Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 27
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Más tarde, aquella misma noche, después de que el sol se hubiera puesto en un resplandor de rojos y naranjas, Drew encendió una hoguera y todos se reunieron a su alrededor. Connor, Tex y Zac habían cogido sus guitarras, y Noah tenía sus tambores de mano, y estaban improvisando.

Lexie se sentó en la oscuridad, apartada del grupo, y sacó fotos de los chicos cantando y tocando alrededor del fuego.

La música era increíble: Lexie no podía creer la suerte que tenía de que le pagaran por sentarse allí y disfrutar de la serenata de ese conjunto de hombres con un talento asombroso.

Mientras les hacía fotos a todos, no podía evitar volver una y otra vez a Connor. Tocaba la guitarra y cantaba con los ojos cerrados, con una expresión de satisfacción en el rostro que ella rara vez le había visto desde que lo conocía.

A medida que los demás se iban cansando, se fueron yendo, hasta que al final solo quedaron ella y Connor, aunque ni siquiera estaba segura de que él supiera que ella seguía allí.

Hacía rato que había dejado de hacer fotos, pero no se atrevía a irse a la cama.

La tranquilizaba oírlo cantar y, después de toda la agitación emocional por la que había pasado últimamente, no quería que esa sensación se acabara.

De repente, Lexie se dio cuenta de que Connor había empezado a cantar una nueva canción, una que no reconocía.

Por el suave y melódico ritmo de la letra, parecía que podía ser irlandesa.

La melodía era tan conmovedora y le recordaba tanto a su propio dolor, guardado durante tanto tiempo, que las lágrimas le anegaron los ojos.

A salvo entre las sombras, las dejó resbalar por sus mejillas.

Mientras Connor seguía tocando, una canción parecía fundirse con la siguiente.

Se permitió sentir todo el dolor y la angustia de haber perdido a Damien, su amor de la infancia, su primer amor, todo el dolor de ver cómo les arrebataban de golpe su futuro juntos.

La pena que a veces le había parecido insoportable por fin se liberó, y ella dejó que fluyera de su interior.

La pesadez que la había agobiado durante tres años por fin empezaba a aliviarse.

Cuando las últimas notas de la guitarra se desvanecieron, Lexie levantó la vista y se encontró con la mirada de Connor, que se puso de pie y se acercó a ella, con la guitarra en la mano.

Dejó el instrumento con delicadeza en el suelo, se acercó a ella, la ayudó a levantarse y la rodeó con sus brazos. Su aroma, una mezcla de sol, sal y cálida piel masculina, la envolvió mientras ella apoyaba la mejilla contra su pecho desnudo.

Sabía que él podía sentir la humedad de sus lágrimas, pero no le importaba. Él sabía lo que ella sentía; él mismo había pasado por el dolor de la pérdida. Quizá por eso había elegido esas canciones: para que la ayudaran a aliviarlo.

En cualquier caso, Lexie no tenía palabras suficientes para darle las gracias, así que ni siquiera lo intentó.

En su lugar, lo abrazó con fuerza y se quedaron allí juntos en silencio, en la oscuridad.

Cuando por fin se apartó, él seguía sin decir nada; solo se agachó para coger la guitarra, la tomó la mano y la acompañó a la casa.

Frente a la puerta de su dormitorio, la besó suavemente en la mejilla, le susurró «Buenas noches» y esperó a que ella entrara en su habitación.

Sentía el corazón magullado, pero también como si por fin empezara a curarse.

Mientras yacía en la cama intentando conciliar el sueño, una parte de ella —una parte cada vez mayor, al parecer— deseaba que él hubiera hecho mucho más que besarla en la mejilla.

A la mañana siguiente, los chicos se quejaron un poco por tener que marcharse de la playa, pero tras un chapuzón rápido, recogieron todo y regresaron al hotel a tiempo para la prueba de sonido.

Aunque Lexie y Connor no habían hablado mucho desde aquel momento de la noche anterior, ella sentía que la tensión entre ellos había disminuido.

Aunque el deseo que la inundaba cada vez que estaba cerca de él no había desaparecido, quizá con el tiempo pudieran volver a cómo estaban las cosas antes.

Si al menos hubiera podido dejar de soñar con él, quizá habría sido más fácil.

Tres días después, la tranquilidad de la playa había dado paso a las luces brillantes y al bullicio de la ciudad de Nueva York.

El equipo de relaciones públicas del grupo había programado una aparición en directo en un programa de entrevistas nocturno, y los chicos estaban en ese momento pasando por el calvario de los fans a las puertas del estudio.

Lexie levantó su cámara para hacer más fotos de los cuatro hombres saludando al público, firmando autógrafos y haciéndose selfies con fans extasiados.

Era un caos. Nunca había vivido nada parecido y se preguntaba cómo alguien podía acostumbrarse a ese nivel de atención.

Los gritos de emoción retumbaban en sus oídos mientras se mantenía lo bastante apartada como para captar a toda la banda y a la multitud de fans en una sola foto.

Se oyó un fuerte estruendo detrás de Lexie y ella se volvió para ver que una de las vallas metálicas que contenían a la multitud había cedido. Los fans se abalanzaron hacia delante y dos de los guardias de seguridad del grupo se dieron la vuelta para intentar contenerlos.

Lexie se alejó poco a poco de la masa de gente emocionada y se acercó a los dos guardias de seguridad.

Justo cuando pensaba que ya estaba a salvo, una mano salió disparada de entre la multitud y se aferró a la correa de su cámara, intentando arrancársela de las manos.

Lexie la sujetó, pero la sacudieron con tanta fuerza que casi perdió el equilibrio y cayó en medio de la multitud.

