era un error.

Uno que no podía permitirse sabiendo que ella se iba a marchar sin mirar atrás cuando todo acabara.

A fin de cuentas, las únicas personas que de verdad se preocupaban por él, como persona, eran sus compañeros de banda y su tía.

Eso era lo que debía recordar. Estaba furioso consigo mismo por haber estado a punto de caer en la trampa de acercarse demasiado a Lexie, y furioso con ella por haber entrado en su vida y haberle hecho sentir cosas que no quería sentir.

Connor cerró los ojos e intentó respirar profundamente para calmarse.

Pero la furia que lo azotaba no remitía.

Tenía que salir de su habitación antes de hacer alguna tontería.

Como destrozarla. Cogió el teléfono y llamó al equipo de seguridad de la banda para que alguien fuera a recogerlo y así poder largarse de allí de una vez.