Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 9
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Poco después, Lexie siguió a los miembros de la banda, ya completamente vestidos, fuera del autobús.

Dos de los guardias de seguridad de la banda montaban guardia a las puertas.

Al salir, uno de los tipos corpulentos se separó del grupo para acompañarles al estadio, mientras que el otro se quedó atrás para vigilar el autobús.

Lexie dio unos pasos y luego se detuvo para mirar a su alrededor.

Había mucho ajetreo: se estaba descargando el equipo de los camiones y lo estaban llevando al recinto, la gente corría frenéticamente de un lado a otro y una valla y varios guardias de seguridad contenían a la multitud de fans que gritaban como locos.

Lexie quería capturar aquel hervidero de actividad, así que, mientras la banda seguía hacia el recinto, se detuvo para hacer algunas fotos, girando sobre sí misma para asegurarse de captar la imagen completa.

—Lexie, ¿vienes? —Noah se había dado la vuelta y andaba hacia atrás mientras le hablaba.

—Creo que voy a quedarme aquí fuera un rato —le respondió ella.

Noah asintió y luego se dio la vuelta para seguir a los demás. Connor se detuvo y habló con el agente de seguridad que los acompañaba, quien se dirigió hacia ella; Connor se dio la vuelta y entró en el recinto.

Ella bajó la cámara cuando se acercó ese tipo grande y fornido, y lo miró con aire interrogativo.

—El señor Byrne quiere que me quede con usted hasta que esté lista para entrar.

Lexie arqueó las cejas.

—Ah, no será necesario. Estoy segura de que ellos le necesitan más yo. No soy yo la que tiene a una horda de fans gritando e intentando llegar hasta mí. —Le sonrió, pero él la miró sin expresión alguna.

—El señor Byrne me ha dicho que me quede con usted, así que eso es lo que voy a hacer.

Lexie soltó un suspiro. No era a lo que estaba acostumbrada, pero era lo que había y tenía que ponerse manos a la obra.

Cuando por fin entró, vio a la banda sentada en fila en el borde del escenario. Se despidió con la mano de Will, el guardia de seguridad que la había acompañado fuera, y él se dirigió a ocupar su puesto asignado.

Lexie volvió a dar una vuelta sobre sí misma, contemplando la inmensidad del estadio y la gran actividad que se desarrollaba en él.

Nunca se había dado cuenta de todo lo que suponía el montaje de un gran concierto.

El escenario en sí era muy sencillo: todo negro, con plataformas elevadas para la batería de Noah y un piano.

En el escenario se estaban instalando equipos y altavoces, mientras que la cuadrilla de iluminación izaba las vigas que sostenían todas las luces.

Detrás y a los lados del escenario se estaban colocando enormes pantallas de vídeo, y en la parte delantera montaban una pasarela.

En la zona de seguridad situada debajo del escenario, los técnicos de sonido y de apoyo se estaban preparando.

Docenas de hombres y mujeres empujaban trastos y maletas con ruedas por el suelo del estadio.

Lexie deambuló por allí durante más de una hora, absorta en su trabajo e intentando no estorbar a nadie mientras tomaba una foto tras otra de aquel caos organizado.

Estaba sacando un primer plano de la batería de Noah —que tenía al menos doce micrófonos dispuestos a su alrededor— cuando sintió una presencia a sus espaldas.

Ni siquiera tuvo que oír su voz para saber que era Connor.

Siguió haciendo fotos durante unos segundos más porque no quería que él supiera lo nerviosa que la ponía que estuviera ahí y, tras inspirar hondo, dejó la cámara colgando de la correa y se volvió para mirarlo.

—Hola, Connor.

El hecho de que su corazón se acelerara nada más ver su rostro significaba que tenía que dejar de negar lo atractivo que le parecía. Cuando sintió la punzada aguda de la culpa, se armó de valor para hacerle frente. Era viuda, pero no estaba muerta. Eso era lo que quería, ¿no? Seguir adelante.

Tampoco era que su atracción por él tuviera algo de raro; a la mayoría de las mujeres del mundo les parecía tremendamente sexy y que se sintiera atraída por él no significaba que tuviera que actuar en consecuencia.

Era una mujer adulta, una profesional, y más que capaz de controlarse en presencia de un hombre.

Incluso si se trataba de una estrella del rock increíblemente sexy.

Solo tenía que admitirlo y permitirse admirarlo desde la distancia.

—Quería ver cómo iba todo. ¿Tienes todo lo que necesitas? ¿Hay algo en concreto que te gustaría saber o de lo que quieras hacer una foto? —Sus ojos se clavaron en los de ella.

—Hay tanto que capturar… Y no voy a utilizar muchas de estas primeras fotos a menos que consiga una instantánea afortunada.

De momento estoy familiarizándome con todo lo que está pasando para saber cómo prepararme mejor para la próxima vez.

Lo mismo ocurre con el concierto de esta noche. Mañana es cuando entraré en materia.

—¿Has estado antes en alguno de nuestros conciertos? — preguntó él.

Lexie negó con la cabeza.

—No, aunque he visto algunos vídeos; eran increíbles. Tengo muchas ganas de que llegue esta noche.

