Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 19 #2
47%

19 #2

—Dios mío, Connor —jadeó Lexie cuando él le rozó un pezón con los dientes.

Levantó las caderas para seguir el ritmo de las de él a medida que su placer aumentaba rápidamente.

Hacía tanto tiempo que no sentía nada tan bueno como aquello que sabía que no iba a tardar mucho en llegar al límite.

Cuanto más se movía contra ella, más crecía la presión en su interior.

—¿Te vas a correr para mí, preciosa? —dijo él, y le dio un beso lento y ardiente en los labios.

Luego volvió a centrar su atención en sus pechos, chupándole un pezón mientras pellizcaba y tiraba del otro.

Lexie echó la cabeza hacia atrás cuando su placer alcanzó de repente su punto álgido, arqueó la espalda y se ciñó a su alrededor.

Jadeó su nombre, temblando ante las sensaciones que inundaban su cuerpo—.

Ha sido una visión preciosa, Lexie. —El acento irlandés de su voz se había vuelto más evidente, y él se mantenía rígido sobre ella de nuevo.

Tenía los ojos casi negros, con las pupilas dilatadas por el deseo—.

Quiero volver a verlo antes de correrme.

Ella se estremeció. Las réplicas de su increíble orgasmo seguían recorriéndole el cuerpo, pero sus palabras y la sensación de tenerlo aún tan caliente y duro dentro de ella hicieron que el placer volviera a crecer en su interior.

Las embestidas de Connor empezaron a ganar velocidad y sus caderas chocaron con fuerza contra las de ella.

Lexie deslizó los dedos por su espalda, sintiendo la tensión en sus músculos y deleitándose con toda esa fuerza sobre ella, rodeándola, dentro de ella.

Notaba cómo su cuerpo se tensaba, presagio de un orgasmo que podía ser aún más intenso que el primero —si eso era posible—.

Connor se incorporó sobre ella, se apoyó en una mano y deslizó la otra entre sus cuerpos para acariciarle el clítoris.

—Estoy a punto —jadeó ella.

—Eso es, cariño. Necesito sentir cómo te corres otra vez.

— Su ritmo se aceleró con embestidas fuertes y enérgicas mientras sus dedos obraban su magia, hasta que el orgasmo la invadió con tal fuerza que levantó la espalda de la cama mientras gritaba su nombre—.

Joder, Lexie —gimió con los dientes apretados mientras se hundía en ella por última vez, y la estrechó con fuerza entre sus brazos mientras se corría.

El clímax de Lexie seguía recorriéndola en cascada, con oleadas de placer que la inundaban por entero, que llegaban hasta el último rincón de su cuerpo, llenándola tan por completo que resultaba casi insoportable.

Transcurrió un largo momento hasta que la sensación fue remitiendo poco a poco.

A medida que bajaba de ese increíble subidón, con los músculos temblando, la realidad comenzó a colarse en sus pensamientos saturados de placer.

Connor se relajó contra ella, besándola con suavidad a lo largo del cuello.

Era genial. Era… íntimo. Pero no podía evitar preguntarse cuánto tiempo iba a pasar antes de que él quisiera que se marchara.

Una parte de ella deseaba que el sexo no hubiera sido tan increíble como lo había sido.

Cuánto más fácil habría sido salir de su cama y volver a la normalidad al día siguiente si solo hubiera sido sexo del bueno sin más.

Pero ¿cómo se regresaba a la normalidad después de un sexo así?

¿Cómo no ansiar volver a saborearlo? ¿Cómo ver que él, posiblemente, iba a llevarse a otras mujeres a su habitación sin sentirse herida?

Connor se separó de ella, le dio un suave beso en los labios y luego se levantó para tirar el condón a una papelera cercana. Ella lo observaba, hipnotizada por sus movimientos elegantes y el juego de sus músculos, pero se preguntaba si iba a ser entonces cuando él le pidiera que se marchara.

En lugar de eso, volvió a la cama, se tumbó a su lado e hizo que se recostara sobre él.

Le acarició la espalda con la punta de los dedos, subiendo y bajando suavemente, y no parecía tener intención de apresurarla para que se marchara.

Lexie apoyó la cabeza en su pecho y trazó suaves círculos sobre su piel lisa.

Podía oír su corazón, que seguía latiendo rápido, como un eco del suyo.

—Ha sido la hostia de increíble —dijo él con languidez.

—Mmm —asintió ella, antes de incorporarse ligeramente para poder verle la cara.

Tenía los ojos entrecerrados, pero las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba cuando ella lo miró.

Estaba increíblemente guapo, con el pelo revuelto y esos vivos ojos verdes recorriendo su rostro como si intentaran memorizarlo.

Pero, aunque estaba tumbada desnuda en sus brazos, él seguía pareciéndole inalcanzable.

Sabía que era el momento de levantarse y marcharse, de empezar a distanciarse para poder irse con la cabeza bien alta.

Pero si esa noche iba a ser la única, no quería desperdiciarla.

El mañana iba a ser agónico, no había forma de evitarlo, así que más le valía aprovechar al máximo aquella ocasión.

Quería que él llenara los huecos que había en su interior una y otra vez, y así, tal vez, cuando lo dejara por la mañana, no iba a sentirse tan vacía todo el tiempo.

Correspondió a su sonrisa con una propia, se incorporó y lo besó en los labios. Connor levantó los brazos de inmediato para pegarla a él y la hizo tumbarse boca arriba. Él ya se estaba excitando, y ella contoneó las caderas en una súplica silenciosa.

—¿Quieres algo, cariño? —preguntó él, con voz grave y sensual. Acercó los labios justo por encima de los de ella, esperando a que le respondiera.

—Quiero más —susurró ella, lo que hizo que Connor soltara un gruñido sordo antes de agachar la cabeza para darle lo que había pedido.