Quienquiera que hubiera cogido la correa la soltó, y eso hizo que ella tropezara y cayera al suelo, donde aterrizó con fuerza sobre sus rodillas desnudas.

Dejó escapar un grito de dolor cuando el duro suelo le rasgó la piel.

El miedo se apoderó de ella al darse cuenta de que la multitud enloquecida de fans la había rodeado por completo.

Intentó proteger la cámara encorvándose sobre ella, y por su mente pasaron imágenes de cómo iban a pisotearla hasta matarla.

La multitud pareció retroceder antes de que los gritos de emoción se intensificaran aún más.

Unos brazos poderosos la rodearon por la cintura, la levantaron del suelo y la sujetaron con fuerza contra un pecho firme.

Lexie supo quién era sin levantar la vista; habría reconocido los brazos de Connor en cualquier parte.

Lexie no se consideraba débil, pero temblaba como una hoja por la conmoción y la adrenalina del incidente. Rodeó con un brazo el cuello de Connor y apoyó la cara contra su pecho, inspirando hondo para calmarse.

—No pasa nada, cariño, estoy contigo —dijo él.

Se abrió paso entre la multitud que gritaba, mientras su equipo de seguridad mantenía a todo el mundo a raya, hasta que llegaron a la seguridad de la puerta del estudio.

No la soltó ni un momento una vez dentro, y ella pudo sentir cómo el corazón de Connor latía casi tan rápido como el suyo.

Por fin, llegaron al camerino. Connor se abrió paso a empujones por la puerta y se sentó en uno de los sofás, sin soltar a Lexie ni un instante.

Avergonzada por que hubiera tenido que rescatarla, Lexie se incorporó y trató de zafarse de sus brazos.

En lugar de soltarla, Connor la abrazó con aún más fuerza.

—Joder, Lexie, lo he visto todo, pero no he podido llegar a ti a tiempo. Siento muchísimo haber dejado que pasara esto. ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño? —Su voz sonaba ronca y sus ojos recorrían el rostro de ella, buscando señales de alguna lesión.

—Estoy bien, Connor, solo un poco conmocionada.

— Entonces, al sentir que las rozaduras de las piernas empezaban a escocerle, añadió—: Aunque debería limpiarme las rodillas.

— Connor por fin aflojó lo suficiente su fuerte abrazo como para que ella pudiera incorporarse y estirar las piernas para evaluar el daño.

Se había rasgado la piel de las dos rodillas y unos hilos de sangre le resbalaban por las espinillas—.

Bueno, eso me enseñará a vestirme de forma más adecuada la próxima vez que salga con vosotros —bromeó con tristeza.

Le sonrió temblorosamente a Connor, pero él tenía la vista fija en sus rodillas, con la mandíbula apretada.

—Ha sido culpa mía, Lexie. Debería haber hecho que uno de los de seguridad se quedara pegado a ti.

He pensado que toda esa locura se centraría en nosotros, pero supongo que alguien creyó que podía robarte la cámara y hacerse con unas cuantas fotos gratis.

—Volvió a mirarla a los ojos y le dedicó una sonrisa forzada—. Debería haberte cuidado mejor.

Lexie sintió de pronto un calor intenso al darse cuenta de que seguía sentada en su regazo.

Parecía que él se había dado cuenta al mismo tiempo, porque notaba cómo se endurecía debajo de ella.

Habría tenido que moverse, bajarse de su regazo y poner algo de distancia entre ellos, pero él seguía mirándola a los ojos y ella no se atrevía a marcharse.

Lexie se quedó quieta mientras él le acariciaba la mejilla, sin querer romper la tensión que había entre ellos.

La mirada de Connor se posó en su boca y, cuando ella entreabrió los labios en respuesta a su mirada, él deslizó la mano por su rostro hasta que sus dedos descansaron bajo su barbilla y, a continuación, le echó la cabeza hacia atrás.

Se tomó su tiempo para acercar su boca a la de ella, asegurándose de que pudiera protestar o apartarse si así lo deseaba. Pero no lo hizo; no podía. Le temblaba todo el cuerpo ante su cercanía. No se le ocurría nada que deseara más en ese momento que sentir sus labios sobre los de ella.

La puerta del camerino se abrió de par en par y Drew entró a toda prisa con un botiquín de primeros auxilios colgando de la mano.

—He visto la sangre y he pensado que necesitarías esto.

Lexie dio un respingo, sobresaltada, y se apartó de los brazos de Connor para deslizarse hasta el sofá junto a él. Con el rostro ardiendo de vergüenza, les echó una ojeada a sus rodillas.

—Eh, gracias, Drew. Tampoco es para tanto, pero creo que debería limpiarme un poco.

De repente, la conmoción de todo aquello, seguida de una repentina oleada de emoción, la dejó exhausta. No podía mirar a Connor ni a Drew a los ojos, aunque notaba que Connor la observaba fijamente.

¿En qué había estado pensando? Ya había decidido que tenía que mantener una relación profesional con Connor.

Por mucho que su cuerpo la empujara hacia él, su cabeza y su corazón le decían que era una idea terrible.

Enamorarse de Connor y, casi con toda seguridad, acabar con el corazón roto, podía acabar destrozándola para siempre.

Tenía que dejar de distraerse con él y centrarse en el trabajo para el que la habían contratado.

Lexie se levantó de un salto del sofá y cogió el botiquín de primeros auxilios que le tendía Drew.

—Gracias, voy a limpiarme —dijo mientras se dirigía con la cabeza gacha al baño; una vez ahí, encendió la luz y cerró la puerta.