Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 15
33%

15

L exie

Tex había conseguido un coche en algún sitio y Lexie y él estaban dando vueltas por la zona más sórdida del centro de Minneapolis.

Lexie tenía algo concreto en mente para la foto de Tex; solo necesitaba encontrar el lugar adecuado para ello.

Le dijo a Tex que siguiera conduciendo hasta que localizara lo que estaba buscando.

Drew había intentado insistir en que llevaran seguridad con ellos, pero Tex se había negado rotundamente.

Ella había notado un brillo característico en sus ojos cuando le había dicho lo que necesitaba que hiciera antes de salir, incluyendo ponerse unos pantalones de cuero y una camisa blanca, buscar una guitarra de repuesto para llevarse y coger uno de sus libros.

Parecía estar disfrutando, aunque ella no le hubiera dicho qué estaba planeando.

En ese momento, mientras recorrían las callejuelas, Tex la entretenía con historias alocadas sobre las travesuras que la banda había hecho cuando eran más jóvenes.

A Lexie le encantaba escucharlo todo sobre su meteórico ascenso a la fama y las aventuras que todos habían vivido.

También hablaban de sus películas y libros favoritos.

Y cuando Tex le confesó su secreto culpable, ella hizo una parada de emergencia inmediata en la primera librería que encontró.

Al final, Lexie vio lo que estaba buscando: un bar cutre que parecía haber abierto hacía poco ese mismo día.

Tras aparcar delante, Lexie le dijo a Tex que se quedara en el coche mientras echaba un vistazo al local, pero él la ignoró y le dijo que no quería que ella anduviera sola por aquel antro.

Encogiéndose de hombros, pensó que no era el lugar más probable para que él se viera asediado por fans que quisieran que les firmara autógrafos.

Salieron del coche, se dirigieron al bar y empujaron la puerta batiente para entrar en el lúgubre interior.

—Es perfecto —dijo Lexie con una sonrisa, mirando a su alrededor las paredes y la moqueta sucias, las mesas y sillas de madera manchadas, y la luz que prácticamente tenía que abrirse paso a la fuerza a través de las ventanas cubiertas de suciedad.

Detrás de la barra había un hombre mayor de aspecto rudo que los observaba con curiosidad. Lexie se acercó para hablar con él.

—Hola, ¿podrías hacerme un gran favor? —Él se limitó a arquear las cejas y siguió masticando un palillo que le sobresalía de la comisura de la boca.

Lexie sacó algo de dinero de su bolso—. Como todavía no hay nadie más aquí, ¿qué te parecería ganar cincuenta dólares por dejarme hacerle unas cuantas fotos a mi amigo?

El hombre miró de reojo a Tex, con sus pantalones de cuero y su camisa blanca, desabrochada casi hasta el ombligo.

—¿Esto es porno? —masculló. La risa de sorpresa de Lexie llamó la atención de Tex, que se acercó.

Sin dejar de reír, Lexie respondió.

—No, solo una sesión de fotos improvisada para mi amigo. —Bajó la voz con aire cómplice—. Es músico.

El hombre le echó un vistazo de arriba abajo a Tex.

—¿Es posible que conozca alguna de tus canciones?

—Probablemente no. —Tex le dedicó una sonrisa afable.

En ese momento, el hombre dejó de prestarle atención y le arrebató el dinero de la mano a Lexie.

Ella se puso entonces a mover mesas y sillas, intentando dejarlo todo perfectamente preparado.

Le pidió a Tex que fuera al coche y cogiera su guitarra y el trípode que había dejado en el asiento trasero, así como el libro que había comprado de camino.

Para cuando él regresó, Lexie había comprado una botella barata de whisky y la había puesto sobre la mesa junto a un vaso.

Después de que él le diera el trípode, lo colocó frente a la mesa y la silla que había movido para situarlas en el único haz de luz que entraba por la ventana sucia, de modo que casi parecían iluminadas por un foco.

Una vez que terminó de trastear con su cámara, se volvió con una gran sonrisa en el rostro para ir a buscar a Tex y se topó de lleno con un muro de músculos.

Sorprendida, alzó la vista hacia los ojos color ámbar de Tex.

Su expresión seria hizo que su sonrisa se desvaneciera y, antes de que se diera cuenta de lo que estaba pasando, él le había puesto las manos en los brazos y la había pegado a su cuerpo.

Sorprendida y confundida, Lexie no se resistió, pero cuando él bajó la mirada hacia su boca y le llevó una mano a la nuca, se dio cuenta de lo que pretendía.

Paralizada y sin saber cómo reaccionar, incapaz de negar que sentía curiosidad por saber qué se iba a sentir, no se resistió cuando él hizo que echara la cabeza hacia atrás. Esperó un instante, dándole tiempo para protestar, y al ver que no lo hacía, se agachó y la besó.

Lexie no se movió, salvo para llevar las manos hasta su pecho, aunque no estaba segura de si era para apartarlo o para pegarlo más ella.

La había pillado completamente por sorpresa.

Pensaba que bromeaba cada vez que hacía algún comentario sobre quedarse a solas con ella.

El destello pícaro que siempre parecía habitar en sus ojos tampoco había ayudado.

Era su primer beso en tres años, y se preparó para afrontar la familiar punzada de culpa, pero cuando llegó, no fue tan intensa como esperaba.

