Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 23
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L exie

Lexie se dio cuenta de que había sido una ingenua al pensar que las cosas iban a volver a ser como antes tras su noche con Connor. En ese momento, cuando lo miraba, lo hacía con una nueva y vívida conciencia.

Durante los conciertos, cuando se suponía que debía fotografiar al público o al equipo técnico, le costaba apartar la vista de él. Cuando cantaba, su voz le ponía la piel de gallina.

A veces imaginaba que él la buscaba entre la multitud mientras entonaba palabras seductoras al micrófono.

Sus músculos tensos, perfilados por sus camisetas ceñidas, le traían recuerdos de la noche que habían pasado juntos.

Las imágenes de su cuerpo desnudo moviéndose sobre ella le provocaban escalofríos por todo el cuerpo y dejaban su piel excesivamente sensible.

No sabía cómo apagar lo que él había despertado en su interior, y eso la estaba volviendo loca.

Tres días después de aquella noche juntos, estaba sentada a la mesa del comedor del autobús de la gira con Tex y Zac. Tenían previsto llegar a Boston en una hora más o menos, pero el concierto no era hasta el día siguiente, así que la banda tenía una de esas raras noches libres.

—Bueno, ¿tenéis algún plan especial para esta noche? —Lexie les sonrió a Tex y Zac, que estaban al otro lado de la mesa.

Zac respondió.

—Sí, Drew tiene una casa en la playa, en Cape Cod. Vamos a pasar allí la noche, a hacer una barbacoa y a tomarnos unas cervezas. Va a estar genial.

—Suena bien. Os merecéis una noche para relajaros. Nunca me había dado cuenta de que salir de gira fuera tan agotador. No sé cómo lo hacéis año tras año.

—La verdad es que, al cabo de un tiempo, se hace un poco pesado. Por desgracia, hoy en día es ahí donde está el dinero, así que está en nuestro contrato con la discográfica. Tenemos que salir de gira cada vez que sacamos un álbum.

Ella negó con la cabeza.

—Supongo que, entonces, tengo suerte de no ser una estrella del rock. Es divertido hacerlo como una experiencia puntual, pero no podría dedicarme siempre a algo así.

—¿No viajas por trabajo? —preguntó Tex.

—Sí, pero la mayoría de las veces son solo viajes cortos si estoy en Estados Unidos. Voy al extranjero como mucho una vez al mes. Me encanta viajar, conocer nuevos lugares y gente. Pero también me encanta estar en casa. Así puedo disfrutar de lo mejor de los dos mundos.

—Suena genial —dijo Zac, casi con nostalgia.

—Aunque estar ahí arriba, en el escenario, delante de miles de personas, debe de ser una descarga de adrenalina increíble. Supongo que será difícil renunciar a eso.

Tex se encogió de hombros.

—Algún día pasará; no vamos a hacer esto para siempre. En algún momento, todos nos hartaremos. O nos hartaremos los unos de los otros. —Le dio un codazo a Zac en las costillas. Zac no reaccionó, salvo para pasarse la mano por el lugar donde Tex le había dado el codazo.

—Cuando empezamos, esto era lo único que todos queríamos.

No hablábamos de otra cosa —dijo Zac—. Pero llevamos ya bastante tiempo haciéndolo.

Cuando alcanzas todos tus sueños, tienes que empezar a buscar otros nuevos.

Si no, te estancas. De momento sigo disfrutando con esto, pero tengo un par de ideas sobre cosas que me gustaría hacer en el futuro.

Antes de que Lexie pudiera preguntarle qué ideas tenía, el autobús redujo la velocidad y se detuvo frente al hotel en el que iban a alojarse las noches siguientes.

Noah salió holgazaneando de la zona de literas, con un aspecto adorablemente somnoliento.

—Menos mal que ya estamos aquí. Estoy deseando ir a casa de Drew y darme un chapuzón en la playa.

Connor salió tras Noah, y el pulso de Lexie se disparó al verlo. Era obvio que acababa de levantarse de su litera y se había puesto unos vaqueros, iba sin camiseta y tenía el pelo revuelto, como si acabara de pasarle las manos por encima.

Lexie no habría podido evitar que sus ojos recorrieran las suaves líneas de su pecho hasta llegar a sus abdominales marcados aunque hubiera querido.