—Entonces, ¿me estás diciendo que no eres fan? —Frunció el ceño y se puso tan serio que ella se trabó al intentar responder.

—Ah, eh, no, yo…

Una sonrisa se dibujó lentamente en su rostro y las comisuras de sus preciosos labios se levantaron un poco.

—Te estoy tomando el pelo, Lexie. Me gusta que no seas fan. Así todo es nuevo para ti y puedes vernos tal y como somos en realidad, no solo lo que esperas ver.

A Lexie se le aceleró el corazón al ver su sonrisa.

Estaban juntos en un rincón oscuro, y ella podía oler el ligero y fresco aroma de lo que fuera que llevara puesto.

Eso le hizo recordar cómo había olido aquella mañana cuando se había pegado a su espalda, ese aroma fresco y limpio que desprendía al acabarse de levantar de la cama.

No eran buenos pensamientos para tener en ese momento.

Ni en ningún otro. El Connor juguetón era tan sexy como el Connor melancólico.

Para romper esa cadena de pensamientos, Lexie irguió su metro sesenta y cuatro de estatura y lo encaró con fingida indignación.

—¿Así que estás diciendo que no crees que pueda ser profesionalmente objetiva? —Se esforzó mucho por reprimir la sonrisa.

Los ojos de Connor la escudriñaron como tratando de averiguar si hablaba en serio o no. Su sonrisa no varió ni un ápice y le dejó claro que no lo había engañado ni por un segundo. Se agachó y acercó los labios a la oreja de Lexie.

—Quizá estoy esperando que no seas tan profesional como deberías.

Un calor repentino recorrió todo el cuerpo de Lexie, y su libido, recién resucitada, se disparó y la abrumó.

Eso no pintaba bien. De entre todos los hombres del mundo, ¿por qué tenía que ser precisamente él quien por fin le provocara una reacción?

Un hombre que, sin duda, vivía según el lema «acostarse con una groupie al día te mantiene sano».

No quería que fuera él quien apartara a Damien de sus pensamientos, pero el calor que aún sentía en su interior le decía que su cuerpo tenía otros planes.

Inspiró hondo y se apartó lentamente de él.

—Eh, bueno, tú eres el jefe. —Era un comentario sin sentido, pero necesitaba recordárselo.

—En realidad —dijo él, con su acento irlandés cada vez más marcado—, tu jefe es el sello discográfico.

Yo solo tengo el control creativo. —Hizo una pausa—.

Lo que significa que no eres mi empleada, pero tienes que hacer todo lo que yo quiera.

—Su sonrisa, cada vez más amplia, y el destello de sus hoyuelos dejaron clara la insinuación.

Ah, no, eso no iba a volver a pasar. Connor creía que podía coquetear con ella porque no era su jefe de verdad. Supuso que estaba aburrido y había decidido divertirse a su costa. Probablemente estaba disfrutando de hacerla sufrir.

Tenía dos opciones. Podía adoptar el modo «reina de hielo» y ponerlo en su sitio, o demostrarle que no iba a obtener la reacción que esperaba. La primera opción era la correcta.

Por eso se sorprendió a sí misma al dar un paso adelante, ponerse de puntillas y apoyarse con una mano contra su firme pecho. Acercó los labios a su oreja.

—Puede que tengas el control creativo, Connor, pero eso no significa que puedas controlarme —dijo, con el tono más sensual que pudo—.

Puedes pedirme lo que quieras… —echó la cabeza hacia atrás para mirarlo a los ojos— y quizá lo haga.

—Volvió a apoyar los talones en el suelo y se dio la vuelta para marcharse, no sin antes echarle un vistazo por encima del hombro—.

Aunque probablemente no —añadió—. Si eso te supone un problema, supongo que puedes hablarlo con mi jefe.

Él se quedó allí plantado mientras se iba, con los ojos oscuros y una leve sonrisa en los labios. Como ya sabía que ella se había dado cuenta de su jueguecito, lo más seguro era que desviara su atención hacia otra cosa, y ella iba a poder volver a esforzarse muchísimo por no pensar en él desnudo.

Lexie iba hacia las escaleras que bajaban del escenario, sintiéndose muy satisfecha de sí misma, cuando él llegó a su lado con paso enérgico.

—¿Tienes hambre? —preguntó con un tono de voz desenfadado, como si nada hubiera pasado—. Vamos a salir pronto a comer algo. Tenemos una suite en el hotel donde podemos pasar unas horas y pedir algo al servicio de habitaciones antes de tener que regresar para la prueba de sonido. ¿Quieres venir?

Lexie se lo pensó. Aunque le habría gustado marcharse y disfrutar de su victoria, la verdad era que se moría de hambre, ya que se había puesto a trabajar sin siquiera desayunar.

Ya tenía un montón de fotos y estaba contenta de saber qué imágenes básicas quería capturar en las semanas siguientes.

Además, su trabajo consistía en pasar tiempo con ellos y fotografiarlo todo, así que tampoco era como si pudiera evitarlo.

Vale, pues podía mostrarse tan desenfadada como él. Le sonrió.

—Gracias, sería estupendo.

Él señaló con la cabeza hacia donde los otros tres estaban esperándolos.

—Vamos.