Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 18
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C onnor

Mientras el ascensor bajaba, Connor no podía detener el torbellino de pensamientos que le rondaban por la cabeza.

¿Qué demonios estaba pasando con Lexie y los demás chicos?

¿Acaso todos se sentían atraídos por ella?

Primero Tex y luego Noah… Todos eran como polillas revoloteando alrededor de su llama.

Solo faltaba que Zac empezara a suspirar por ella y ya tendría la colección completa.

Se le ocurrió un pensamiento horrible. ¿Había alguna posibilidad de que se hubiera acostado con alguno de los demás?

La ira lo invadió ante esa idea. Tex ya había admitido haberla besado; ¿si se hubieran acostado juntos, lo habría reconocido?

¿Y qué pasaba con Noah? Ese tío era el mayor ligón que conocía, y habían estado bastante cerca el uno del otro cuando él había salido de su habitación.

Connor se pasó las manos por el pelo, inspirando profundamente para intentar controlar su ira ante la idea de que los demás hubieran tocado a Lexie.

La puerta del ascensor se abrió al llegar al aparcamiento y salió a zancadas; se montó en la parte trasera del coche que lo esperaba para llevarlo al recinto.

Se dirigía allí temprano para poder pulir algunas de las canciones que había estado componiendo con su guitarra eléctrica en lugar de con la acústica que tenía en su habitación.

También esperaba con eso dejar de pensar en Lexie, un plan que, a esas alturas, se había ido al traste. Todo aquello se estaba volviendo insoportable. Algo iba a tener que cambiar, y no sabía cuándo ni qué podía ser.

Connor se zafó de las garras de otra mujer con poca ropa que parecía dar por hecho que, como él le había firmado en la nalga, tal y como ella le había pedido, iba a llevársela a su habitación del hotel.

Estaba lo bastante buena como para que, no hacía mucho, se lo hubiera planteado, pero esta noche no sentía ningún interés por ella ni por ninguna de las otras mujeres que no dejaban de restregarse contra él.

Le habría encantado no estar en la fiesta tras el concierto, pero tenía que hacer acto de presencia para complacer a todos esos vip que habían pagado por su presencia.

Mientras se abría paso por la sala, vio a Lexie sentada en un sofá en un rincón, mirando la pantalla LCD de su cámara. A la mierda con todo. No quería hablar con ninguno de esos desconocidos, quería hablar con ella. Estaba harto de contenerse y de no hacer lo que deseaba cuando se trataba de ella.

Al acercarse, fulminó con la mirada al capullo que estaba sentado a su lado y que no dejaba de contemplarla mientras ella trabajaba.

Llevaba uno de esos vestiditos de verano tan sexys, y aunque una parte de él deseaba que dejara de ponérselos porque lo distraían mucho, a otra parte aún más grande le encantaba ver su suave piel dorada al descubierto.

Al parecer, a todos los demás también. Cuando el imbécil apartó la vista el tiempo suficiente como para percatarse de la cara de Connor al acercarse, captó rápidamente el mensaje y se levantó, fingiendo que necesitaba desesperadamente ir a por una cerveza.

Connor se sentó junto a Lexie y ella levantó la vista con una sonrisa distraída en sus bonitos labios.

Cuando se dio cuenta de que era él, sus pupilas se dilataron y se mordió el carnoso labio inferior.

Con la esperanza de que ella no bajara la mirada hacia sus vaqueros, que de repente le quedaban demasiado ceñidos, él estiró el brazo con naturalidad a lo largo del respaldo del sofá, detrás de los hombros de ella.

—Hace siglos que no hablo contigo. ¿Cómo van esas fotos? — Qué original, pensó para sí mismo, disgustado.

Ella bajó la vista hacia la pantalla de su cámara.

—Están saliendo muy bien. Ya tengo un montón de fotos estupendas, así que el problema va a ser seleccionarlas para quedarme con las mejores para el libro.

—¿Puedo echarles un vistazo?

Le pasó la cámara y le enseñó el botón que tenía que pulsar para ir pasando las fotos.

Vaya, tenía buen ojo. Había algunas fotos de la actuación de esa noche que tenían un aspecto fantástico, aunque era difícil apreciar muchos detalles en la pequeña pantalla.

Él se lo comentó y ella se quedó en silencio un instante antes de responder.

—Te las puedo enseñar en el portátil cuando lleguemos al hotel. Si no estás demasiado cansado, claro. —Su voz era suave y miraba fijamente su cámara mientras hablaba, pero él vio cómo se le sonrojaban un poco las mejillas.