Y, por una vez, no lo hizo. Tras la noche que habían pasado juntos, sus sueños se habían inundado de imágenes de él, desnudo y pegado a ella.

Se esforzaba por reprimir esos recuerdos cuando estaba despierta para hacer exactamente lo que habían acordado: volver a cómo estaban las cosas antes.

Pero cada día vez le resultaba más difícil.

Solo por una vez, Lexie quería rendirse y dejarse llevar por esos recuerdos.

Notaba cómo se le calentaba la piel al recordar su boca sobre la de ella, sus manos recorriéndole la piel, la sensación de tenerlo dentro de ella.

Al volver a levantar la mirada hacia su rostro, vio que él la estaba observando. Su expresión era penetrante, sus ojos, casi depredadores al cruzarse con los de ella, y se dio cuenta de que, por su respiración entrecortada y su piel sonrojada, debía de haber sido obvio en qué estaba pensando.

Avergonzada y sin querer que él pensara que no era más que otra de las muchas mujeres que no podían olvidarlo tras una noche con él, apartó la vista, sintiendo cómo la invadía de repente un ridículo impulso de llorar.

No debería haber cedido a la tentación de acostarse con él.

Era demasiado. Él era demasiado. Debería haber esperado hasta que su corazón estuviera completamente curado y conociera a un hombre dulce, amable y de fiar con quien acostarse.

Alguien con quien tuviera la posibilidad de un futuro.

Debería haber sabido que, con sus emociones tan revueltas, acostarse con alguien como Connor y luego tener que verlo todos los días era la peor idea que podía haber tenido.

Lexie inspiró hondo, intentando aliviar la opresión que sentía en el pecho.

Que los chicos fueran a salir por la noche era justo lo que necesitaba en ese momento.

Podía quedarse en su habitación de hotel y concederse algo de tiempo para intentar ordenar sus pensamientos.

Porque estar cerca de él constantemente se estaba volviendo cada vez más difícil.

Oyó que la llamaban y se dio cuenta de que Noah le estaba hablando. Levantó la cabeza de golpe, intentando captar lo que decía.

—Si no te has traído el bañador, podemos parar en una tienda de camino.

Lexie negó con la cabeza frenéticamente cuando quedó claro que le estaba sugiriendo que fuera con ellos a la playa.

—Ah, no, gracias, pensaba quedarme aquí. Ya sabéis, para daros un descanso de mí y de mi cámara, que siempre está por ahí.

Noah, Zac y Tex negaron al mismo tiempo. Pero fue Connor quien habló.

—Deberías venir.

—Nos gusta tenerte cerca, Lexie —intervino Zac—. Además, ¿ante quién va a lucirse Tex si no estás?

Tex le dio un golpecito en la nuca a Zac.

—Todos sabemos que será Noah quien se ponga a lucirse. Y seguro que querrá que le hagas fotos medio desnudo.

Lexie interrumpió la charla.

—La verdad es que debería dedicarme a editar fotos esta noche, así que probablemente sea mejor que me quede…

—Quiero que vengas. —La voz de Connor sonó firme. Sin darle tiempo a responder, añadió—: Quiero que haya fotos de nosotros fuera de toda la locura de la gira. Haciendo cosas que hace la gente normal.

Lexie abrió la boca para protestar una vez más, pero la mirada severa que él le dirigió le recordó que, técnicamente, él era su jefe, aunque fuera la discográfica la que hubiera firmado el contrato. Cerró la boca y asintió.

Justo lo que necesitaba, pensó con desánimo. Verse obligada a pasar tiempo con el hombre más sexy que había conocido jamás mientras él retozaba por la playa semidesnudo y mojado. Ya tenía suficiente material para alimentar sus fantasías durante toda una vida, no necesitaba más.

Por primera vez, se preguntó si lo que debía de haber sido una noche de pasión la había echado a perder para otros hombres.

Volvió a sentir cómo le picaban los ojos y parpadeó rápidamente para contener las lágrimas.

Intentó evocar el rostro de Damien, pero le costaba retener el recuerdo.

Se le escapaba una y otra vez: sus cálidos ojos color chocolate se veían sustituidos por unos vivos ojos verdes.

La culpa volvió a invadirla. ¿Qué había hecho?