Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 30
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L exie

Lexie apenas podía concentrarse durante el concierto; la expectación por la noche que los esperaba la tenía de los nervios.

Dondequiera que estuviera haciendo fotos, ya fuera entre el público o entre bastidores, sus ojos se veían atraídos hacia Connor.

Su cámara estaba llena de fotos de él porque no podía pensar en nada más.

Mientras él se movía por el escenario con unos vaqueros negros y una camiseta blanca ceñida de cuello en V que resaltaba sus musculosos brazos y su pecho, sus ojos seguían cada uno de sus movimientos.

Se le entrecortó la respiración al pensar en que iba a tener toda la noche con él para tocarlo y saborearlo tanto como quisiera.

Cuando estaba en el foso delante del escenario, con la cámara enfocada en Connor, él se acercó hacia ella y la miró directamente a la lente mientras cantaba.

Tras hacer un par de fotos, tuvo que apartarse la cámara de la cara, hipnotizada, mientras él le dedicaba una sonrisa tan seductora que todo su cuerpo se tensó en respuesta.

Dios, estaba tan al límite que iba a explotar en cuanto él la tocara.

Cuando la banda terminó su último tema, Lexie fue rápidamente entre bastidores. Se encontró a los chicos apiñados, recuperando el aliento y rehidratándose tras su intensa actuación.

Mientras se acercaba, intentando parecer despreocupada y no como si estuviera a punto de salirse de su piel, Noah extendió un brazo y la rodeó por los hombros para pegarla a su costado sudoroso.

Le echó un vistazo a Connor y le sonrió al ver que se había puesto tenso ante la muestra de afecto de Noah. Él soltó un suspiro y pareció quitárselo de encima, dedicándole una sonrisa sexy que le disparó el pulso.

Le habría gustado que pudieran saltarse la fiesta posterior, pero no había forma de que faltaran sin levantar sospechas.

Con suerte, esa noche iba a ser breve, porque Lexie no creía que pudiera aguantar la tensión sexual mucho más tiempo.

La forma en que Connor la miraba, con esa intensidad en sus ojos tormentosos, le hacía pensar que no era la única a la que la espera estaba volviendo loca.

Lexie estuvo muy nerviosa durante la fiesta, tanto que tuvo que dejar de fingir que había alguna posibilidad de que le saliera una foto decente.

De hecho, para cuando la fiesta terminó y se preparaban para regresar al hotel, empezaba a tener dudas.

¿De verdad iba a hacerlo? ¿De verdad iba a hacer que Connor fuera a su habitación con la intención de acostarse con él otra vez?

Sentada a su lado en la limusina, con su pierna enfundada en unos vaqueros pegada a la de ella, Lexie jugueteaba con su cámara, quitando y poniendo la tapa del objetivo hasta que él le puso la mano encima de la suya y se la apretó rápidamente para tranquilizarla.

Al levantar la vista hacia él, se fijó en sus pupilas dilatadas y en el tic de su mandíbula tensa.

Saber que él sentía tanta expectación como ella la tranquilizó.

Pensar que ella estaba hecha un lío mientras él permanecía completamente imperturbable le había provocado un ligero malestar.

El trayecto en ascensor hasta su planta pareció durar una eternidad. Al menos, nadie parecía haberse dado cuenta de que Lexie y Connor estaban igual de tensos y callados.

Zac y Tex tenían sus habitaciones hacia el final del pasillo, más allá de la de Lexie, así que tuvo que hacer un gesto para despedirse de todos antes de entrar en su habitación.

Corrió al baño y se estudió en el espejo, fijándose en lo abiertos que tenía los ojos y en el ligero rubor que le resaltaba los pómulos.

Se dio una ducha rápida, luego se puso lencería de encaje y se volvió a poner el vestido.

A continuación, se paseó nerviosamente de un lado a otro hasta que oyó un suave golpe en la puerta.

Se le subió el corazón a la garganta cuando abrió el pestillo y abrió la puerta de par en par.

Connor estaba allí, con un aspecto engañosamente desenfadado, con sus vaqueros y su camiseta, pero se le secó la boca al ver toda la energía contenida en su corpulenta figura.

Estirándose nerviosamente la falda del vestido con las manos, dio un paso atrás a modo de invitación.

Él entró, rozándole la mano al pasar. Lexie cerró la puerta y se volvió, pero antes de que pudiera tomar aliento, él ya estaba sobre ella. La acorraló contra la pared, inmovilizándola con su corpulento cuerpo, y le acarició el rostro mientras estrellaba sus labios contra los de ella.

Lexie se arqueó con un jadeo; entreabrió los labios y gimió cuando la lengua de él se introdujo en su boca. Se le endurecieron los pezones y se aferró a su camisa, tratando de acercarse más a él, olvidando todo nerviosismo en la oleada de lujuria que la recorrió como un cohete.

Al separarse, Connor apoyó la frente contra la de ella, con la respiración entrecortada. Ella podía sentir su miembro, ya duro, contra su vientre, y no pudo evitar restregarse contra él.

Él gimió.

—Lexie, me estás matando. Hoy no he podido pensar en nada más que en este momento, en cuándo iba a volver a tenerte. Quiero tomarme mi tiempo contigo esta noche, pero no me lo estás poniendo nada fácil.

—Tenemos toda la noche. —La ronquera de su propia voz la sorprendió.

Él levantó la cabeza y esbozó una sonrisa.