Joder. ¿Estaba sugiriendo lo que parecía que estaba sugiriendo?

Un sinfín de pensamientos le atravesaron la mente, pero el que se le quedó grabado fue que no tenía ni idea de lo que se le pasaba por la cabeza y que no podía permitirse hacer suposiciones.

Lo que podía pasar si ella fuera a su habitación dependía de ella.

Por mucho que la deseara —y su pene estaba dejándole bien claro delante de todo el mundo lo mucho que la deseaba—, no iba a aprovecharse de ella. Pero estaba harto de luchar contra esa atracción, así que se echó hacia ella y observó, fascinado, cómo se le entrecortaba la respiración.

—Vámonos ya —dijo.

Se levantó, la cogió de la mano, la ayudó a levantarse y luego la llevó hacia la puerta; solo se detuvo para decirle a Zac que se llevaban el coche y que después iba a decirle que regresara para llevar al resto del grupo.

Zac asintió. Miró la mano de Connor, que rodeaba la de Lexie, pero no dijo nada.

Una vez fuera de la sala, le soltó la mano muy a su pesar, porque no quería que todo el equipo lo viera llevándola a rastras detrás de él; sabía de sobra lo que iban a pensar.

Sintiendo la urgencia latir en sus venas, la condujo rápidamente hacia el coche, esforzándose por entablar una conversación trivial.

Estaban a punto de llegar cuando Drew apareció de la nada para regresar con ellos al hotel.

Connor sabía que no podía decir que no, así que esbozó una tensa sonrisa y accedió, esperando que Lexie no se lo pensara mejor durante el trayecto.

Por suerte, Drew la entretuvo con su charla todo el camino, porque Connor no estaba en condiciones de decir nada que valiera la pena.

Cuando llegaron, Lexie se excusó para ir a su habitación a coger el portátil y la tarjeta de memoria.

Connor estaba cambiándose para ponerse algo más cómodo cuando llamaron a su puerta.

La expectación le bullía en las venas cuando se subió la cremallera de sus vaqueros favoritos, gastados y cómodos, antes de abrirle la puerta.

Lexie abrió mucho los ojos, y él tuvo que reprimir un gemido cuando ella recorrió con la mirada su pecho desnudo antes de volver a levantar la vista para encontrarse con la suya, con las mejillas sonrojadas.

Dios, qué sexy estaba. Su cabello oscuro llegaba en ondas a sus esbeltos hombros, que estaban al descubierto salvo por los finos tirantes de su vestido. Él se apartó de la puerta para que ella pudiera entrar, y su dulce aroma lo envolvió cuando ella pasó junto a él y entró en la habitación.

—Voy a terminar de cambiarme —dijo por encima del hombro mientras volvía al dormitorio.

Rápidamente se puso una camiseta blanca lisa y regresó al salón.

Ella estaba sentada en el sofá y ya había colocado su portátil sobre la mesa de centro.

Se sentó a su lado, acercándose lo suficiente como para sentir el calor que emanaba de su piel.

—De momento tengo unas fotos geniales —comentó ella, y él intentó centrar su atención en algo que no fuera lo mucho que deseaba tocarla.

Aún no sabía si Lexie tenía algún motivo para estar allí aparte de enseñarle las fotos.

Necesitaba una señal por su parte que le indicara qué quería que pasara entre ellos.

Hasta que llegara ese momento, debía concentrarse en el trabajo.

—Me gustan estas —dijo él cuando ella llegó a una serie de primeros planos del público.

Las fotos mostraban una multitud de rostros, con la boca abierta y los ojos brillantes, iluminados por el reflejo de las luces del escenario.

Un bosque de manos se alzaba hacia el escenario como si ansiaran desesperadamente tocarlos.

—Se ven muy bien las emociones en los rostros de tus fans —sonrió Lexie—. Ahí hay mucho amor por ti.

—No es amor. Es lujuria —la corrigió él. Él lo sabía bien: era justo lo que sentía en ese momento.

Ella lo miró a los ojos; una emoción que él no supo identificar le cruzó el rostro antes de que apartara la vista.

—Supongo que sí —aceptó lentamente—. Sea lo que sea, debe de ser bastante gratificante.

Él se encogió de hombros.

—No está mal.

Lexie se movió en el sofá para quedar cara a cara con él.

—¿Cómo es? —preguntó con auténtica curiosidad.

—¿El qué? ¿Que te deseen cientos de miles de mujeres?

—Millones, me imagino —puntualizó ella. Y añadió—: Y muchos hombres también.

Él se rio.

