Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 36
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L exie

Las semanas habían pasado muy rápido. Demasiado rápido: faltaba menos de una semana para que terminara la gira.

A Lexie le pesaba la cámara en las manos mientras la levantaba para hacer fotos del estadio abarrotado.

La música y los gritos de la multitud le retumbaban en el pecho, pero no era eso lo que le provocaba esa opresión.

Lexie sabía que se había dejado llevar demasiado con Connor, pero no había sabido cómo frenarse; de todos modos, casi desde el principio había sabido que eso iba a pasar.

Había estado muy dividida durante los últimos días, sintiéndose atraída hacia él como una polilla hacia la llama, a pesar de saber que iba a acabar quemándose.

Lexie también había notado un cambio en su comportamiento.

Era sutil y, al principio, pensó que se lo estaba imaginando.

En privado, él seguía actuando como si no se cansara de ella.

Pero en público, parecía estar alejándose de forma lenta pero segura.

Todo era un poco menos: menos charla, menos coqueteo, menos estar cerca de ella sin más.

Para ella era obvio que él se estaba preparando para marcharse en unos días.

Tampoco era como si no supiera qué iba a pasar.

Él le había dejado claras sus expectativas desde el principio y no había sido más que sincero y abierto sobre lo que quería de ella.

Se lo había explicado con todo detalle y, como habría hecho cualquier otra mujer del mundo, ella se había apresurado a firmar en la línea de puntos.

Por muy doloroso que fuera, sabía que era lo mejor.

Sabía que no había ningún futuro posible en el que los dos acabaran juntos.

Lo sabía, aunque su corazón se rompiera un poco más cada vez que él apartaba la mirada de ella.

Así que iba a mantener la cabeza alta, a conservar la sonrisa en el rostro y a no permitirle saber cuánto daño le hacía pensar en el final.

Esa noche estaba fotografiando el concierto desde el foso — la zona situada delante del escenario, detrás de la barrera de seguridad—. Estaba fotografiando al público, centrándose en las manos que se alzaban, en la mezcla de éxtasis y desesperación en los rostros de los fans.

Como ya se conocía el repertorio de memoria, sabía cuál era la siguiente canción. Era su favorita y casi siempre se le llenaban los ojos de lágrimas al oírla. Era una de las pocas canciones acústicas del concierto, en las que Connor se sentaba en un taburete y tocaba la guitarra, solo bajo el foco.

La canción, What Could Have Been , trataba sobre una oportunidad de amor perdida, y la letra llena de sentimiento, interpretada con la voz aterciopelada y grave de Connor, era como un puñetazo en el estómago.

La primera vez que la había escuchado, había pensado en Damien.

En ese momento no podía evitar pensar en Connor y en cómo iba a sentirse al marcharse dentro de unos días, cuando terminara la gira.

Al oír los acordes familiares a sus espaldas y ver la emoción en los rostros de los fans, no pudo evitar darse la vuelta para mirar. Si solo le quedaban unos días, quería conservar tantos recuerdos como pudiera.

Suspirando con admiración, contempló la escena.

El resto del escenario estaba a oscuras y Connor estaba sentado en un taburete iluminado por un foco.

Sus musculosos brazos acunaban su guitarra acústica mientras sus dedos rasgueaban los acordes de la introducción de la canción.

Echó la cabeza hacia atrás un poco para poder cantar al micrófono, pero mantuvo los ojos cerrados.

A medida que la canción se acercaba al estribillo, Lexie sintió ese escozor en el fondo de los ojos que anunciaba las lágrimas que, por más que lo intentara, no podía contener cada vez que escuchaba ese tema.

Cuando comenzó el estribillo, él por fin abrió los ojos, pero en lugar de mirar al público como solía hacer, se volvió hacia ella y se quedó así durante toda la canción.

Aunque los dos se encontraban en un estadio a rebosar con decenas de miles de fans, aquel momento pareció íntimo, como si estuvieran solos y él le estuviera cantando a ella y a nadie más.

Intentó contener las lágrimas, pero ya estaban tan cerca de derramarse que, a pesar de sus esfuerzos, se desbordaron y le resbalaron por las mejillas.

Quería apartar la vista para recomponerse, pero se sentía clavada al suelo por la intensidad de la expresión de Connor.

En lugar de eso, intentó secarse las lágrimas discretamente y vio cómo él entrecerraba los ojos.

Cuando las últimas notas de la canción se desvanecieron, el público enloqueció.

Y su corazón también. Maldita fuera. Marcharse dentro de unos días iba a matarla.

Más tarde, durante la fiesta posterior al concierto, sintió la presencia de Connor a sus espaldas mientras sacaba una foto de Tex charlando animadamente con un fan.

Se volvió un poco hacia él para reconocer su presencia y se estremeció al sentir cómo sus dedos se deslizaban por la piel desnuda de su brazo.

