28 #2
—Lexie. Joder. Dejando a un lado por un momento que soy un puto gilipollas por haber dicho esa tontería, me encanta lo que has hecho con las fotos.
Has captado aspectos de este estilo de vida de locos que los demás nunca ven, y eso es exactamente lo que quería.
Sí, algunas partes no son demasiado agradables; eso no está en mi mano evitarlo.
No puedo controlar lo que piden los fans ni lo que hacen los demás chicos, pero lo que has visto a través de tu objetivo hasta ahora es lo que yo también quiero ver.
Ella frunció el ceño, sin entender lo que él intentaba decirle. A la mierda. Cuando las palabras le fallaban, solo le quedaba una cosa por hacer: dio dos pasos hacia delante, le rodeó los brazos con las manos, la pegó a él y la besó con fuerza en los labios.
Ella se tensó y, cuando levantó las manos y las apoyó contra su pecho, él pensó que iba a empujarlo.
Pero entonces ella se aferró a su camisa y abrió los labios bajo los de él.
Un sentimiento de alivio lo invadió, seguido de una oleada de lujuria al volver a saborearla.
El pequeño gemido que ella dejó escapar mientras él acariciaba su lengua con la suya lo puso duro al instante.
Quería quedarse allí con ella pegada a él toda la noche.
Quería desnudarla y tomarla contra la pared.
Quería llevarla a rastras a su habitación y follar con ella durante horas.
Lo quería todo, y lo quería ya mismo, pero sabía que aún tenían que resolver las cosas entre ellos antes de que pudiera hacer nada de eso.
Para lo que esperaba de ella necesitaba su pleno consentimiento; de lo contrario, aquello iba a acabar mal, y no quería cargar con eso en su conciencia.
Apartó suavemente la boca de la de ella, aunque no se atrevió a alejarse demasiado, manteniendo sus labios suspendidos justo por encima de los de ella hasta que abrió los ojos.
—Lexie —murmuró. Ella parpadeó, y la neblina de ensueño se disipó de sus ojos.
Pensó que quizá iba a apartarlo entonces, pero una vez más ella lo sorprendió al retroceder un poco y soltarle la camisa, pero manteniendo las manos sobre su pecho.
Ladeó la cabeza y lo miró fijamente, con un ligero fruncimiento entre las cejas que delataba su confusión.
Él inspiró hondo, tratando de ordenar sus pensamientos, algo difícil cuando ella estaba tan cerca de él—.
Lexie, cariño. Odio verte triste, sobre todo cuando es por algo que he hecho yo.
Siento lo que le he dicho a Tex… Ha sido una tontería.
Pero solo lo he hecho porque intentaba evitar que todos se dieran cuenta de lo mucho que te deseo.
Ella frunció el ceño.
—No lo entiendo. Dijiste que solo querías una noche. La tuvimos. —Hizo una pausa y bajó la cabeza—. Y no acabó muy bien.
Él le puso un dedo bajo la barbilla e hizo que la levantara para poder mirarla a los ojos.
—Escúchame. Tu reacción fue totalmente comprensible.
Tuviste una puñetera pesadilla sobre la muerte de tu marido.
Joder, me sentí fatal al pensar que lo que hicimos te hiciera sentir la más mínima culpa.
Pero tengo que decirte que aquella noche fue increíble.
No he podido dejar de pensar en ello, en ti, desde entonces.
—Entonces, ¿qué significa eso? ¿Quieres otra noche? —No parecía enfadada ante la idea, lo cual era un buen augurio, pero tampoco se mostraba a punto de lanzarse a sus brazos. Era comprensible, teniendo en cuenta todo lo que había pasado aquella noche.
—No. No quiero otra noche. —¿Era un destello de decepción lo que había visto en sus ojos?—. Te quiero todas las noches, durante el resto de la gira.
La brusca inspiración de Lexie le demostró que la había sorprendido. Pero luego ella negó con la cabeza.
—Connor, no sé si podré hacerlo. No me malinterpretes, estar contigo ha sido increíble.
—Se sonrojó, pero mantuvo los ojos clavados en los de él—.
Pero no sé si tengo la fortaleza emocional necesaria para lo que me estás pidiendo.
No soy como tus groupies; no estoy acostumbrada a tener rollos de una noche.
Tú puedes estar con cualquier mujer que quieras, cuando quieras.
¿Y si te aburres de mí antes de que termine la gira?
No quiero tener que verte todos los días y descubrir que te llevas a otras mujeres a tu habitación. Lo siento, pero no soy así.
