14
L exie
Drew acompañó a Lexie hasta su habitación del hotel.
—¿Va todo bien? Has estado muy callada durante todo el camino. —La preocupación le hizo fruncir el ceño.
—Es que ha sido un día largo. —Se masajeó las sienes, que empezaban a palpitarle.
—¿Necesitas algún analgésico? Llevamos un buen surtido con nosotros.
Ella negó con la cabeza.
—No, gracias, tengo algunos en mi habitación. Me tomaré un par y me iré a la cama. Por la mañana ya se me habrá pasado.
Drew la observó mientras ella rebuscaba la llave de su habitación. Carraspeó.
—Lexie, ¿te acuerdas de lo que te dije durante el primer concierto?
Al encontrar la llave, la sacó del bolso antes de volverse hacia él.
—Sí —dijo con cautela.
—Mira, sé que te molestó lo que dije entonces, y lo siento.
Pero espero que sepas que velaba por ti, además de por el grupo.
—Lexie asintió lentamente, preguntándose adónde quería llegar con aquello—.
Esos chicos son mis amigos. Los he conocido bien en los últimos años y son buenos chicos.
Pero, a fin de cuentas, siguen siendo estrellas del rock.
No están acostumbrados a que les digan que no pueden tener algo.
Lo que a veces significa que sale a relucir su niño interior.
Si les dices que hay algo que no pueden conseguir, eso solo hace que lo quieran más.
—Lo entiendo —dijo ella, deseando que él dejara de hablar para poder retirarse a su habitación.
Él suspiró.
—Lo que te digo es que vayas con cuidado, ¿vale? No dejes que los chicos te afecten, o al menos no les dejes ver que te están afectando. Solo conseguirá que quieran hacerlo aún más.
Por fin, terminó de hablar, le dio un beso rápido en la mejilla y se alejó por el pasillo hacia su habitación, la más cercana al ascensor.
Agradecida, Lexie abrió la puerta, encendió la luz y luego la cerró con llave tras de sí. Se acercó a la cama, se dejó caer sobre ella y se quitó los zapatos con la punta del pie.
No quería pensar en por qué había reaccionado tan mal al ver a Connor con aquella mujer. Sí, le parecía muy atractivo y sí, disfrutaba estando con él. Pero disfrutaba estando con todos los chicos; eran muy divertidos.
Quizá fuera porque no le había visto hacer nada parecido desde que se había ido de gira con ellos, y se había acomodado.
Al pasar tanto tiempo a su lado, casi había empezado a verlo como un simple hombre —un hombre increíblemente atractivo, todo había que decirlo—, pero en realidad no era así, ¿verdad?
Demasiado cansada para ducharse, se puso el pijama y luego se dirigió al bar para servirse un vaso de agua con el que tomarse los analgésicos. Cuando oyó voces en el pasillo, se detuvo, esforzándose por identificar quiénes eran. Parecían ser Connor y Noah.
Aguzó el oído para ver si podía oír alguna voz femenina, pero no se escuchaba bien. ¿Significaba eso que no se había ido con esa mujer? ¿O es que ella se había quedado sin habla por la expectación de acostarse con Connor?
Lexie contuvo la respiración al oír cómo se abría y se cerraba la puerta de Noah y, a continuación, lo que parecían unos pasos que se acercaban. Así que Connor no se había llevado a la mujer al hotel.
Sus pasos se ralentizaron al acercarse a su puerta y el corazón de Lexie se aceleró.
¿Había alguna posibilidad de que se detuviera y llamara a la puerta?
No estaba segura de si era buena idea que él estuviera en su dormitorio en ese momento.
Su pijama no dejaba mucho a la imaginación, y ella todavía estaba tratando de aclarar sus sentimientos sobre lo que había visto aquella noche.
Sin embargo, al final no tuvo que tomar esa decisión, porque él pasó de largo y, acto seguido, oyó cómo se abría y se cerraba su puerta. Tras soltar un profundo suspiro, Lexie apagó las luces y se metió bajo las sábanas.
El hecho de que se sintiera contenta de que Connor hubiera regresado solo —y, para ser sincera, que la hubiera decepcionado un poco que no hubiera llamado a su puerta— no auguraba nada bueno para su cordura. Aún le quedaban dos meses más de esa gira por delante.
