19
L exie
El corazón de Lexie latía con tanta fuerza en su pecho que podía sentirlo por todo el cuerpo.
Se quedó junto a su cama y alzó la vista hacia él, que se alzaba imponente sobre ella, con los ojos verdes brillantes y los músculos tensos.
Parecía que, en cualquier momento, iba a cogerla en brazos y tirarla sobre el colchón.
Una parte de ella sabía que aquello era una mala idea, que iba a cambiarlo todo entre ellos, pero esa parte se veía ahogada por la que lo deseaba.
La que deseaba aquello. Esa tentación era tan fuerte que le temblaba todo el cuerpo; se moría por tocarlo, por que la tocara, por sentir su piel suave y los músculos firmes moviéndose sobre ella.
Anhelaba que él llenara el vacío que había sentido durante tanto tiempo y apartó todo lo demás de su mente.
Incapaz de esperar más, se acercó a él, deslizó una mano bajo su camiseta y recorrió con los dedos los músculos duros y marcados de sus abdominales. Él se estremeció ante su tacto.
Connor tenía la mandíbula tensa y los ojos entrecerrados mientras la observaba fijamente.
Entonces, como si se hubiera roto un dique, Lexie se movió, agarró el dobladillo de la camiseta de Connor y se la quitó con un solo movimiento fluido.
La visión de su torso desnudo le provocó una oleada de calor.
Le hormigueaban los dedos con el impulso de acariciar su piel suave y bronceada.
Extendió la mano hacia él y recorrió las líneas negras de su tatuaje, antes de deslizarlos por su pecho y sobre los surcos de sus músculos abdominales, y se detuvo solo al llegar a la cintura de sus vaqueros.
Connor permanecía inmóvil como una estatua mientras ella lo tocaba, pero, al escudriñar su rostro, ella vio el esfuerzo que le suponía no moverse, no tocarla.
Lexie se llevó las manos a la espalda y empezó a bajarse la cremallera del vestido.
Connor se movió por fin, la rodeó y tomó el relevo en la tarea.
Le bajó la cremallera lentamente hasta llegar al final de su espalda; luego, se tomó su tiempo para deslizar los dedos de nuevo hacia sus hombros, los pasó bajo los finos tirantes del vestido y lo deslizó hacia abajo.
El vestido quedó amontonado a sus pies, dejando al descubierto su piel acalorada bajo el aire fresco y su mirada hambrienta.
Como los tirantes de su vestido eran tan finos y el corpiño le quedaba ceñido, no llevaba sujetador debajo. Sus pezones, ya erectos por el deseo que le recorría las venas, se tensaron aún más bajo su escrutinio.
—Qué hermosa —murmuró él. Le acarició un pecho, rozándole el pezón tenso con el pulgar, lo que le arrancó un suave gemido.
Deseando sentir los contornos duros de su torso contra ella, Lexie dio un paso adelante, se puso de puntillas y le rodeó el cuello con los brazos, gimiendo al sentir sus músculos duros como la roca contra sus sensibles pechos.
Connor estrelló su boca contra la de ella, sin ningún tipo de moderación.
Le recorrió la espalda con las manos y le rodeó el trasero, pegando las caderas a las de ella, que tembló de expectación al sentir su miembro largo y duro a través de la tela de sus vaqueros.
Bajó las manos hasta la cintura de él y forcejeó con el botón, desesperada por tocar hasta el último centímetro de su cuerpo.
Lexie le bajó la cremallera y le deslizó los vaqueros y los calzoncillos por las caderas.
Mientras él se los quitaba, ella aprovechó la oportunidad para contemplarlo por completo.
Sus ojos recorrieron su increíble cuerpo, todo líneas marcadas, músculos definidos y un miembro muy muy grande…
Lexie abrió mucho los ojos y el estremecimiento de deseo que la recorrió al saber lo que estaba a punto de suceder hizo que le fallaran las piernas.
Él no le dio mucho tiempo para admirarlo: la pegó de nuevo a él para darle otro beso profundo y deslizó su lengua contra la de ella, haciéndola gemir. No había nada entre ellos salvo sus bragas, y ella podía sentir toda la longitud ardiente de él contra su vientre.
Connor dio un paso atrás.
—Túmbate, Lexie. —Su voz era un murmullo grave y oscuro que casi parecía vibrar a través de su cuerpo.
Ella se sentó en la cama y luego se deslizó hacia arriba para apoyarse en el cabecero.
Él se echó a su lado, se agachó y le rozó el pezón con los labios, antes de envolverlo en el calor húmedo de su boca; giró la lengua y chupó hasta que Lexie arqueó la espalda ante aquella sensación exquisita; alzó las manos y las hundió en el espeso y oscuro cabello de Connor, orando para que no se detuviera.
Al cabo de unos segundos, él centró su atención en su otro pezón, chupándolo con fuerza y haciéndola gritar de placer.
Las manos de Lexie abandonaron su pelo y se deslizaron por sus hombros hasta sus bíceps.
Tiró de él hasta que se puso encima de ella.
