36 #2
Al oír su nombre, Connor se quedó inmóvil y lo único que ella oyó fue el sonido de su respiración entrecortada a sus espaldas.
Extendió la mano hacia atrás y le clavó los dedos en las caderas, intentando que se moviera, pero no tardó en darse cuenta de que él también estaba a punto de llegar al límite.
No le importaba. Estaba tan cerca que quería que se moviera dentro de ella y lo quería ya.
—No pares —rogó Lexie, sin aliento, intentando arquear más la espalda para recibirlo todo, aunque no creía que pudiera penetrarla más de lo que ya lo estaba haciendo. Era como si su cuerpo le estuviera diciendo lo que su corazón ya sabía: nunca iba a cansarse de él.
—Dios, Lexie, eres perfecta —suspiró él, antes de retirarse lentamente casi por completo. Su cuerpo gritó ante el vacío, de modo que cuando él volvió a penetrarla con fuerza, el placer fue casi abrumador.
—Ah, Dios mío —jadeó, y volvió a gritar cuando él se retiró y volvió a penetrarla.
Tenía las dos manos sobre sus pechos, le acariciaba y le pellizcaba los pezones, manteniéndola al límite hasta que ella estuvo desesperada por encontrar alivio.
Lexie se dio cuenta de que le suplicaba una y otra vez—: Por favor, por favor, por favor.
—Se habría avergonzado, pero no le importaba que él supiera lo que le hacía.
Lo único que importaba en ese momento era el hombre que estaba dentro de su cuerpo…
y de su corazón. La respiración de Connor también se estaba volviendo entrecortada, y bajó la boca hasta ese punto sensible de su cuello que la volvía loca y dejó ahí un reguero de besos cálidos y húmedos.
Ella se retorció contra él—. Connor, estoy a punto.
Por favor, quiero correrme. —Sabía que habría bastado con que le rozara el clítoris con un dedo para que llegara al clímax, pero en vez de eso se retiró de ella, dejándola desorientada y jadeando.
Lexie no tuvo tiempo de preguntarse qué pasaba, porque Connor hizo que se diera la vuelta para quedar de cara a él, le rodeó la espalda con las manos para agarrarle la parte posterior de los muslos y la levantó.
Instintivamente, ella lo rodeó con las piernas mientras él la empotraba de nuevo contra la pared y se introducía en ella con un único y fuerte empellón.
Ella gritó e intentó arquearse contra él lo mejor que pudo cuando él la tuvo encerrada entre el acero de su cuerpo y la pared.
La nueva postura le proporcionó la fricción contra el clítoris que necesitaba y, tras solo dos embestidas, se corrió.
Mientras su cuerpo se tensaba a su alrededor, él bajó la boca hasta su cuello, moviendo los labios contra ella mientras le susurraba algo.
No pudo oír lo que decía por culpa de sus propias respiraciones entrecortadas y sus gemidos, pero al instante siguiente sintió su boca abierta sobre su piel; el calor y la succión le indicaban que le estaba dejando una marca.
Era la primera vez que hacía algo así, y la idea de que él la marcara de esa manera fue como echar leña al fuego de su orgasmo.
Se retorció entre sus brazos ante la intensidad del placer que la invadía, rebotando desde donde él la penetraba hasta los confines más lejanos de su cuerpo.
Dos embestidas más tarde, él se unió a ella, tensando los músculos mientras se hundía hasta el fondo, dejando escapar un largo gemido gutural mientras pulsaba dentro de ella.
Permanecieron así durante un largo instante, con sus jadeos entrecortados como el único sonido en la habitación.
Lexie tenía la cabeza hundida contra el cuello de Connor, y cuando por fin se apartó y levantó la vista hacia él, el corazón le dio un vuelco ante la intensidad de sus ojos verdes, que la atravesaban con su mirada ardiente.
Sintiéndose de repente expuesta, segura de que todo lo que sentía por él se reflejaba claramente en su rostro en ese momento, soltó un suspiro tembloroso. En lugar de decir lo que albergaba su corazón, Lexie se obligó a recomponerse lo suficiente como para sonreírle.
—Ha sido increíble.
Durante un segundo, sus ojos la escudriñaron, como si buscara algo más. Ella mantuvo la sonrisa, ahora ligeramente temblorosa, en los labios —sin querer que él supiera lo conmovida que estaba— hasta que él imitó el gesto.
—Cada momento contigo es increíble —dijo él, y la dejó deslizarse hacia abajo hasta que sus pies tocaron el suelo.
Ella cerró los ojos ante el daño que le hacían esas palabras, porque tenía razón: lo que había entre ellos físicamente era increíble.
Ya sabía que Connor la había echado a perder para cualquier otro hombre.
Y en unos días, él iba a dejarla marchar, y ella iba a quedarse intentando encontrar a alguien que pudiera hacerla sentir siquiera una fracción de lo que él le había hecho sentir.
Lexie suspiró y se acurrucó contra él, rozando con un suave beso la cálida piel sobre su corazón.
Connor le puso la mano debajo de la barbilla e hizo que echara la cabeza hacia atrás, mirándola de nuevo fijamente a los ojos; luego se agachó y rozó sus labios con los de ella. Al apartarse, sonrió.
—Venga, vamos a darnos una ducha. La noche aún es joven y tengo planes para ti.
Lexie soltó una risa forzada. Iba a asegurarse de grabar cada segundo de aquella noche en su memoria para tener algo a lo que aferrarse en las largas y vacías noches que la esperaban.