11
C onnor
Connor localizó a Drew al terminar el espectáculo y lo agarró del brazo.
—Te he visto hablando con Lexie. Parecía molesta… ¿Qué le has dicho? —preguntó, con más enfado del que pretendía.
Drew bajó la vista hacia donde la mano de Connor le sujetaba el brazo y luego volvió a levantarla hacia su rostro, con los ojos muy abiertos.
Connor sabía que era porque él solía ser el más tranquilo, sereno y controlado del grupo.
Drew no estaba acostumbrado a que la ira de Connor se dirigiera hacia él.
—Cálmate. Solo quería insistirle en que, dado que viajáis todos juntos, las cosas deben mantenerse en un plano profesional.
Es difícil decir algo así sin que suene ofensivo, pero, sinceramente, había que ponerlo sobre la mesa ante ella y ante vosotros.
No creas que no sé por qué la banda pide que se omita la cláusula de «prohibición de relaciones» en vuestros contratos.
—Intentó zafarse de la fuerte presa de Connor, y este lo soltó y se pasó los dedos por el pelo.
Drew frunció el ceño—. ¿Estás bien, tío?
No es propio de ti ponerte así de nervioso.
Tex me ha dicho que ayer les echaste la bronca por lo de esa chica. Dime que no va a suponer un problema.
Connor no podía culparlo por estar preocupado.
El trabajo de Drew era garantizar que la banda funcionara sin dificultades.
Cualquier cosa que pudiera causar tensión entre los miembros de la banda era su prioridad.
Connor sabía que había estado actuando de forma errática, incluso antes de la llegada de Lexie.
Era obvio que Drew y sus amigos intuían que algo lo preocupaba, porque todos, a su manera, habían intentado que hablara de qué le estaba pasando, pero Connor no quería hablar de ello, al menos hasta que pudiera averiguar qué quería cambiar; si quería cambiar algo, claro.
Así que no era de extrañar que Drew estuviera intentando hacer algo al respecto con un asunto que sí podía abordar.
—Bueno, no tienes por qué preocuparte, creo que ahora todo el mundo ha captado el mensaje.
Nada de tonterías con la fotógrafa. Solo espero que no esté demasiado cabreada.
No me gustaría ver las fotos comprometedoras que podría sacar si lo está.
—Intentó restarle importancia a su comportamiento inusual y esperó que Drew se lo creyera.
Drew soltó una risita, con aire aliviado.
—Sí, buena suerte con eso —dijo por encima del hombro mientras se alejaba.
Connor correspondió a su sonrisa, pero no se sentía más feliz. Su reacción ante Lexie era desconcertante, y esperaba que contratarla no acabara siendo un gran error.
De camino al camerino, Connor se encontró con que Lexie ya estaba haciendo fotos a los miembros de la banda mientras se relajaban tras el concierto.
Llegaba tarde, así que todos los demás ya se habían duchado y estaban devorando con voracidad la comida que les habían llevado.
Aunque se moría de hambre después de haber dado lo mejor de sí mismo durante las dos últimas horas, lo que más deseaba era darse una ducha para quitarse el sudor y calmar su ritmo cardíaco.
Lexie se percató de su llegada mientras se abría paso hacia el camerino.
Bajó la cámara y le sonrió, y, maldita fuera, una vez más le llamó la atención lo guapísima que era.
Incapaz de resistir el impulso de hablar con ella, se desvió en su dirección.
Al acercarse, vio cómo le recorría el cuerpo con la mirada casi involuntariamente.
La forma en que sus ojos se abrieron un poco y un ligero rubor le tiñó las mejillas le hizo esbozar una sonrisa.
—¿Qué te ha parecido el concierto? —le preguntó al detenerse frente a ella; y se dio cuenta de que de verdad le importaba su opinión. Había actuado ante millones de fans a lo largo de la carrera del grupo, pero, por alguna razón, quería saber si ella lo había disfrutado.
En su rostro se dibujó otra preciosa sonrisa, y el estómago de Connor dio una lenta voltereta como respuesta.
—Me ha encantado; habéis estado fenomenales. No sé si alguna vez había sentido tanta energía concentrada en un solo lugar.
Él le sonrió. Millones de discos vendidos, giras mundiales con todas las entradas agotadas, y una mujer diciéndole que le había encantado el concierto lo habían hecho más feliz de lo que se había sentido en mucho tiempo.
O quizá fuera la forma en que el brillo de sus ojos grises los hacía parecer casi plateados.
O que sus labios parecían suaves y tentadores.
O cómo su camiseta ajustada y sus pantalones cortos se ceñían a sus curvas…
Vale, en ese momento ya necesitaba una ducha por una razón completamente diferente a la de antes. Una ducha fría.
—Bueno, me alegro de que lo hayas disfrutado.