Con sus caderas entre los muslos de ella, pudo deslizar las manos por su espalda, incapaz de saciarse de la sensación de sus músculos duros flexionándose bajo su tacto.
Connor alternaba entre sus pechos, lamiendo y chupando sus pezones hasta que ella se retorcía de deseo.
Lexie levantó las caderas para restregarse contra él; iba a estallar en llamas si no encontraba alivio a la presión que se acumulaba en su interior.
Él inspiró bruscamente y se balanceó contra ella instintivamente antes de bajar una mano para sujetarle las caderas.
Tras succionar una última vez uno de sus pezones, la besó con suavidad entre los pechos y bajó lentamente por su vientre, paseando los labios y su cálida lengua por su piel.
Cuando llegó a sus bragas, se echó hacia atrás y recorrió con los dedos la cinturilla, de un lado de las caderas al otro.
Lexie se estremeció, tan excitada que pensó que podía entrar en combustión espontánea.
—Connor, por favor, necesito que me toques.
Él levantó la vista hacia ella y debió de ver la desesperación en su rostro, porque esbozó una sonrisa y deslizó los dedos por los laterales de sus bragas y se las quitó. Luego se recostó de nuevo y se limitó recorrer su cuerpo con mirada ávida.
Lexie pensó que debía sentirse cohibida, ya que él probablemente había visto desnudas a cientos de mujeres preciosas.
Pero estaba tan absorta en la reacción de su cuerpo ante él, tan desesperada por satisfacer ese deseo largamente latente que latía en su interior, que, en lugar de intentar ocultarse, abrió las piernas en señal de invitación.
—Joder, Lexie. Eres la hostia de guapa —soltó entre dientes; la acarició con un dedo entre las piernas que ella había abierto para él, rozándole el clítoris.
La sensación en su piel sobreestimulada hizo que sus caderas se contonearan, y la humedad que notaba demostraba lo preparada que estaba para él.
Él le metió un dedo y lo deslizó profundamente varias veces antes de añadir otro, dilatándola, preparándola para recibirlo.
Cuando los retiró, ella se estremeció en señal de protesta ante la sensación de vacío.
Connor dejó escapar un gruñido sordo—. Más tarde voy a saborearte, pero ahora mismo necesito estar dentro de ti.
No puedo esperar más. —Su voz era grave y profunda, y estaba cargada de lujuria.
—Sí —jadeó ella—. Por favor, Connor.
Se estiró para abrir el cajón de la mesilla de noche. Sacó un condón, lo abrió de un tirón y se lo puso, mirándola con ojos oscuros y hambrientos.
—Dime que esto es lo que quieres. —Lexie asintió con un movimiento espasmódico, casi fuera de sí por el deseo—. Quiero oírtelo decir, cariño.
—Lo quiero, Connor. Lo necesito. —Se retorció bajo él, con la voz entrecortada, y añadió—: Te necesito.
Una intensa satisfacción se encendió en sus ojos, y se preparó, presionando contra su entrada antes de deslizarse parcialmente dentro. Lexie jadeó ante la sensación de estar llena.
—Joder, qué estrecha eres —murmuró él, con la mandíbula tensa mientras se adentraba lentamente en ella.
—Lo siento, hace mucho tiempo que no lo hago —respondió ella sin aliento.
Él soltó una risita entrecortada.
—No te disculpes, cariño, es una maravilla. Pero tengo miedo de hacerte daño. O de que esto se acabe antes de empezar.
—No me harás daño. —Deslizó las manos por los músculos duros de su espalda, antes de agarrarle por las caderas y tirar de él—. Y quiero sentirte todo.
Él la miró a los ojos y, al encontrar lo que necesitaba ver, la besó en los labios e invadió su boca con la lengua; se deslizó en ella con una última embestida fuerte, llenándola por completo.
Lexie gritó y se tensó de la cabeza a los pies antes de relajarse a medida que sus músculos se distendían y se estiraban a su alrededor.
—¿Estás bien? —le preguntó él, manteniéndose quieto sobre ella.
Ella suspiró y asintió, adaptándose a su tamaño.
—Es increíble. —Movió las caderas, restregándose contra él con cautela.
Connor gimió.
—Quédate quieta un segundo, cariño. Estoy a punto de correrme y tendría que esperar al menos un minuto antes de volver a estar lo bastante duro como para hacer contigo todo lo que quiero.
Por increíble que pareciera, teniendo en cuenta lo excitada que estaba, él la había hecho reír.
—Un minuto, ¿eh? Desde luego que no quiero tener que esperar tanto.
Su risa hizo que su cuerpo se moviera, y Connor soltó un sonido inarticulado, apoyando la frente contra su pecho.
—Esto es absurdo. Me siento como un adolescente otra vez. —Se tensó cuando ella soltó otra carcajada.
Por fin, sus músculos empezaron a relajarse y comenzó a moverse, deslizándose dentro y fuera de ella de la forma más exquisita, haciendo que el placer recorriera su cuerpo.
A partir de entonces, no hubo más risas.