Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 10
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Varias horas más tarde, Lexie estaba en la sala vip con el grupo mientras se preparaban para el concierto.

Podía oír los gritos del público y sentir la vibración de las notas graves del telonero incluso desde allí.

El rugido amortiguado le hacía subir la adrenalina, pero ninguno de los chicos parecía nervioso en absoluto.

Estaban sentados jugando a las cartas, bebiendo cerveza y, en general, haciendo el tonto.

Contrariamente a lo que esperaba, tampoco había habido ningún ritual loco previo al concierto.

Eso sí, tenían justo el aspecto que ella esperaba de una banda de rock: vaqueros negros ajustados, camisetas ceñidas, pulseras de cuero y anillos de plata macizos.

Por no hablar de todos esos músculos esculpidos y los diversos tatuajes que lucían.

Todo muy sexy. De hecho, pensó que podría acostumbrarse a eso mientras sacaba otra foto de los cuatro, en medio de una carcajada por un chiste subido de tono de Noah.

Se oyó un golpe en la puerta y Drew asomó la cabeza por el umbral.

—Connor, han llegado tus invitados.

Connor levantó la vista de sus cartas.

—Gracias, Drew. Vamos en un momento. —Drew asintió y desapareció, cerrando la puerta tras de sí.

Lexie se preguntó qué estaba pasando cuando Connor se levantó, cogió su guitarra y se dirigió hacia ella—.

Oye, Lexie, tenemos unos visitantes con los que vamos a pasar un rato; media hora más o menos.

Aunque puedes unirte a nosotros si quieres, preferiría que no hicieras fotos.

Lexie arqueó las cejas, sorprendida, pero asintió y respondió sin pensarlo.

—Claro, tú mandas.

Él le lanzó una mirada significativa.

—Creía que ya habíamos tenido esa conversación.

Un rubor le tiñó las mejillas, pero antes de que pudiera responder se dio cuenta de que los demás ya habían salido de la sala. Se levantó de un salto del taburete en el que estaba sentada para que Connor no llegara tarde a su cita con sus visitantes.

Él la guio fuera de la sala verde y por un pequeño pasillo lateral.

Lexie sentía curiosidad por saber con quién se iba a reunir la banda.

Como Connor le había pedido que no hiciera fotos, no podía evitar mostrarse suspicaz con lo que estaba pasando.

Quizá iba a enfrentarse por fin al alocado estilo de vida del rock and roll del que tanto había oído hablar.

Lexie vio a los demás esperando con Drew frente a una puerta al final del pasillo. En cuanto Connor y Lexie se unieron a ellos, Drew abrió la puerta y entró. La banda lo siguió y Lexie se quedó detrás de ellos, nerviosa por lo que iba a ver.

Al mirar a su alrededor, vio que en la sala había un grupo de unos doce chicos, con edades comprendidas entre los diez y los dieciséis años.

También había algunos adultos, pero estaban sentados en sillas dispuestas al fondo de la sala.

Todos los chicos, y la mayoría de los adultos, lucían enormes sonrisas en el rostro y sus ojos brillaban de emoción.

Drew apareció a su lado.

—Oye, Lexie, ven a sentarte conmigo. —La llevó a un lateral de la sala donde había más sillas dispuestas.

Tras sentarse, Lexie se volvió hacia Drew.

—¿Qué está pasando? —preguntó en voz baja.

—Quizá no lo sepas, pero el grupo colabora con varias organizaciones benéficas que se dedican a ofrecer musicoterapia a jóvenes desfavorecidos y a niños que han sufrido traumas emocionales, físicos o mentales.

Lexie parpadeó, sorprendida.

—No lo sabía. Pero me parece estupendo.

Drew asintió.

—Connor me ha explicado que la música tiene importantes beneficios para fomentar la salud mental y ayudar a los niños a liberar emociones reprimidas.

Es una causa que siempre le ha importado mucho, y los demás chicos también se han involucrado.

Así que ahora, cada vez que están de gira, Connor avisa a las organizaciones benéficas locales de cuándo van a estar en la ciudad y les ofrece entradas gratis, además de la oportunidad de asistir a un pequeño concierto privado antes del espectáculo.

