29
L exie
Para cuando Lexie se levantó, se duchó, se puso un vestido de verano azul claro y bajó a desayunar a la mañana siguiente, Connor ya había conseguido un coche y había avisado a todo el mundo de que se iban.
Lexie solo le pidió que cogiera su guitarra y, media hora más tarde, los dos salían a toda velocidad en dirección a la costa.
Connor volvía a conducir, y a Lexie no le importaba en absoluto, ya que así podía relajarse en el asiento del copiloto y admirar el paisaje —es decir, al hombre tremendamente sexy que estaba sentado a su lado en el coche—.
Dejó escapar un pequeño suspiro de admiración ante lo guapo que era, lo que hizo que él volviera la cabeza hacia ella.
—¿Va todo bien por ahí? —preguntó él con una sonrisa.
—Solo estoy disfrutando de las vistas. —Señaló la ventanilla del coche, pero la sonrisa de Connor se amplió, como si supiera de lo que estaba disfrutando en realidad.
—La vista es, sin duda, preciosa —respondió él, sin apartar la mirada de ella.
Lexie sintió cómo el rubor le subía por las mejillas, delatando su reacción ante sus palabras.
Por suerte, él volvió a concentrarse en la carretera, dándole a su cuerpo la oportunidad de calmarse.
Debía pensar más detenidamente en la propuesta que él le había hecho, pero después de dar vueltas en la cama durante unas horas la noche anterior, no había sido capaz de avanzar en su proceso de reflexión más allá de querer lanzarse a sus brazos—. ¿En qué estás pensando?
Ella se rio.
—Apuesto a que te encantaría saberlo.
—Me encantaría saber qué está pasando ahora mismo en esa preciosa cabecita tuya, sí.
Como no quería revelar lo cerca que estaba de decirle que sí y de hacer que se detuviera para abalanzarse sobre él, Lexie intentó concentrarse en lo que se suponía que tenían que hacer.
—Ahora mismo estoy intentando pensar en una buena foto para ti —respondió, pensativa, y se tocó la barbilla con el dedo— . Bueno, vamos a la playa. Anoche dijiste que el otro día, en casa de Drew, te sentiste más relajado de lo que te habías sentido en mucho tiempo. ¿A qué se debe eso?
—¿Me estás preguntando por qué me pareció relajante la playa o por qué no he estado relajado últimamente?
—Supongo que las dos cosas. Pero no tienes por qué decírmelo si no quieres.
—Bueno, la respuesta a esas preguntas tiene que ver, en parte, contigo.
—¿Conmigo? —Arqueó las cejas—. ¿Qué quieres decir?
Él negó con la cabeza.
—Lexie, no tienes ni idea de lo duro que ha sido tenerte cerca todo el tiempo y no poder tocarte.
Pensé que después de aquella primera noche contigo sería más fácil, pero no fue así.
Al contrario, cada vez que te ibas a la cama sola, me daba cuenta de lo que me estaba perdiendo. No estoy acostumbrado a esa sensación.
—Vaya. Eso es… eh… eso es increíblemente halagador — dijo ella, con un todo de voz apenas más alto que un susurro.
—No intento halagarte, Lexie, intento explicarte lo que me provocas.
Esa es una de las razones por las que he estado intranquilo últimamente.
Y luego, aquel día y aquella noche en casa de Drew, poder pasar el rato contigo y con mis amigos, sin expectativas, sin que nadie quisiera nada de mí, fue increíble.
Ojalá tuviera tiempo para hacer esa clase de cosas más a menudo.
Verte en bikini también fue un gran punto a favor.
Eso la hizo soltar una carcajada.
—Verte dando vueltas sin camiseta tampoco estuvo nada mal.
—Me desnudaré para ti cuando quieras, cariño.
Así, sin más, volvieron a coquetear, y Lexie supo, por las palpitaciones que sentía en el pecho, que estaba segura al noventa y nueve por ciento de que iba a decirle que sí antes de que acabara el día.
Permanecieron sentados en un silencio no del todo incómodo durante unos minutos más, hasta que Connor hizo una señal y giró a la izquierda.
—¿Adónde vamos? —preguntó ella.
—Uno de los chicos del equipo, que es de por aquí, me habló de esta pequeña playa que, por alguna razón, suele estar desierta en esta época del año. Al parecer, es perfecta si buscas un poco de intimidad. —Cuando él le echó un vistazo de reojo, el calor de su mirada le robó el aliento.
Dios mío . Lexie tuvo que juntar las manos en el regazo para evitar que le temblaran.
Unos minutos más tarde se detuvieron en una pequeña zona de aparcamiento desierta, desde la que partía un sendero cubierto de arena que desaparecía tras la cima de una duna.
Cuando Lexie abrió la puerta y salió del coche, el aire fresco y salado invadió su olfato y disipó parte de la tensión de su cuerpo.
Cerró los ojos y lo inhaló profundamente.
Una ligera brisa agitó los mechones de pelo que se le habían escapado de la coleta y le rodeaban el rostro, y el sol le calentó la piel.
Sonriendo, se volvió hacia Connor, solo para encontrárselo apoyado contra el capó del coche, con los ojos brillantes.
