Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 34 #2
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Tras unos minutos más de ruidos en la litera de abajo, seguidos de un pequeño suspiro de frustración, Connor sonrió para sus adentros.

Se bajó de su litera y se dejó caer en silencio al suelo, junto al rincón con cortina de Lexie.

Agachándose, susurró su nombre, sin querer sobresaltarla y que hiciera ruido y despertara a los demás.

Cuando oyó su suave respuesta, llena de interrogantes, corrió la cortina y se deslizó a su lado.

Lexie pareció sorprendida, pero no protestó cuando él se metió bajo las sábanas y tiró de ellas para taparlos a los dos.

—Hola —susurró él—. No podía dormir.

Ella se rio en voz baja.

—Sé lo que se siente.

Tumbados de lado, uno frente al otro, bajó la boca y la besó en los labios hasta que ella se abrió para él. Ella gimió cuando él deslizó la lengua en su boca, y Connor se apartó para susurrarle al oído.

—No tan alto, cariño. Zac y Tex duermen como troncos, pero no quiero correr ningún riesgo.

Deslizó la mano por debajo de su camiseta, acariciando la cálida piel satinada de su vientre, antes de subir aún más, con los dedos rozando el costado de su pecho.

Lo rodeó y luego acarició la punta dura de su pezón entre los dedos.

La respiración de Lexie se volvió errática, pero se mantuvo en silencio; pasó la mano por encima de su hombro y le acarició la espalda.

Connor no quería tentar a la suerte más de lo que ya lo había hecho y retiró la mano, dispuesto a marcharse y dejarla dormir un poco.

Pero cuando Lexie empezó a quitarse los pantalones cortos y las bragas, no pudo resistirse a ayudarla; le puso las manos en el trasero y pegó las caderas a las de ella para que pudiera sentir su erección.

Lexie ya estaba tan húmeda que podía notarlo incluso a través de la tela de sus calzoncillos y su corazón latía con tanta fuerza en el pecho que casi le hacía daño.

Aún en completo silencio, Lexie se restregó contra él, y Connor se sintió a punto de enloquecer de lujuria.

Debía ponerle fin cuanto antes. Cuando había bajado hasta ahí, solo tenía la intención de besarse un poco con ella, sin esperar en absoluto que quisiera ir más allá mientras estaban en las literas. Acercó la boca a su oído y le susurró.

—Lexie, cariño, no tenemos por qué hacer nada esta noche. Sé que este no es el mejor sitio. Podemos esperar hasta que lleguemos a un hotel.

Pero Lexie no parecía querer parar y se limitó a besarlo en los labios, manteniéndose decididamente en silencio.

Su mano se deslizó hacia la entrepierna de Connor, enganchó los dedos en la parte superior de sus calzoncillos y se los bajó para dejar al descubierto su pene; él no habría podido detenerse aunque hubiera querido.

Connor se quitó de un tirón los calzoncillos y quedaron desnudos, salvo por la camiseta de Lexie.

Deslizó su miembro erecto contra su húmedo centro, y la sensación fue tan exquisita que se estremeció contra ella.

Lexie finalmente dejó escapar un leve gemido y, luego, tan bajito que apenas pudo oírla, susurró.

—Te quiero dentro de mí.

Joder .

La deseaba con todas sus fuerzas, pero no tenía condón. No había esperado que las cosas llegaran tan lejos, lo cual, teniendo en cuenta la química sexual que había entre ellos, había sido una auténtica estupidez por su parte.

—No tengo condón, cariño —le susurró él a su vez, con la misma suavidad, mientras seguía restregándose contra su suavidad.

Ya le había dicho que nunca se había acostado sin protección con ninguna de las mujeres con las que había estado y que se hacía pruebas periódicamente por seguridad, pero de ninguna manera quería dejarla embarazada.

Sin embargo, se sentía tan bien que fácilmente podía hacer que ambos llegaran al clímax solo con eso.

La respiración de Lexie se volvió entrecortada y, a continuación, echó la cabeza hacia delante de modo que sus labios quedaran justo junto a su oreja y le susurró tan bajo que casi no captó lo que decía.

—Tomo la píldora. No puedo esperar a llegar al hotel; te necesito ahora mismo.

Los dedos de Connor se hundieron en sus caderas para impedir que ella se restregara contra él; la idea de hundirse en ella sin nada entre ellos lo tenía al borde de perder el control.

Si la oleada de lujuria que lo invadió no hubiera sido tan extraña, casi se habría reído de sí mismo.

El roquero playboy a punto de correrse solo con la idea de poseerla a pelo.

Su respiración era entrecortada cuando puso la frente sobre la de ella.

—¿Estás segura? —Le costó muchísimo decirlo, pero no quería que ella se arrepintiera de nada.