—Tienes razón. —Ella arqueó una ceja y él se dio cuenta de que ella seguía esperando a que él respondiera a su pregunta, y quiso ser sincero—.

Bueno, no te voy a mentir, al principio es emocionante.

Las mujeres se te echan encima, te ofrecen todo lo que puedas desear, sin condiciones. Es difícil decir que no.

Lexie asintió como si lo entendiera, pero luego bajó la cabeza y empezó a cerrar las pantallas con las fotos que tenía abiertas en el portátil.

—Bueno, se está haciendo tarde y probablemente estés cansado… —empezó a decir, pero se detuvo cuando él se echó hacia ella.

—No me has dejado terminar —murmuró. Ella lo miró fijamente, con sus grandes ojos grises muy abiertos al notar que él invadía su espacio personal—.

El sexo con groupies y fans acaba cansando al cabo de un tiempo.

No hay forma de evitarlo, Lexie, he estado con muchas mujeres desde que nos hicimos famosos.

Pero no sé cuánto tiempo hacía que no deseaba a una mujer en concreto, que no me excitaba solo con sentarme a su lado.

Le escudriñó el rostro, buscando algo, cualquier cosa que le indicara que ella lo deseaba tanto como él a ella.

Sus pupilas se dilataron y él se acercó más, intentando presionarla para obtener una respuesta definitiva. Supo que la había conseguido cuando, en lugar de apartarse, ella se echó hacia él.

A la mierda, decisión tomada.

Connor extendió la mano y le recorrió suavemente el perfil de la cara con las yemas de los dedos.

Ella abrió mucho los ojos y entreabrió los labios, pero no emitió ningún sonido, así que él siguió adelante.

Deslizó lentamente los dedos por la suave piel de su cuello hasta detenerlos sobre el pulso que latía con fuerza en la base.

Volvió a mirarla a los ojos, solo para descubrir que los había cerrado.

—Lexie —murmuró. Ella parpadeó, y su expresión soñadora hizo que toda la sangre de Connor se precipitara hacia el sur—.

Lexie, cariño, necesito saber qué estás pensando.

¿Es esto lo que deseas? —La pausa antes de que respondiera pareció prolongarse eternamente, pero por fin asintió y su pulso se aceleró, latiendo como alas de mariposa bajo sus dedos.

Necesitaba más; debía asegurarse de que ella entendía perfectamente la situación.

Sobre todo porque sabía que esa iba a ser la primera vez que estaba con un hombre desde la muerte de su marido.

La deseaba con locura, pero no quería hacerle daño—.

No puedo ofrecerte nada más que esta noche.

Lo sabes, ¿verdad? Pero te prometo que haré que lo disfrutes, y no creo que ninguno de los dos se arrepienta.

— Decirlo casi acabó con él porque sabía que podía hacer que ella se echara atrás.

La deseaba demasiado como para hacer lo correcto y dejarla en paz, pero necesitaba que ella supiera lo que significaba seguir adelante.

Ella cerró los ojos un instante e inspiró hondo, antes de responder.

—Quiero que pase —susurró.

Eso era todo lo que precisaba oír y, antes de que ella tuviera tiempo de reaccionar, él extendió las manos y las hundió en la suave y oscura seda de su cabello y la besó con ganas.

Como sabía que llevaba mucho tiempo sin estar con nadie, había querido que fuera un beso suave y comedido, pero las semanas de tensión sexual habían debilitado su fuerza de voluntad.

Ella lo sorprendió al dudar solo un segundo antes de abrir los labios bajo los suyos. Él tomó el control, introduciendo la lengua en su boca, deleitándose con la forma en que ella gemía y apretaba los puños contra la tela de su camisa. Dios, sabía tan bien como había imaginado.

Deslizó una de sus manos desde su pelo hasta la parte baja de su espalda y la pegó a su cuerpo.

Poder saborearla por fin y sentir sus suaves curvas contra él hizo que el calor le recorriera las venas.

Al romper el beso, se quedó mirando su rostro sonrojado; sus labios rosados e hinchados, sus ojos entrecerrados por el deseo.

—Vamos al dormitorio —logró articular.

Se levantó, tomó la mano de Lexie y la ayudó a ponerse de pie para dirigirse hacia su habitación, deteniéndose cada pocos pasos para besarla, porque echaba de menos su sabor cuando no lo hacía.

Los pequeños gemidos que ella dejaba escapar cada vez que acariciaba su lengua con la de él lo tenían más excitado de lo que había estado en toda su vida.

Para cuando por fin llegaron a su cama extragrande, se sentía como si fuera a morirse si no se quedaban piel contra piel en ese mismo instante.