29 #2
Pillada por sorpresa, intentó reordenar sus pensamientos.
—Eh… Sí, lo tengo. Un par de semanas después de terminar con vosotros, tengo un contrato para una sesión fotográfica en Canadá.
Es para una revista de viajes, así que haré muchas fotos de paisajes y algo de fotografía callejera, lo cual estará bien.
Dedicaré las dos semanas que tengo entre un trabajo y otro a preparar una maqueta de tu libro para que puedas echarle un vistazo mientras estoy fuera del país.
Algo brilló en sus ojos.
—Te encanta tu trabajo, ¿verdad? —Sonaba casi melancólico.
Lexie asintió.
—Sí. Me mantiene alejada de mis propios pensamientos y me permite explorar el mundo.
Creo que es lo que evitó que me amargara tras la muerte de Damien.
—Bajó la mirada hasta sus dedos, que tamizaban la arena cálida, aliviada de que mencionar a Damien no le hubiera hecho ahogarse en el llanto.
Cuando volvió a levantar la cabeza hacia Connor, él estaba contemplando el mar con el ceño fruncido.
Con ganas de distraerlo de lo que fuera que le preocupara, le preguntó—: ¿Y tú qué? ¿Cómo es vivir tus sueños?
Se lo pensó un breve instante antes de responder.
—Durante mucho tiempo fue increíble. La fama, la fortuna, mis amigos y yo tocando música juntos y cobrando cantidades obscenas por ello.
Pero ahora… —Volvió la cabeza hacia ella— .
No se lo he contado a nadie más, pero estoy empezando a cansarme de todo esto.
Las giras constantes, las expectativas de los fans y de la discográfica, la presión para componer el próximo éxito.
Me siento como un puto desagradecido porque seguimos creciendo cada vez más, y debería estar en la cima del mundo.
Pero no es así. Es como si todo el mundo quisiera un pedazo de mí.
Mi identidad como persona ha quedado completamente absorbida por este personaje de estrella del rock.
—Hizo una pausa—. Aunque no me siento así cuando estoy contigo.
Creo que quizá tú puedas verme tal y como soy en realidad. —Se volvió de nuevo hacia el mar.
Lexie sintió una opresión en el pecho al oír lo vulnerable que sonaba en ese momento.
—¿Y qué vas a hacer al respecto? —preguntó en voz baja.
Connor se encogió de hombros.
—Aún no lo tengo claro. Probablemente nada.
Creo que solo es una fase por la que estoy pasando, y que pronto volveré a sentirme como el rey del puto mundo.
—Lexie no sabía muy bien qué responder a eso.
Antes de que pudiera ordenar sus pensamientos, él se volvió hacia ella, con una enorme sonrisa en el rostro, y dijo—: Vamos a darnos un baño.
Ella parpadeó, sorprendida por el abrupto cambio de tema.
—El agua estará fría y no llevo bañador.
—¿Quién necesita un bañador? —dijo él, y, levantándose, se desabrochó y se bajó los vaqueros y se quedó solo con unos ceñidos bóxer negros.
Lexie no podía apartar la mirada de él. Dios mío, habría tenido que ser ilegal que un hombre fuera tan sexy como Connor.
Él le tendió la mano y le dedicó una sonrisa que parecía retarla a lanzarse a la aventura sin pensárselo dos veces.
Riendo, ella la agarró y él la ayudó a ponerse de pie—.
¿Necesitas que te ayude a quitarte la ropa? —preguntó con una sonrisa pícara.
—Ya me las arreglo yo.
Se desabrochó el vestido de verano, muy consciente de que él tenía los ojos fijos en sus dedos mientras la tela se separaba sobre sus pechos.
Llevaba sujetador, pero aun así era imposible no fijarse en los picos duros de sus pezones que se marcaban a través de la fina tela.
Rápidamente terminó de sacarse el vestido.
Connor dejó escapar un sonido inarticulado y ella lo miró a los ojos, fijándose en que su expresión era casi agónica. Al bajar la cabeza, encontró la evidente prueba de su reacción ante su inocente striptease .
—Lo siento, no puedo evitarlo —dijo él con expresión burlona, antes de agarrarla de la mano y tirar de ella hacia el agua.
Al llegar a la orilla, la soltó, corrió y se zambulló en las profundidades azul oscuro. Lexie observó con admiración cómo salía a la superficie unos segundos después, apartándose el pelo mojado de los ojos; se volvió hacia ella con una sonrisa invitadora.
Aunque sentía frío en los dedos de los pies, donde las pequeñas olas los lamían, Lexie no podía resistirse a esa sonrisa de ninguna manera. Él parecía feliz y despreocupado, como si le hubieran quitado un peso de encima, y ella quería disfrutar de toda su atención.