Connor se agachó hacia ella y le susurró al oído.

—Vámonos.

Se volvió hacia él, sorprendida, ya que el grupo solo había llegado hacía unos veinte minutos. Normalmente le gustaba quedarse un rato, ya que la gente había pagado o incluso había ganado concursos para conocer al grupo. Por la mirada decidida de su rostro, estaba claro que no era una pregunta.

Al ver que ella no respondía de inmediato, la agarró de la mano y la llevó a rastras tras de sí.

Eso la sorprendió aún más, ya que normalmente intentaban no hacer nada demasiado sospechoso en público.

Pero su urgencia era emocionante, y ella podía sentir cómo su cuerpo reaccionaba ante la anticipación de la noche que los esperaba.

Para cuando llegaron a la habitación de su hotel, Lexie estaba tan nerviosa que le temblaban las manos al coger su tarjeta de acceso.

En cuanto abrió la puerta, él la empujó al interior y cerró tras de sí con un portazo.

Entonces su boca se posó sobre la de ella, y fue un beso diferente a todos los que se habían dado antes: un choque desesperado de labios, dientes y lengua.

Ella gimió y se arqueó contra él, y él le rodeó la espalda con un brazo y la levantó hasta que ella pudo rodearle la cintura con las piernas.

La inmovilizó entre su cuerpo y la pared, restregando su erección contra ella, y Lexie se estremeció al sentirlo contra su sensible centro.

Estaba tan ansiosa, tan hambrienta de él, que creyó que habría podido correrse solo con eso.

Los labios de Connor se pegaban con fuerza a los de ella — casi hasta dejarla marcada—; su lengua se adentraba en su boca, reclamándola. El sabor de él la abrumaba, cada una de sus terminaciones nerviosas cobraba vida con la promesa de lo que estaba por llegar.

La besó así hasta dejarla sin aliento; luego bajó la cabeza hacia su cuello, lamiendola y dejando un rastro ardiente todo a lo largo. Sin previo aviso, la soltó e hizo que se pusiera de pie de nuevo frente a él y que se diera la vuelta para que su cuerpo grande y duro quedara a su espalda.

Mientras le acariciaba la sensible piel del cuello con los labios y la lengua, le rodeó la cintura con las manos y le desabrochó los pantalones cortos; se los bajó por las piernas junto con las bragas para que pudiera quitárselos.

Connor seguía sin decir ni una palabra, y ella estaba tan sumida en una neblina de lujuria que tampoco encontraba una frase apropiada.

Se preguntó si él se sentía la mitad de desesperado que ella.

Connor agarró el bajo de su camiseta sin mangas y se la pasó por encima de la cabeza; luego le desabrochó el sujetador y dejó que se deslizara por sus hombros.

Por fin estaba desnuda, con su cuerpo sobrecalentado y sus sensibles pechos contra el frescor de la pared.

Él seguía completamente vestido; le rodeó el torso por delante y deslizó la mano hasta la unión de sus muslos, gimiendo cuando sus dedos se hundieron en su calor resbaladizo.

—Siempre estás tan húmeda para mí… —murmuró contra su piel, casi demasiado bajo para que ella lo oyera.

A modo de respuesta, ella abrió más las piernas para darle un mejor acceso y luego se estremeció cuando él introdujo un dedo, y luego dos, en su interior, acariciándola justo como ella necesitaba.

Estaba tan a punto que no hizo falta más que eso y un par de caricias con el pulgar sobre su clítoris para que ella empezara a gemir y a retorcerse contra la pared, con las piernas temblorosas.

Solo entonces se apartó de ella y se desnudó.

Empezó a darse la vuelta, pero él la frenó—.

No te muevas. —Su voz era tan grave y tensa que sonaba casi salvaje.

Lexie volvió la cabeza al frente y la apoyó contra la pared, con las manos a los lados. El corazón le latía con tanta fuerza en el pecho que podía sentir su ritmo por todo el cuerpo. No estaba muy segura de lo que estaba pasando; lo único que sabía era que nunca se había sentido tan excitada.

De repente, una piel caliente y unos músculos duros se pegaron a ella, y se quedó sin aliento en un instante.

Connor la rodeó con los brazos; levantó una mano para acariciar su pecho y la otra bajó por su vientre hasta llegar a su entrepierna.

Volvió a meterle los dedos para asegurarse de que estuviera lista para él.

El gemido que dejó escapar debió de decirle todo lo que necesitaba saber, porque retiró la mano y ella sintió cómo su miembro, caliente y duro, se deslizaba entre sus pliegues para luego penetrarla.

Lexie arqueó la espalda para facilitarle el acceso y, cuando él se introdujo profundamente con una embestida suave, no pudo evitar gritar su nombre. Ya estaba a punto de correrse de nuevo, tensando los músculos internos.