Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 37 #2
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37 #2

—El problema es que, ahora que lo he conseguido, no estoy seguro de que sea lo que yo esperaba.

Mi madre sigue muerta, mi padre sigue sin querer saber nada de mí y, aparte de mi tía, mis amigos son mi única familia, las únicas personas a las que quiero.

—Hizo una pausa, disfrutando del tacto de su suave piel—.

¿Qué hago si esto no es suficiente? ¿Hacia dónde voy a partir de aquí?

¿Quién soy si no soy el cantante de Fractured?

Los chicos son mi familia tanto como mi tía, así que ¿cómo podría abandonarlos?

No sé si puedo alejarme de ellos, de todo esto, aunque se me ocurriera otra cosa que quisiera hacer y convertirme en otra persona.

—¿Y no les has contado a los demás cómo te sientes?

Solo de pensarlo sintió un nudo en el pecho.

—En cuanto se lo cuente a alguien, tendré que enfrentarme a ello, con gente intentando convencerme de qué es lo que siento, de lo que debería hacer.

Necesito resolverlo por mí mismo. Al fin y al cabo, si esto no es más que una fase provocada por el cansancio de la gira, quizá me despierte dentro de un mes preguntándome por qué demonios me preocupaba.

Ella asintió lentamente, reflexionando sobre lo que él había dicho, pero sin juzgarlo.

—Aun así, parte de tener una familia que te apoya es que te ayude a aclarar las cosas. Puede que la tuya no sea una familia tradicional, pero sigue siendo tu familia. A veces, lo único que necesitamos para ver las cosas con claridad es tener a alguien con quien hablar.

Cerró la boca justo a tiempo antes de soltar lo que iba a decir: «Te tengo a ti para hablar» .

Porque dentro de unos días ella se habría ido, y ya no iba a tenerla para charlar con ella.

Sintió un nudo en el pecho aún más fuerte que cuando había pensado en contarles a sus amigos cómo se sentía.

No quería darle demasiadas vueltas a por qué le invadía ese mismo temor al pensar en que Lexie se marchara.

Tampoco quería pensar en por qué le había susurrado «Mía» al oído mientras hacían el amor un rato antes.

Sus sentimientos al respecto eran demasiado complicados como para pensar en ellos.

Apartando ese pensamiento de su mente, se le ocurrió algo de repente.

—¿Dónde está tu cámara?

Ella se volvió para mirarlo con curiosidad.

—Está en el salón. ¿Por qué?

Se levantó de la cama, sonriéndole ante su expresión de recelo.

—Vamos.

Tuvo que reprimir un gemido cuando ella salió de la cama y se dirigió hacia su maleta; la luz de la luna que entraba por la ventana acariciaba su piel sedosa, tal y como sus dedos, de repente, ansiaban volver a hacer.

Bueno, aún no era de día; ya habría tiempo para eso más tarde, pero en ese momento había algo que quería hacer.

Ella abrió la maleta y sacó un conjunto de sujetador y braguitas de encaje. Verla ponerse la ropa interior lo excitaba tanto como verla quitársela, y ya se le estaba poniendo dura de nuevo.

Cuando ella se volvió hacia él, sus ojos recorrieron automáticamente su cuerpo antes de posarse en su creciente erección.

Al ver cómo se le abrían los ojos, tuvo que obligarse a no abalanzarse sobre ella y arrancarle de un tirón esas escasas piezas de encaje de su precioso cuerpo.

En lugar de eso, sacudió la cabeza para despejar su mente, luego la cogió de la mano y la llevó al salón.

Tras localizar la ropa que habían dejado tirada, se puso unos calzoncillos negros.

—Bueno, ¿cuál es el gran misterio? —preguntó Lexie.

Se volvió hacia ella y vio que había sacado la cámara de la bolsa.

—Supongo que podrás ponerle el temporizador a esa cosa, ¿no?

Ella bajó la vista hacia la cámara.

—Sí, puedo programarla para un retraso de hasta veinte segundos. O tengo un mando a distancia para dispararla si crees que vas a necesitar más tiempo que eso.

—Ah, sin duda necesitaré más tiempo que eso para lo que quiero hacer. —Sonrió al ver cómo se le sonrojaban las mejillas. Le encantaba que reaccionara así, incluso cuando estaba delante de él prácticamente desnuda después de que se hubiera corrido varias veces en las últimas horas.

—Tendrás que decirme qué tienes pensado para que pueda preparar la cámara. Aunque creo que soy capaz de adivinarlo. — Lo miró de reojo, con una sonrisa bailando en sus labios.