Con un chillido infantil un poco vergonzoso, chapoteó entre las olas, se lanzó al agua y salió a la superficie junto a él, que se reía de ella, así que le salpicó la cara.
Al ver la promesa de venganza en su expresión, se giró para alejarse nadando, pero solo dio unas brazadas antes de que su cálida mano se cerrara alrededor de su tobillo y él la llevara de vuelta hacia sí.
Deslizó la otra mano por su pierna, la agarró por la cintura y la pegó a él.
El contraste entre el calor de su cuerpo firme contra sus pechos y su vientre y el agua fría por todas partes le provocaba una excitación intensa en la piel.
Cuando él agachó la cabeza y la besó en los labios, ella no dudó en abrirse a él.
Iba a acabar haciéndole daño, pero no había forma alguna de que pudiera decir que no a aquello.
Lexie le recorrió los brazos con las manos y las entrelazó detrás de su nuca para poder estrecharlo con más fuerza; los dos respiraban entrecortadamente cuando él se apartó, bajó las manos hasta la parte posterior de sus muslos y la levantó.
—Rodéame con las piernas —pidió él con voz ronca.
Cuando lo hizo, él ya estaba duro y listo para ella.
Ella se restregó contra él, que gimió y bajó la frente para apoyarla contra la de ella—.
Joder, Lexie. Por favor, dime que te has decidido.
No puedo aguantar mucho más esto. —El deseo contenido en su voz hizo que le temblara todo el cuerpo.
—Sí —susurró ella.
Él levantó la cabeza y la miró a los ojos.
—Dilo otra vez —le exigió.
Ella se humedeció los labios, que de repente se habían secado, y habló en voz más alta.
—He dicho que sí.
Al instante siguiente, su boca se posó sobre la de ella y la besó profundamente mientras la ceñía con más fuerza. Cambió la posición de sus manos y los dedos de la derecha se deslizaron por debajo del borde de sus bragas, recorriendo su piel hasta el lugar donde ella ansiaba que la tocara.
Justo antes de llegar allí, sonó un silbido agudo. Lexie dio un respingo y Connor retiró la mano. Al mirar hacia la playa, Lexie no podía creer lo que veía: una pareja que paseaba por el sendero, con un labrador corriendo de un lado a otro por la arena delante de ellos.
Connor maldijo entre dientes.
—El peor momento del mundo —se quejó.
Lexie apoyó la frente contra su pecho, dejando escapar un suspiro tembloroso. Al girar la cabeza hacia la playa, vio que la pareja extendía unas toallas, andaba por la arena y le lanzaba una pelota al perro ansioso.
—Parece que piensan quedarse un rato. Probablemente deberías soltarme.
A regañadientes, dejó que ella se deslizara por su cuerpo, lo que le proporcionó una visión insoportable de lo que podría haber pasado si no los hubieran interrumpido.
Salieron del agua, con Connor guiándola de la mano. Se pasó la otra mano por la cara.
—De todos modos, se está haciendo tarde.
Probablemente deberíamos secarnos y luego volver.
A los demás no les hará gracia que me pierda la prueba de sonido.
—Tiró de ella hacia sí y volvió a aplastar sus labios contra los de ella; deslizó la lengua en su boca y la inundó con su sabor oscuro y masculino.
El beso, lento y profundo, fue tan embriagador y prometedor que la dejó sin aliento.
Por fin, se apartó y dijo—: Seguiremos con esto esta noche, después del concierto.
Ella asintió, temblorosa, y él la llevó hacia la arena para que pudieran secarse, ya que no se les había ocurrido llevar toallas.
El sol calentaba con fuerza al acercarse el mediodía, así que se sentaron lo bastante cerca como para que sus brazos y piernas se tocaran y observaron al labrador persiguiendo una pelota por la playa.
Cuando se habían secado lo suficiente, Connor le pasó su vestido de verano y se puso los vaqueros, pero no la camiseta.
Mientras ella se vestía, él cogió su guitarra, fue hacia el agua y se quedó ahí plantado, contemplando el mar, con el instrumento colgando despreocupadamente sobre el hombro.
A ella se le aceleró el corazón, así que cogió su cámara, quitó la tapa del objetivo y sacó un par de fotos.
Esas eran solo para ella; para ayudarla a sobrellevar la pena cuando se separaran sus caminos.
Parpadeó para contener las lágrimas. Ni siquiera habían empezado, y ya se sentía triste por el final.
Aun así, cuando él se dio la vuelta y regresó junto a ella, con una sonrisa relajada en su precioso rostro, Lexie supo que estaba totalmente entregada a la aventura. Al menos durante las cinco próximas semanas.