—Sí, la tenemos. Y no quiero perder ni un segundo.

Sin darle tiempo a reaccionar, la boca de Connor volvió a posarse con fuerza sobre la de ella, instándola a abrirse para él.

Mantuvo una mano ahuecada alrededor de la nuca de Lexie, sujetándola contra sí, y deslizó la otra lentamente por su cuello, atravesando la clavícula hasta la hilera de botones que bajaba por la parte delantera de su vestido.

Desabrochó el primero con un rápido movimiento, y sus dedos rozaron la curva superior de su pecho, ya al descubierto, lo que le provocó a ella un escalofrío que le puso la carne de gallina.

Al desabrochar el segundo botón, el vestido se abrió aún más, dejando al descubierto el encaje transparente de su sujetador.

Connor interrumpió el beso y bajó la vista.

Lexie siguió la dirección de sus ojos hasta donde sus largos dedos desabrochaban el tercer botón, dejando al descubierto por completo sus pechos cubiertos de encaje.

Sus pezones se irguieron, y Connor tiró hacia abajo de las copas de su sujetador, exponiéndola a su mirada hambrienta.

La respiración de Lexie era entrecortada; la anticipación de su tacto era una dulce agonía que hacía que sintiera los pechos pesados e hinchados.

Después de lo que pareció una eternidad, él por fin le acarició un pecho, pasando el pulgar por su pezón endurecido; la aspereza de su piel rozaba exquisitamente la sensible punta. Lexie ya no pudo seguir mirando; echó la cabeza hacia atrás al sentir que no le llegaba suficiente aire.

Cuando él bajó la cabeza y se metió el pezón en la boca, pensó que iba a correrse allí mismo.

El calor y la succión iban directamente a la zona entre sus muslos, y se humedeció de deseo.

Cuando sus dientes la rozaron, gimió con un sonido sordo que escapó de lo más profundo de su garganta, un sonido que apenas reconoció como propio.

Connor pasó a su otro pecho y le dedicó las mismas atenciones. Para entonces, ella se retorcía contra él, desesperada por que le aliviara el dolor que sentía entre las piernas.

—Connor, por favor —jadeó.

Lexie sintió cómo se le curvaban los labios al sonreír contra su piel, pero entonces él levantó la cabeza y volvió a tomar su boca en un beso profundo y embriagador.

Mientras lo hacía, le recorrió con la mano la curva de la cintura y bajó por su muslo hasta llegar al dobladillo de su vestido; luego le acarició la suave piel de la cara interior hasta llegar a sus bragas.

Deslizando los dedos por debajo, le rozó el centro con los nudillos.

—Estás tan húmeda… —gimió él. Ni siquiera podía sentirse avergonzada al notar lo tensa que estaba su voz por culpa del deseo.

Connor retiró la mano, le levantó la falda hasta las caderas y se arrodilló de modo que su rostro quedara frente al trozo de encaje que cubría su pubis—.

Precioso —murmuró, y le dio un beso a la tela transparente justo sobre su clítoris.

Lexie gimió, y él debió de compadecerse de ella, porque enganchó los dedos de una mano en la cintura de sus bragas, se las bajó por las piernas y la ayudó a quitárselas antes de tirarlas a un lado.

Lexie estaba completamente expuesta a su mirada, y no creía haber estado nunca tan cerca de correrse sin que la hubieran tocado siquiera como era debido.

La sensación de su aliento acariciando el calor de su intimidad la hacía retorcerse, inquieta, pero él le sujetaba las caderas.

Justo cuando pensaba que iba a tener que suplicarle, él se echó hacia delante y pasó la lengua por su piel hipersensible hasta lamerle el clítoris.

Todas las terminaciones nerviosas de Lexie se encendieron; cerró los ojos con fuerza y echó la cabeza hacia atrás hasta apoyarla en la pared que tenía a su espalda.

Alternando entre lametones largos y lentos y rápidos movimientos de lengua, Connor la provocó hasta que ella estuvo a punto de delirar por el placer que se acumulaba en su interior.

Lexie apoyó las palmas de las manos contra la pared, se forzó a abrir los ojos y bajó la mirada.

La visión de su cabeza morena entre sus piernas, la falda de su vestido subida hasta las caderas y sus pechos desbordándose por la parte delantera del vestido era una de las cosas más eróticas que había visto jamás.

Cuando él deslizó dos dedos en su interior, moviéndolos hacia dentro y hacia fuera, y luego curvándolos justo en el punto adecuado, la tensión que irradiaba desde su centro la abrumó. Lexie se aferró a su pelo y se restregó contra la boca de Connor, jadeando y estremeciéndose al llegar al clímax.

Cuando su cuerpo por fin dejó de temblar por las réplicas del orgasmo, Connor le dio un suave beso en la cara interna del muslo y luego se incorporó. Tenía las pupilas tan dilatadas que solo se veía un fino anillo verde alrededor del negro. Le rozó los labios con los suyos.

—Sabes la hostia de bien —murmuró—. Creo que podría hacer esto toda la noche.

Aún recuperándose de su intenso orgasmo, Lexie se estremeció y luego se puso de puntillas para poder susurrarle al oído.

—Pero yo también quiero saborearte.

—Joder, Lexie… —masculló Connor.

La levantó poniéndole las manos bajo los muslos, y ella le rodeó las caderas con las piernas mientras él se dirigía hacia el dormitorio, con sus labios fundidos con los de ella.