22
L exie
Lexie estaba bajo la ducha y el agua le lavaba las lágrimas que le resbalaban por la cara. Ni siquiera sabía qué la hacía llorar más: la sensación de haber traicionado a Damien o lo injusta que había sido con Connor.
En ese momento, en el que la intensidad de la pesadilla se había difuminado, Lexie sabía que le había dicho cosas a Connor que no sentía de verdad.
Se había desahogado con él movida por la culpa y, si era sincera, también por el miedo.
Porque estar con Connor había despertado en ella muchas más emociones de las que esperaba.
Al despertar de aquel sueño tan familiar y verlo sobre ella, con el ceño fruncido y la preocupación reflejada en sus preciosos ojos, su primer impulso había sido buscarlo con la mano. Había querido abrazarlo, perderse en él.
Pero entonces se había dado cuenta de que era Connor y no Damien; eso la había golpeado como un mazazo y, una fracción de segundo después, la culpa se había abatido sobre ella como una ola y la había engullido por completo.
Le costaba admitir, incluso ante sí misma, que la noche anterior había sido la más apasionada de su vida.
Había tenido un matrimonio increíble con Damien, una vida sexual maravillosa y plena.
Si él no hubiera muerto, nunca habría mirado a otro hombre, nunca habría deseado a nadie más que a él.
Pero el destino era cruel y esa vida le había sido arrebatada.
Nada de lo que hiciera iba a cambiar eso; por mucha culpa y dolor que sintiera, Damien no iba a volver.
Entonces, ¿por qué seguía sintiendo que lo había traicionado al estar con otro hombre? Solo había sido una noche. Solo una noche para volver a sentir esa intensa conexión física con alguien. Para no sentirse tan sola. Tampoco era algo por lo que debiera sentirse culpable.
Necesitaba seguir adelante, y Connor la había ayudado a dar el primer paso. Lo que ocurría era que no había esperado que se convirtiera en algo más que eso. Pero así había sido, y ese era el problema.
Lexie había acabado utilizando la ira como un escudo contra la culpa y el dolor. Aunque no había servido de nada, porque cuando la ira se había desvanecido, el dolor se le había clavado con fuerza en el pecho.
Lexie le debía a Connor una disculpa por lo que le había dicho.
Por muy difícil que fuera volver a verlo después de las cosas increíbles que habían hecho con sus cuerpos, de lo que había sentido, tenía que hacerlo y aclarar las cosas entre ellos.
Él había sido muy sincero sobre hasta dónde podía llegar lo que hubiera entre ellos, y ella había aceptado libremente lo que él le había ofrecido.
Debía seguir sonriendo a pesar de la pena, tal y como llevaba haciendo desde hacía tanto tiempo, y terminar el trabajo que había aceptado hacer. Después de eso podía marcharse con la cabeza bien alta y, con el tiempo, encontrar a un hombre con el que pudiera tener una relación.
Volvió a sentir una punzada intensa de dolor en el vientre, lo que la hizo rodearse el abdomen con los brazos.
Otra oportunidad de amar, de formar una familia, de poder explorar todo lo que el mundo tenía que ofrecerle junto a sus seres queridos: eso era lo que quería.
Eso no era algo de lo que Connor pudiera, o quisiera, formar parte, así que más valía cortar de raíz cualquier sentimiento incipiente y controlar los daños para poder terminar la gira con su orgullo intacto.
Las lágrimas de Lexie por fin se detuvieron.
Suspiró, cerró el grifo de la ducha, salió y se envolvió en una toalla.
Aún era temprano, pero sabía que volver a dormirse era imposible, así que decidió vestirse para empezar el día.
Tenía que armarse de valor y ver a Connor más tarde esa misma mañana para pedirle perdón, pero hasta entonces, más le valía ponerse a trabajar.
Encendió el portátil y empezó a editar.
Lexie llamó tímidamente a la puerta de Connor con la esperanza de que no estuviera dentro.
Tras unos segundos, durante los cuales se le disparó la presión arterial, la puerta se abrió de par en par.
Connor estaba allí frente a ella, con unos vaqueros y el torso desnudo; su pelo mojado indicaba que acababa de salir de la ducha.
La visión de su piel suave y bronceada le secó la boca a Lexie y las imágenes de la noche anterior pasaron como un destello ante sus ojos.
La sorpresa se reflejó en sus ojos al verla, pero luego su expresión se volvió impenetrable. Se cruzó de brazos y se apoyó en el marco de la puerta mientras esperaba a oír lo que ella tenía que decir.
—Eh… Solo quería pedirte perdón por cómo he reaccionado esta mañana.
—La expresión de Connor no cambió, y Lexie sintió que se le enrojecía el rostro mientras continuaba—.
Hacía mucho tiempo que no tenía ese sueño, y supongo que me ha afectado.
—Entonces sí se suavizó su rostro y ella se apresuró a continuar, desesperada por acabar de una vez con aquello—.
Pero eso no es excusa para lo que te he dicho.
Quiero asegurarme de que no he estropeado las cosas entre nosotros.
Porque este trabajo significa mucho para mí, y no quiero que lo que ha pasado afecte a nuestra relación profesional.
Si te parece bien, me gustaría que volviéramos a estar como antes.
Cuando terminó de hablar, estaba sin aliento, esperando con el corazón a mil por hora a ver cómo reaccionaba él.
Connor frunció el ceño y bajó la cabeza para ocultarle su expresión. Cuando volvió a levantarla, su rostro estaba serio.
—No has estropeado nada, Lexie. No es de extrañar que estuvieras alterada después de todo lo que has pasado. Siento que haya acabado así, pero ya habíamos acordado que solo sería algo puntual, así que no pasa nada, ¿verdad? —Enarcó una ceja.
Lexie asintió, intentando mantener una expresión neutra.
Connor acababa de decirle justo lo que quería oír: que no había rencor y que las cosas podían volver a ser como antes.
Entonces, ¿por qué sus palabras le hacían daño?
Habría tenido que estar contenta. Él había puesto fin a su sequía sexual de la forma más espectacular posible, y eso era todo lo que necesitaba de él.
Los dos sabían que lo suyo no tenía futuro.
Eran adultos y podían superar cualquier incomodidad, hacer lo que tenían que hacer y luego seguir cada uno su camino.
Sonrió con timidez.
—Vale. Pues está bien. Eh… Supongo que nos vemos luego. —Le hizo un gesto de despedida un poco cohibido, dio media vuelta y se dirigió de nuevo hacia su habitación.
—Lexie. —La detuvo tras dar unos pasos; ella se volvió hacia él y sus ojos grises encontraron los verdes de Connor—. No me arrepiento. —Su voz grave le provocó un escalofrío que le recorrió la espalda.
Se mordió el labio, y él bajó la mirada hacia su boca por un segundo.
—Yo tampoco —susurró ella, y luego se dio media vuelta y regresó a su habitación.