—Voy a enseñarte a tocar la guitarra. Él sonrió ante la sorpresa que se reflejó en su rostro.

—Aquí no tenemos ninguna guitarra.

—No la necesitamos.

—Estoy muy confundida —dijo ella, y se echó a reír.

Dios, cómo le encantaba su risa; ese sonido siempre lo hacía sentirse más ligero.

Una vez más, apartó de su mente el pensamiento de cómo se iba a sentir cuando ella se marchara y lo dejó aparcado para cuando sucediera.

En ese momento, lo importante era recordar ese instante y a esa mujer, algo que nunca había sentido la necesidad de hacer.

Cogió una silla de un rincón de la habitación y la puso en el centro.

—Nos vamos a sentar aquí y te voy a enseñar a tocar la guitarra.

Lexie frunció el ceño, incrédula.

—A ver si lo entiendo bien. ¿Vas a enseñarme a tocar la guitarra… sin una guitarra?

—Exacto. Y quiero que hagas una foto.

Ella lo miró, mordiéndose el labio inferior.

—Pero esto no será para el álbum de fotos, ¿verdad?

—No, esto es para mí… Para nosotros, quiero decir. Un recuerdo.

Una emoción se dibujó en su rostro, demasiado rápida para que él pudiera distinguir de qué se trataba.

Pero entonces esbozó una sonrisa que le levantó las comisuras de los labios y se dio la vuelta para mirar hacia donde él había colocado la silla.

Connor pudo ver cómo se lo imaginaba en su mente, pensando en lo que tenía que hacer para que funcionara.

Le ponía muchísimo verla concentrada en su arte; en cuanto terminaran con eso, iba a llevársela derechita a la cama.

—Vale —dijo ella—. Voy a necesitar mi trípode.

—Lo sacó de su maletín y lo colocó en ángulo frente a la silla.

A continuación, montó la cámara en él, miró la pantalla LCD y pulsó unos cuantos botones—.

¿Puedes sentarte ahí para que compruebe el enfoque?

—Él se acercó, se recostó en la silla y la observó mientras ajustaba la cámara—.

Creo que voy a hacerla en blanco y negro —decidió.

Pulsó el botón de disparo y luego se asomó por encima de la cámara para mirarlo, con una sonrisa en los labios—.

Estás increíble. Podría vender esa foto por un montón de dinero.

—¿Y lo vas a hacer? —preguntó, aunque, en realidad, no creía que fuera capaz.

Su sonrisa se atenuó un poco y luego repitió sus palabras en voz baja.

—Esa es solo para mí. —Se enderezó y lo miró.

—¿Todo listo? —preguntó él.

—Todo listo. ¿Y ahora qué?

—Ven aquí. —Notó la ronquera en su voz al pensar en tenerla de nuevo entre sus brazos.

Lexie debió de oírla también, porque sus ojos se oscurecieron y se le marcaron los pezones a través del encaje transparente de su sujetador.

Lexie cogió un pequeño mando a distancia y se acercó para situarse entre sus piernas, mirándolo desde arriba con sus enormes ojos grises.

Parecía un sueño hecho realidad, con su cabello oscuro sobre los hombros y esa suave extensión de su piel cremosa que pedía a gritos que la acariciara.

Connor cerró los ojos e inspiró hondo, concentrándose en lo que quería hacer—.

Vale, siéntate en mi regazo dándome la espalda.

—Ella arqueó una ceja, pero se dio la vuelta y se sentó, acurrucando su precioso trasero contra él, lo que le provocó una erección instantánea.

Estaba seguro de que se retorció un poco más de lo estrictamente necesario para colocarse en su sitio—.

Pon tus piernas sobre las mías —dijo con voz ronca.

Ella movió sus esbeltas piernas para que quedaran sobre las de él.

A continuación, le recorrió el brazo con los dedos de la mano izquierda, y sus labios esbozaron una sonrisa al ver la estela de piel de gallina que dejaba a su paso.

Le cogió la mano entre las suyas y repitió el movimiento con la mano derecha.

Se echó hacia delante de modo que su pecho quedara pegado a la espalda de ella y su barbilla descansara sobre su hombro; luego le movió los brazos y las manos para imitar la postura que habría adoptado si estuviera sosteniendo una guitarra.

La sensación de su piel suave y cálida contra él hizo que su respiración se volviera más superficial, pero intentó no dejarse distraer.