Voy a darme una ducha, así que nos vemos aquí fuera cuando haya terminado.
Drew traerá pronto a algunos invitados vip para un encuentro con el público, y luego vendrá la fiesta posterior.
Pero te aviso: a veces la cosa se puede poner un poco loca, sobre todo cuando sacan el alcohol.
Ella asintió, con un aire un tanto aprensivo.
—Me lo imagino. Si las cosas se descontrolan demasiado, me iré al autobús. Supongo que hay algunas cosas que no querrás que queden grabadas en vídeo.
Él ocultó una sonrisa al ver la expresión de su rostro.
No era difícil adivinar lo que ella pensaba que iba a pasar.
Y no cabía duda de que, en los primeros años, cuando acababan de despegar, salir de fiesta a lo grande y ligar con groupies después de cada concierto era lo habitual.
Pero, con el tiempo, la novedad se había desvanecido y en ese instante la mayor parte de las locuras que ocurrían venían de parte de los fans.
Mujeres que pedían que les firmaran diversas partes del cuerpo, que se quitaban la camiseta, que les hacían proposiciones a los miembros de la banda o al equipo técnico, incluso a los de seguridad…
Sí, eso pasaba. Y él y los demás no eran santos.
A veces aceptaban lo que se les ofrecía, aunque normalmente esperaban a una noche en la que se alojaran en un hotel.
Aunque se sabía que, si era necesario, utilizaban el dormitorio del autobús, en esos espacios tan reducidos era difícil dejarse llevar y disfrutar de verdad.
Y como Lexie se alojaba con ellos, dudaba de que hubiera algo de acción fuera de una habitación de hotel. Tener que escuchar a sus amigos haciendo el amor a todo volumen en la litera de al lado no era precisamente una de sus prioridades.
—Me preocupa más que te pisoteen en la estampida —le dijo con una sonrisa burlona.
—Bueno, me vi atrapada en medio de una estampida de ñus cuando estaba trabajando en África, pero imagino que hordas de fans femeninas medio desnudas y gritando podrían ser más peligrosas. —Correspondió a su sonrisa con los ojos brillantes.
Mierda, estaba disfrutando demasiado de ser el destinatario de sus sonrisas.
—Bueno, ¿cómo escapaste de la estampida de ñus?
—Me subí a un árbol. —Hizo ademán de mirar a su alrededor antes de volverse hacia él—. Aunque aquí no hay árboles. Puede que me meta en un aprieto.
—Supongo que entonces tendrás que trepar a lo más alto que haya en la sala. Él la imitó, fingiendo escudriñar la estancia, antes de volver a mirarla a los ojos—. Y creo que soy yo.
Joder, ¿estaba coqueteando con ella otra vez?
Por la forma en que ella entreabrió los labios y parpadeó, era obvio que sí.
Se preguntó si esa vez iba a rechazarlo o a responder al coqueteo como había hecho antes.
En cualquier caso, sabía que estaba tentando a la suerte con ella.
Lo sabía, pero parecía incapaz de parar.
Ella se mordió el labio inferior, lo que atrajo su atención hacia su bonita boca. Cuando volvió a levantar la cabeza, sus ojos gris plateados se habían oscurecido, y ella esperó un momento antes de volver a hablar.
—Creo que eso sería lo más peligroso que podría hacer, ¿no crees? Estoy convencida de que si me acerco demasiado a ti saldré lastimada con toda seguridad.
Connor se quedó paralizado. No sabía si ella se refería a que los fans iban a hacerle daño al intentar llegar hasta él, o si iba a ser él quien la perjudicara si se acercaban demasiado.
En cualquier caso, tenía razón. Debía controlarse cuando se trataba de Lexie.
Ella no era la persona adecuada con la que jugar, y desde luego no daba la impresión de estar dispuesta a tener un rollo de una noche.
Había muchas mujeres por ahí que estaban más que encantadas de conformarse con lo que él estuviera dispuesto a darles.
No había necesidad de liarse con una mujer que iba a vivir con él durante los tres meses siguientes.
—Tienes razón. Mala idea. Podrías intentar escalar a Noah; ahí no correrías ningún peligro —dijo cuando Noah se acercó a ella.
Sonaba más frívolo de lo que se sentía, y tuvo que apretar los dientes cuando Noah rodeó con el brazo los hombros de Lexie.
—¿Por qué te vas a tirar encima de mí? Tampoco es que me moleste, solo lo pregunto por curiosidad.
Cuando Lexie se dio la vuelta y le sonrió al batería, con uno de esos bonitos rubores extendiéndose por sus mejillas, Connor dio un paso atrás y se dirigió al camerino.
Se avecinaba una ducha fría. Quizá eso lo hiciera entrar en razón.
¿Qué les había dicho a los chicos el día anterior?
Nadie iba a ponerle un dedo encima a la fotógrafa. Y menos aún él.