La mayoría de los niños son fans incondicionales, así que poder conocer al grupo es una especie de recompensa por el esfuerzo que han dedicado a intentar alcanzar sus objetivos terapéuticos.

Lexie ni siquiera había imaginado que los chicos dedicaban tiempo de su agenda previa al concierto a hacer algo tan…

tierno. Los observó con renovada admiración mientras hablaban con los niños, dándoles la mano o abrazándolos.

Los niños no podían ocultar su emoción y la admiración por sus héroes se reflejaba en sus rostros.

Tras charlar unos cinco minutos, los chicos acercaron unas sillas y pidieron al público que les dijera cuáles eran sus canciones favoritas.

Se sugirieron varios títulos antes de que los chicos asintieran, murmuraran entre ellos y, a continuación, comenzaran a tocar una versión acústica de una de sus canciones más lentas.

Fue precioso. Solo la armonía de sus voces, las guitarras y el pequeño tambor de mano que Noah se había llevado.

La emoción inundó inesperadamente a Lexie, sobre todo al ver la alegría que irradiaban los rostros de los niños que los contemplaban.

Varios de ellos lloraban al ver al grupo cantando y tocando solo para ellos.

Varias veces, Lexie se sorprendió a sí misma levantando la cámara para hacer una foto, antes de recordar que se suponía que no debía hacerlo.

La fotógrafa que llevaba dentro deseaba desesperadamente capturar ese momento, pero entendía por qué Connor no quería que lo hiciera.

No hacían eso por publicidad, sino para brindarles a esos niños una experiencia que los iluminara en lo que era un momento oscuro y difícil de sus vidas.

Un recuerdo que, con suerte, les proporcionara inspiración y esperanza para un futuro más feliz.

Tras varias canciones más, los chicos tuvieron que dar por terminada la actuación porque tenían que prepararse para subir al escenario. Lexie se secó unas lágrimas que se le habían escapado al ver llorar a algunos de los niños más pequeños mientras daban un último abrazo a sus ídolos.

—Venga, ya casi es la hora del concierto —dijo Drew.

Lexie se levantó y lo siguió fuera de la sala. Mientras él la guiaba por el pasillo, ella miró por encima del hombro y vio a la banda salir de la sala, con amplias sonrisas en sus rostros. Esos hombres no dejaban de sorprenderla.

Quince minutos más tarde, Lexie estaba al lado del escenario.

El telonero había salido hacía unos minutos y el público enloquecía ante la expectación por la aparición de Fractured.

Esa misma expectación la invadió a ella cuando el ritmo de la música de introducción y las luces intermitentes animaron aún más a todo el mundo.

Pronto, el público empezó a corear el nombre de la banda antes de estallar en un rugido ensordecedor cuando todo el estadio se quedó a oscuras.

Las pantallas de vídeo situadas al fondo del escenario se iluminaron con franjas de luz roja y naranja, recortando la silueta de la banda, que había ocupado sus puestos mientras las luces estaban apagadas.

Los gritos alcanzaron su punto álgido cuando una figura se desmarcó de las sombras y avanzó con paso firme.

Connor llegó al borde del escenario y levantó un brazo en alto.

Los focos se encendieron de golpe al comenzar el ritmo profundo y contundente. Connor bajó el brazo, rodeó con los dedos el micrófono del soporte que tenía delante y empezó a cantar.

Su voz la envolvió, grave y sensual, con el toque justo de rudeza para ponerle la carne de gallina.

Era una experiencia completamente diferente a la de la prueba de sonido de aquella tarde o incluso a la del set acústico que acababan de tocar.

Nada podía compararse con el impacto total de las luces, la música, los gritos del público enloquecido y el puro atractivo sexual del hombre que estaba sobre el escenario.

Se suponía que debía estar analizando el concierto y pensando en la mejor forma de fotografiar al grupo y al público, pero le costaba apartar la vista de la hipnótica imagen de Connor. Le recordaba a algún felino grande y peligroso de la selva: todo músculos esbeltos y gracia fluida.

Los demás miembros de la banda también lo estaban dando todo.

Los dedos de Tex se deslizaban con suavidad por el mástil de su guitarra, entretejiendo la melodía con la voz de Connor; Noah lucía una enorme sonrisa mientras marcaba el ritmo en su batería; y Zac tocaba el bajo con los ojos cerrados, con unas notas profundas y resonantes que, de alguna manera, unían el ritmo y la melodía.