Se incorporó, fue hacia ella, la tomó de la mano y dio un paso hacia el sendero, sin apartar nunca la vista de la de ella, que lo seguía.
Cuando llegaron, se volvió y la guio hasta la cima para que pudiera ver la bonita cala que se extendía ante ellos.
—Vaya, es precioso —exclamó ella, protegiéndose los ojos del resplandor del sol. Un pequeño semicírculo de arena blanca bordeaba el intenso azul cobalto del agua. Un promontorio rocoso cerraba uno de los extremos de la playa—. No me puedo creer que no haya nadie más aquí.
—Sí, es perfecto —dijo Connor; la pegó a él y deslizó las manos por la piel desnuda de sus brazos, dejándole la piel de gallina a su paso.
Ella observó cómo él contemplaba el recorrido de sus manos por su piel, con expresión concentrada.
Habría debido sentirse avergonzada por la reacción de su cuerpo ante él, pero en ese momento ya no le importaba en absoluto.
Connor cerró los ojos e inspiró hondo, y luego se apartó de ella.
Cuando volvió a abrirlos, su habitual verde claro se había vuelto tormentoso, y se pasó las manos por el pelo antes de hablar de nuevo, con un humor un poco forzado—: Vale, déjame adivinar, ¿quieres que me desnude para este retrato?
¿Quizás estás pensando en una foto mía retozando desnudo en la arena?
— Agradecida de que él hubiera roto aquel momento tan tenso y le hubiera recordado por qué estaban allí, Lexie miró a su alrededor.
Todo era precioso, pero había algo en la austera belleza del promontorio rocoso que le hacía pensar en Connor.
Fue corriendo al coche para coger su cámara y la guitarra de él, y luego hizo que se colocara de espaldas a los acantilados.
Él se rio cuando ella le pidió que se quitara la camiseta—.
Ya sabía que esto no era más que una excusa para desnudarme…
Puso los ojos en blanco e intentó, sin éxito, reprimir la sonrisa, y lo hizo apoyarse contra las rocas.
Él sujetó la guitarra con la mano izquierda y apoyó el mástil en la arena junto a sus pies descalzos; luego agachó un poco la cabeza, de modo que el pelo le cayera hacia delante y le tapara los ojos.
El resultado fue precioso: un estudio de contrastes.
El hombre y el instrumento rodeados por la oscuridad de la roca, pero iluminados por la luz centelleante que acariciaba tanto las suaves curvas de la guitarra como los ángulos y planos marcados de su cuerpo.
Con los ojos en sombra, la expresión de Connor no se veía, pero, a pesar del resplandor del día, irradiaba un aire de ensimismamiento.
Lexie tomó fotos desde múltiples ángulos hasta que quedó satisfecha y pensó que tenía suficientes.
Dejó que la cámara colgara de la correa y se limitó a contemplarlo durante unos segundos.
Cuando él levantó la vista y cruzó su mirada con la de ella, el tiempo pareció detenerse mientras un suspiro se le escapaba del pecho.
—¿Ya está? —preguntó él.
—Sí. Tengo material de sobra. A la cámara le encantas, igual que a todo el mundo. —Estaba bromeando, pero se sonrojó al darse cuenta de cómo había sonado aquello—. Eh… ya sabes, todos tus fans.
Vale, solo estaba empeorando las cosas.
Él se rio.
—¿Me estás diciendo que te gusto? Vaya manera de romperme el corazón.
No pudo evitar reírse también.
—Ah, sí, seguro que estás destrozado.
Él le tendió la mano.
—Venga, vamos a sentarnos un rato al sol. Todavía nos queda un rato antes de tener que irnos.
Lexie lo cogió de la mano —los callos de las cuerdas de la guitarra le rozaban ligeramente la piel— y anduvo con él hasta una de las dunas.
Él se sentó e hizo que lo imitara; la soltó y se recostó, apoyándose sobre las manos, lo que, teniendo en cuenta que seguía sin camiseta, casi la dejó sin palabras.
Connor cerró los ojos y levantó la cara hacia el sol, lo que significaba que ella tenía tiempo para estudiarlo sin pasar vergüenza por que él la pillara.
Sus ojos se demoraron en su rostro: las largas pestañas oscuras que rozaban sus pómulos altos, la curva seductora de sus labios, la mandíbula marcada.
Descendió por la columna de su cuello hasta sus anchos hombros y su pecho musculoso, bajando a lo largo de sus abdominales marcados hasta la cintura de sus vaqueros.
Aquel hombre era absolutamente impresionante, y se le secó la boca al darse cuenta de que ya había tomado una decisión.
En realidad, nunca había tenido ninguna duda sobre lo que deseaba, solo miedo al daño que iba a hacerle, pero la verdad era que iba a pasarlo mal de cualquier forma y ya estaba demasiado metida en el asunto, así que más valía saciar su deseo por él mientras estuvieran juntos.
Porque, una vez que terminara la gira, no iba a volver a verlo más que en las portadas de las revistas.
Mientras intentaba averiguar cómo se le decía a una estrella del rock que quería tener una aventura con él, Connor abrió sus vivos ojos verdes y la miró de reojo.
—Bueno, llevaba tiempo queriendo preguntarte qué vas a hacer después de la gira. ¿Tienes algún otro proyecto en marcha?