Cerró los ojos e intentó con todas sus fuerzas conciliar el sueño, pero su mente se empeñaba en reproducir una y otra vez la imagen de Connor con aquella mujer sentada en su regazo.
Sabía que estaba mal sentir celos. No había nada entre ellos salvo una relación laboral y, tal vez, el comienzo de una amistad.
No debía sentirse tan atraída por él, pero le resultaba difícil evitarlo.
Si solo fuera una cara guapísima y un cuerpo espectacular, habría podido soportarlo.
Pero él era más que eso. Tenía talento, era divertido y generoso, lo cual era ridículamente injusto.
Y cuando estaba cerca de él se sentía como si todo su interior se iluminara.
Cuando le clavaba sus ojos verdes, con esa expresión intensa en su rostro, como si pudiera ver todos sus pensamientos más íntimos, la dejaba sin aliento.
Tenía que deshacerse de esos sentimientos y controlar sus celos. No había nada entre ellos, y no quería pasarse el resto de la gira enfadándose cada vez que él tocara a otra mujer. Confundida y frustrada, tardó mucho en conseguir conciliar el sueño.
A la mañana siguiente, tras haber dado vueltas en la cama toda la noche a causa de unos sueños que apenas recordaba, Lexie se dijo a sí misma que tenía que controlarse y dejar de poner a Connor en una especie de pedestal.
Era un hombre, como cualquier otro. Bueno, eso no era del todo cierto, teniendo en cuenta lo afortunado que había sido con él la lotería genética, tanto en cuanto a aspecto físico como a talento.
Pero tenía los mismos deseos y necesidades que cualquier otro hombre, e imaginar que, de alguna manera, estaba por encima de ligar con las mujeres dispuestas que se le echaban encima era de una ingenuidad extrema por su parte.
Lo que él hiciera o con quien quisiera hacerlo, no tenía nada que ver con ella. Debía tenerlo muy claro y no permitir que sus sentimientos al respecto alteraran la relación entre ellos.
Así que, cuando lo vio en el desayuno, se aseguró de que su sonrisa y su saludo fueran tan cálidos como de costumbre.
Tras coger algo de fruta del bufé, se acercó a la mesa en la que estaban sentados los chicos.
Como solo había un sitio libre, no tuvo más remedio que acomodarse junto a Noah, frente a Connor.
Tex y Zac estaban sentados del mismo lado que Connor, mientras que Drew había ocupado un lugar al otro lado de Noah.
El batería, siempre cariñoso, le rodeó inmediatamente los hombros con el brazo y le dio un beso en la mejilla.
—Buenos días, preciosa.
—Buenos días, Noah. —Lexie no pudo evitar corresponder a su sonrisa. Era un chico tan extrovertido, tan vivaz y entusiasta con todo como un cachorro de labrador.
Al volver la cabeza hacia Connor, lo encontró mirando fijamente por la ventana al fondo de la mesa con una expresión tormentosa en el rostro y la mandíbula notablemente tensa.
Estiró el cuello para echarle un vistazo a la ventana, curiosa por saber qué lo había molestado, pero no encontró nada evidente.
Sin pensarlo, Lexie extendió la mano por encima de la mesa y la posó suavemente sobre la de él, que había apretado con fuerza como reacción a lo que fuera que le hubiera cabreado.
—Connor, ¿va todo bien? —dijo en voz baja, sin querer llamar la atención de todos los que estaban a la mesa, que se habían puesto a hablar animadamente sobre uno u otro tema.
La mirada de Connor se dirigió hacia donde descansaba la mano de ella sobre la suya. Durante un segundo, él no dijo ni hizo nada, y ella no pudo ver bien su expresión porque sus ojos quedaban ocultos tras sus oscuras pestañas.
Preocupada por si le molestaba que lo tocara, estaba a punto de retirar la mano cuando, de repente, él le dio la vuelta a la suya y se la estrechó.
Por fin, levantó la vista, de modo que sus ojos verdes, ya claros, se encontraron con los de ella y se mantuvieron ahí mientras su pulgar comenzaba a acariciar la suave piel del dorso de su mano.
La ligera aspereza causada por los callos de las cuerdas de la guitarra en sus dedos realzaba la sensación.
Lexie no pudo evitar el escalofrío que le recorrió el cuerpo. Él se quedó quieto un instante antes de reanudar el movimiento y ella supo que se había dado cuenta de su reacción.