—Estoy segura —susurró Lexie, y luego bajó la mano para guiar su miembro hasta su entrada.

Él inspiró profundamente por la nariz mientras comenzaba una larga y lenta penetración en su estrecho y húmedo calor.

Joder, la sensación de cómo ella se dilataba a su alrededor era increíble, y para cuando estuvo completamente dentro de ella, los dos se mantenían casi rígidos con el esfuerzo necesario para no hacer ruido.

Lexie tenía la pierna de arriba enganchada en su cadera y la cara apoyada contra su pecho. Sus alientos cálidos y temblorosos le acariciaban la piel mientras él se mantenía inmóvil, intentando recuperar el control.

Cuando notó que la tensión de su cuerpo se relajaba un poco, se retiró casi por completo y volvió a empujar con otra larga y lenta penetración.

Para no hacer demasiado ruido, se vio obligado a deslizarse lenta y repetidamente dentro y fuera de ella, lo cual resultaba a la vez frustrante e increíblemente erótico.

Una larga y lenta escalada hacia algo estupendo.

En silencio, en la oscuridad, los sentidos principales en juego eran el tacto y el gusto, y Connor quería tocarla y saborearla por completo.

Levantó la mano, agarró a Lexie por el pelo e hizo que echara la cabeza hacia atrás, de modo que su cuerpo se arqueó.

Le subió la camiseta por encima de los pechos y bajó la cabeza para lamerle el pezón; se lo chupó y se deleitó con el sabor agridulce de su piel.

Le dio un mordisco suave, y la sensación hizo que sus caderas se movieran contra él.

Sin nada entre ellos, podía sentir el cuerpo de Lexie, cada vez más resbaladizo, más caliente y más ceñido con cada embestida larga y deliberada, y su orgasmo fue creciendo con una intensidad sorprendente.

El sudor brotó de su piel ante el control que estaba ejerciendo para no rendirse y empujar con fuerza dentro de ella, de modo que pudiera sentirla explotar a su alrededor.

La respiración de Lexie se hacía cada vez más rápida.

De repente, se tensó aún más, y sus músculos internos palpitaron alrededor de su pene a medida que se acercaba al clímax.

Con una última embestida larga, lenta y casi agónica dentro de ella, arqueó la espalda y se corrió con fuerza.

Él le tapó la boca con la suya, ahogando el gemido sordo que ella intentaba en vano contener.

Sus músculos se tensaron casi hasta el punto de hacerle daño antes de que la sensación de ella apretándose a su alrededor lo llevara al límite.

Connor tuvo que reprimir su propio gemido profundo ante una eyaculación que parecía no tener fin.

No se parecía a nada que hubiera experimentado antes.

Cuando por fin amainó, pudo sentir a Lexie temblando contra él; la intensidad de su orgasmo había igualado a la de él. Agachó la cabeza y le prodigó suaves besos por el rostro y los labios mientras intentaba recomponerse.

—Lexie… —susurró, pero no terminó la frase, porque no sabía qué era lo que quería decir.

Ella no respondió, solo se pegó a él y echó la cabeza hacia atrás para darle un beso largo y lento en los labios.

Dios, iba a acabar con él. El sexo con ella era más que increíble.

Cada. Puta. Vez .

A medida que su ritmo cardíaco volvía lentamente a la normalidad, se separó de ella. A regañadientes, le bajó la camiseta, buscó a tientas sus pantalones cortos y la ayudó a ponérselos de nuevo, y luego se vistió él.

Sin haber dicho nada aún, hizo que se diera la vuelta para que ella quedara de espaldas contra su pecho.

Aunque sentía que el sueño le vencía, esperó a que su respiración se ralentizara y se estabilizara antes de darle un suave beso en la cabeza y salir de la litera.

No iba a poner en evidencia a Lexie arriesgándose a que los demás lo vieran salir de ahí por la mañana.

De vuelta en su litera, se tumbó en la oscuridad con un brazo sobre los ojos, con la mente trabajando a toda máquina.

¿Qué demonios estaba haciendo? No dejaba de esperar a que su atracción por Lexie se desvaneciera; esperaba que sucediera y a la vez temía que llegara ese momento.

Pero, en lugar de disminuir, parecía hacerse cada vez más fuerte.

Y lo que era peor, tampoco se cansaba nunca de ella: su pasión por la vida, la forma en que utilizaba su cámara para compartir esa pasión, cómo el sonido de su risa lo hacía sonreír, cómo una sola mirada suya podía hacerle olvidar todo salvo su necesidad de estar dentro de ella…

Se estaba convirtiendo en una adicción y, por primera vez, se dio cuenta de que, aunque llevaba mucho tiempo preocupándose por si ella iba a acabar herida cuando todo terminara, nunca había llegado a pensar que él tampoco saldría ileso.