En cambio, se centró en lo bien que le sentaba esa intimidad.

El contacto de un hombre, la sensación de saberse deseada…

eran cosas que había echado de menos cada día desde la muerte de Damien.

Y no iba a mentir: Tex sabía besar.

Una lenta sensación de calor se extendió desde el lugar donde sus labios se posaban sobre los de ella e irradió por todo su cuerpo.

Pero eso era todo: el calor de ser tocada y abrazada por un hombre atractivo.

No había fuego en ello, ni electricidad estática en su piel ni nada que encendiera una chispa en lo más profundo de su ser.

Tex era un hombre muy sexy y un músico increíble, pero no era el hombre que le robaba el aliento con una sola mirada, cuyo tacto le ponía la piel de gallina. Tex también debió de darse cuenta, porque interrumpió el beso rápidamente y la miró a la cara con sus preciosos ojos relucientes.

—Lo siento, cariño, no quería pillarte por sorpresa, pero tenía que saberlo.

Ella negó con la cabeza, desconcertada.

—¿Tenías que saber qué?

—Eres una mujer preciosa, Lexie, por dentro y por fuera.

Me gusta estar contigo. Algún día tengo pensado conocer al amor de mi vida, casarme y formar una familia.

Solo necesitaba averiguar si tú podías ser esa persona.

—Se encogió de hombros, con un tono un poco melancólico en su voz grave—. Pero no lo eres, ¿verdad?

Lexie le puso la mano en el brazo y se lo apretó.

—Eres todo un romántico, ¿verdad? Me encantaría conocerla cuando la encuentres, Tex.

Va a ser una mujer increíble. Creo que será alguien a quien me gustaría conocer.

—Entonces se sintió estúpida por haberlo dicho, ya que ella sería historia antigua para cuando él la conociera.

Entristecida por ese pensamiento, rodeó con los brazos su amplio pecho y lo abrazó—.

Aunque me halaga que me hayas tenido en cuenta.

Él asintió.

—Al menos ha merecido la pena el ojo morado que probablemente me llevaré por besarte.

—¿A qué te refieres?

—A que lo más seguro es que Connor me dé un puñetazo por haberte besado.

—El corazón de Lexie se aceleró. ¿Quería decir que Connor estaría celoso?

Pero las siguientes palabras de Tex la sacaron de ese error—.

Sí, en realidad no debería mencionarlo, pero Connor nos hizo prometer a todos que ninguno de nosotros intentaría ligar contigo, ya que eres muy importante para el álbum de fotos.

No quiere que ninguno de nosotros se líe contigo.

— Sintiéndose estúpidamente desanimada al pensar que a Connor solo le importaba eso porque habían hecho algún tipo de promesa de «club de chicos» para no tirarse a la fotógrafa, Lexie se dio la vuelta para volver a comprobar su cámara.

Tex estaba, obviamente, más en sintonía con sus emociones de lo que ella pensaba, porque la agarró del brazo e hizo que lo mirara.

Debió de ver algo en su expresión, porque asintió para sí mismo—.

Connor ha tenido una vida dura. Por eso mantiene a la gente a distancia.

Algo le ha tenido deprimido durante un tiempo, y no me quiere decir qué es.

Aunque últimamente he notado un cambio en él; vuelve a haber algo del antiguo Connor.

No me refiero al de hace un par de años, sino el que recuerdo de cuando era niño.

Está muy ilusionado con algo. El álbum de fotos es importante para él por alguna razón, lo que hace que tú también seas importante para él.

—Hizo una pausa, sin dejar de estudiarle la cara—.

Aunque puede que tus fotos no acaben siendo lo más importante de ti para él.

—¿Qué quieres decir? —preguntó ella, frunciendo el ceño.

Pero, al parecer, ya había dicho todo lo que iba a decir, porque se limitó a encogerse de hombros, sonrió y se dirigió hacia la mesa y la silla.

—Acabemos con esto antes de que lleguen los habituales.

Frustrada, pero dándose cuenta de que tenía razón, Lexie lo hizo posar.

Se había sentado en la silla, que estaba echada hacia atrás, con sus largas piernas apoyadas sobre la mesa.

Su guitarra, la botella de whisky y un vaso medio lleno estaban sobre la mesa a su lado.

Con su larga melena de un castaño dorado, la barba de dos días y esos ojos seductores de pestañas espesas, parecía un sexy rey de los piratas, iluminado por el haz de luz que entraba por la ventana.

Lo mejor era el libro que estaba leyendo mientras se recostaba perezosamente en la silla.

No se trataba del que se había llevado del hotel, porque el secreto culpable que le había revelado durante el trayecto en coche era que le gustaba leer las buenas novelas románticas de toda la vida.

La portada del libro que sostenía en su gran mano mostraba, como no podía ser de otra manera, a un pirata moreno y de pelo oscuro que estrechaba contra su pecho a una menuda doncella de pelo negro y ojos azules, mientras se miraban lujuriosamente a los ojos.

La composición era perfecta: sus fans se iban a volver locos al ver esa foto. Lexie no podía dejar de sonreír. Era feliz haciendo lo que le encantaba, y por fin había conseguido apartar de su mente los pensamientos sobre Connor.

Bueno, más o menos.