Dios mío . Tenía que apartar la mano de la de él como fuera.
Sobre todo después de lo de la noche anterior y de la resolución que había tomado esa misma mañana, pero no se atrevía a hacerlo.
Los ojos de Connor comenzaron a recorrer perezosamente su rostro, como si catalogaran cada centímetro de piel, cada peca de su nariz, antes de posarse en su boca.
Su intenso escrutinio le ponía los nervios de punta y, sin pensar en lo que podía parecer, se humedeció los labios.
Sus ojos volvieron a alzarse de golpe y se clavaron en los de ella.
Sin saber muy bien qué hacer, Lexie se quedó paralizada, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. Una parte de ella quería huir y esconderse de la intensidad de su mirada, y otra parte quería trepar por encima de la mesa y sentarse en su regazo.
La imagen de esa escena la devolvió bruscamente a la realidad, sobre todo con el vívido recuerdo de otra mujer sentada en su regazo justo la noche anterior.
Una mujer casi totalmente opuesta a ella.
¿Habría sentido esa mujer lo mismo que ella en ese momento?
¿La habría hecho Connor sentir como si fuera la única persona en la estancia, tal y como estaba haciendo sentirse a Lexie?
Convencida de que sus ojos muy abiertos debían de estar delatando cada uno de sus pensamientos y sentimientos, apartó la mirada de él y bajó la vista hacia la mesa. Retiró la mano de la de él y se las puso las dos sobre el regazo para que no se diera cuenta de que le temblaban.
Inspiró hondo y la vergüenza se apoderó de ella.
Estaba actuando como una virgen ingenua a la que un chico cogía de la mano por primera vez.
Era una mujer fuerte e inteligente. Por el amor de Dios, había estado casada.
Lexie recordó lo que Drew había dicho la noche anterior, sobre que los chicos deseaban algo con más ganas si pensaban que no podían tenerlo.
¿Era eso lo que estaba pasando con Connor?
Frustrada por darle tantas vueltas a toda la situación, levantó bruscamente la cabeza para mirarlo; estaba mirando de nuevo por la ventana, pero esa vez con una pequeña sonrisa en ese rostro irritantemente hermoso.
Lexie soltó un suspiro, se sacudió mentalmente y se echó una severa reprimenda para mantener las manos quietas a partir de ese momento, y luego volvió a centrarse en la conversación que se desarrollaba en la mesa.
Los chicos estaban intentando decidir qué hacer el resto del día.
Como ya lo habían montado todo en el local el día anterior, solo tenían que llegar a tiempo para la prueba de sonido final más adelante, esa misma tarde, así que disponían de varias horas libres.
Noah, Zac y Drew barajaban ideas, pero tanto Tex como Connor permanecían en silencio.
Connor, porque seguía mirando por la ventana con una expresión satisfecha en el rostro, y Tex porque había sacado uno de sus libros y había empezado a leer.
A Lexie se le ocurrió una idea y sonrió para sus adentros.
—Oye, Tex.
Todos dejaron lo que estaban haciendo y se volvieron hacia ella. Se aseguró de no volverse hacia Connor.
—¿Puedo robarte unas horas esta mañana?
Tex arqueó las cejas y la miró, parpadeando perezosamente.
—Puedes hacer lo que quieras conmigo, cariño.
Lexie podía ver el humor en sus ojos color whisky, así que sabía que no debía tomárselo en serio. Al percibir la repentina quietud que emanaba de donde estaba Connor, su lado pícaro la llevó a sonreírle seductoramente a Tex y a ronronear con su voz más ronca.
—Entonces, necesito que me lleves a algún sitio donde podamos estar solos tú y yo.
No pudo evitar la risita que se le escapó al ver las cinco caras de sorpresa que la miraban fijamente. Entonces, una amplia sonrisa se dibujó en el rostro pecaminosamente atractivo de Tex mientras se ponía de pie, apartaba la silla y rodeaba la mesa para tenderle la mano.
—¿A qué esperamos entonces, cariño? Soy todo tuyo.
Lexie dedicó una gran sonrisa a todos los que seguían sentados a la mesa mientras se levantaba, y luego miró directamente a Connor al tomar la mano de Tex. Si hubiera sido mejor persona, la confusión en los ojos de él no le habría resultado tan satisfactoria, pero nadie es perfecto, ¿verdad?