Frunció el ceño. Eso no estaba yendo tan bien como había esperado. Pero tal y como se sentía por ella en ese momento, era imposible que se aburriera de ella en un futuro próximo, aunque no sabía cómo iba a tranquilizarla.
—Lexie. Sabes que no me interesan las relaciones.
Nunca he querido pasar más de una noche con ninguna mujer.
Hasta ahora. No creo que me sea físicamente posible aburrirme de ti en las cinco próximas semanas; hay tantas cosas que quiero hacerte…
y que tú me hagas a mí. —El destello de pasión en sus ojos lo hizo sonreír—.
Te prometo que, durante esas cinco semanas, serás la única mujer a la que tocaré.
Y si tienes pesadillas, las superaremos juntos hasta que esa culpa innecesaria que sientes desaparezca para siempre.
Levantó la mano y le apartó un mechón de pelo de la mejilla, para luego acariciarle el perfil con las yemas de los dedos. Ella suspiró y ladeó la cabeza hacia su caricia.
—Bueno, no puedo decir que no haya pensado en volver a estar contigo.
Más de lo que debería. —Le dedicó una sonrisa dulcemente seductora que le provocó una oleada de lujuria que le llegó directamente a la entrepierna—.
Sé que probablemente no es lo que quieres oír, pero ¿puedo pensármelo?
Es mucho que asimilar. Y tengo que valorar lo que podría suponer para mi trabajo.
No pudo evitar reírse de sí mismo. Era la primera vez que una mujer tenía que pensárselo dos veces antes de acostarse con él, y eso solo hacía que la deseara aún más.
Ni siquiera se había dado cuenta de que eso fuera posible.
Y aunque le decepcionaba no poder tenerla aquella noche, entendía su punto de vista.
Solo rezaba a Dios para que al final ella acabara diciendo que sí, porque estaba desesperado por liberarse de la tensión constante que le provocaba estar cerca de ella.
—Puedes pensártelo, pero solo para ayudarte a decidir… — Se acercó a ella, le hundió las manos en el pelo para inmovilizarle la cabeza y capturó su boca en un beso mientras la hacía retroceder hasta que quedó contra la pared.
Quizá no fuera justo, pero el deseo que sentía por ella era como una agonía que nada, salvo tener sus manos sobre ella, parecía aliviar.
Le acarició los labios con la lengua hasta que ella se abrió para él y pudo volver a poseer su boca.
No se anduvo con rodeos, empujando sus caderas contra las de ella para que pudiera sentir lo duro que estaba y recordar lo bien que funcionaban las cosas entre ellos.
No se detuvo hasta que ella empezó a gemir y a restregarse contra él a su vez.
Le costó todo el autocontrol del que disponía apartarse de ella, pero sabía que tenía que darle el tiempo que necesitaba para decidir si lo deseaba lo suficiente como para correr el riesgo.
De lo contrario, iba a acabar arrepintiéndose, y él no quería que nada estropeara esas últimas semanas con ella.
Cuando dio un paso atrás, tragó saliva al verla: estaba sonrojada y tenía la mirada vidriosa y los labios hinchados por los besos.
Joder .
Había estado intentando que le resultara difícil decir que no, pero pensó que acababa de complicarse aún más las cosas si ella no aceptaba su propuesta.
—Tengo una idea. ¿Qué tal si mañana salimos juntos a algún sitio, solo nosotros dos? Todavía no me has hecho la foto en solitario, así que quizá podríamos encargarnos de ello. Sin presiones, solo un rato a solas.
Le dedicó su mejor cara de perrito abandonado. Debió de funcionar, porque ella se echó a reír.
—Vale, creo que podríamos hacerlo. ¿Hay algún sitio en concreto a donde quieras ir?
—Me gustaría hacerlo contigo en cualquier sitio.
—Él sonrió al ver que ella ponía los ojos en blanco, y luego cedió—.
Me gustaría volver a la playa. El otro día, en casa de Drew, fue el momento en el que más relajado me he sentido en mucho tiempo.
Me gustaría volver a la playa, esta vez solo contigo. ¿Te parece bien?
Ella lo miró fijamente y luego asintió despacio.
—Creo que sería perfecto.
—Genial. Vamos al hotel. No quiero regresar a la fiesta. — Levantó las manos en señal de rendición ante la expresión escéptica de ella—. Nada de tonterías, te lo prometo. Te dejaré en tu habitación como haría un auténtico caballero.
Ella se rio.
—Vale, entonces, vamos.
Cuando él le tendió la mano y ella la tomó, no se permitió pensar demasiado en lo bien que le sentaba.