El sonido era increíble; las notas del bajo retumbaban en el pecho de Lexie y la llenaban de una tensión y una energía que parecían exigir algún tipo de desahogo.

Obligándose a alejarse del escenario, se movió por el estadio, entre la multitud de fans que cantaban y gritaban, sacando planos generales y tomando notas en su tableta.

Durante todo ese tiempo, la voz de Connor se abrió paso entre sus sentidos.

Cuando terminó de hacer su trabajo, volvió a ceder a la tentación y regresó al lateral del escenario para ver la actuación.

La música era fantástica, y la energía que desprendían los cuatro tocando juntos era explosiva.

Pero no podía apartar la mirada de Connor.

En un momento dado, se acercó al lateral del escenario, cerca de donde estaba ella viendo el concierto, y uno de los miembros del equipo le lanzó una botella de agua.

Dio unos cuantos sorbos y luego se echó el resto por la cabeza.

Lexie entendía por qué el público se volvía loco; con el pelo hacia atrás y la camiseta negra de cuello en V que en ese momento se pegaba a sus abdominales, tenía un aspecto absolutamente pecaminoso.

Como si sintiera sus ojos clavados en él, Connor se volvió en su dirección y Lexie sintió una sacudida casi física cuando sus miradas se cruzaron.

El tiempo pareció ralentizarse hasta casi detenerse; ella estaba tan cerca que podía ver cómo las luces se reflejaban en las gotas de agua que se aferraban a sus oscuras pestañas.

Él le dedicó una rápida sonrisa y, cuando se dio la vuelta para terminar la canción, ella soltó un largo y tembloroso suspiro.

Mientras intentaba recomponerse, Drew se acercó y se puso a su lado.

—Son impresionantes, ¿verdad? —dijo, lo bastante alto como para que ella pudiera oírlo por encima del ritmo trepidante de la música.

Avergonzada de que él pudiera haberla pillado mirando embobada a los artistas cuando debería haber estado trabajando, emitió un pequeño sonido de asentimiento y empezó a alejarse poco a poco.

Antes de que pudiera hacerlo, Drew se volvió hacia ella—.

Lexie, solo una advertencia. Vas a estar en contacto cercano con estos chicos durante varios meses.

Son buenos tíos, los mejores, pero a fin de cuentas son estrellas del rock y están acostumbrados a conseguir lo que quieren.

Eres una mujer muy atractiva, y no me extrañaría que alguno de ellos intentara ligar contigo.

Aunque no tengan malas intenciones…, bueno, ya se sabe que hay corazones que se rompen.

Quiero asegurarme de que seas consciente de ello.

Lexie lo miró, atónita, y luego se enderezó, poniéndose a la defensiva.

—Te agradezco la advertencia, Drew, pero no tengo quince años, así que creo que soy más que capaz de no ponerme en plan fan con ellos.

Drew suspiró.

—Mira, no era mi intención ofenderte. Pero el carisma que tienen estos chicos es una fuerza poderosa, sobre todo si alguno de ellos te pone el ojo encima.

Estoy seguro de que tú mantendrás una actitud profesional; el problema es que no puedo garantizar que ellos lo hagan.

Saben cómo usar su aspecto y su encanto para conseguir lo que quieren.

No quiero que te rompan el corazón, y como no puedo confiar en que ellos actúen con moderación, tendré que confiar en ti.

Perdona de nuevo si te he ofendido. —Le dedicó una sonrisa forzada y se alejó.

Una oleada de agotamiento inundó a Lexie. Todo el ruido, el caos y lo desconocido de la situación eran demasiado para ella. Quería irse a casa y acurrucarse en su cama. Pero, como le había recordado Drew, era una profesional. Estaba allí para hacer un trabajo y lo iba a llevar a cabo.

Al echar una última ojeada por encima del hombro mientras se daba la vuelta para marcharse, su mirada se cruzó una vez más con la de Connor.

Él tenía los ojos entrecerrados y el ceño fruncido.

Mortificada ante la posibilidad de que él hubiera visto cómo le decían que mantuviera las manos quietas, se dio la vuelta y se fue entre bastidores.