Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) 5
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L exie

Tres semanas más tarde, Lexie se unió al gigantesco convoy en Las Vegas.

Habían enviado un coche a recogerla al aeropuerto y Drew la esperó en el punto de encuentro para coger su maleta y guiarla a través del aparcamiento hacia el autobús de gira de la banda.

Mientras andaban, él le fue señalando a diferentes personas y piezas del equipo.

Lexie miró a su alrededor y sintió que el corazón le empezaba a latir con fuerza.

Todo era un caos. Los miembros del equipo se gritaban unos a otros mientras cargaban piezas del equipo en los camiones, y los motores de varios autobuses retumbaban al estar al ralentí, llenando el aire abrasador con el olor acre del gasóleo.

Los chillidos estridentes de la multitud de fans devotos, en su mayoría mujeres, que se habían reunido para ver a la banda, le ponían los nervios de punta.

Por enésima vez desde que había aceptado el trabajo, Lexie se arrepintió de su decisión.

Aquello no era su ambiente habitual y se sentía completamente fuera de su zona de confort.

Sacó la cámara de su funda, quitó la tapa del objetivo y se puso a hacer fotos mientras avanzaban.

El peso familiar de la cámara en sus manos la tranquilizó y la ayudó a concentrarse.

El orden que se escondía tras el caos finalmente salió a la luz, y encuadró y tomó unas cuantas fotos decentes mientras seguían su camino.

Antes de que se diera cuenta, habían llegado al autobús de la gira, al otro extremo del aparcamiento. Era enorme, todo negro, y tenía el nombre del grupo escrito en grandes letras azules de neón a lo largo del lateral.

—Qué sutil —murmuró Lexie.

Drew se rio y llamó a la puerta del autobús.

—Pronto aprenderás que nada de lo que hacen estos chicos es sutil.

Un hombre gigantesco, vestido completamente de negro, abrió la puerta de un golpe.

Drew se lo presentó como Don, uno de los miembros del equipo de seguridad de la banda, antes de acompañarla al interior, fresco gracias al aire acondicionado.

En cuanto a vehículos se refería, ese era enorme, pero a Lexie no le costaba imaginar cómo aquel espacio tan reducido podía resultar agobiante tras meses de gira.

Drew la condujo directamente a la zona de estar abierta situada en la parte delantera del autobús.

Las paredes, entre las grandes ventanas tintadas, estaban revestidas de paneles de madera, y unos lujosos sofás de cuero negro se extendían a ambos lados del autobús.

En el extremo más alejado de aquel largo espacio había una pequeña cocina y una mesa de comedor empotrada con bancos.

Al echar un vistazo a su alrededor, Lexie se fijó en los cuatro hombres altos y muy atractivos que estaban recostados en distintos asientos por todo el espacio. Era la primera vez que Lexie veía a todo el grupo junto, y resultaba un poco abrumador.

Sin poder evitarlo, sus ojos se dirigieron al fondo de la sala, donde la figura alta y esbelta de Connor estaba sentada a la mesa.

Él había estado concentrado en su móvil cuando ella había entrado, pero levantó la vista en cuanto su mirada se posó en él.

Sus penetrantes ojos verdes se encontraron con los de ella y, durante lo que le parecieron minutos, aunque seguramente solo había sido un segundo, no pudo romper el contacto.

Al obligarse por fin a mirar hacia otro lado, Lexie se dio cuenta de que Drew la estaba presentando al resto de la banda. Se sacudió mentalmente y se concentró en lo que él estaba diciendo.

—Lexie, ya conoces a Connor, pero estos son Tex, Zac y Noah. Chicos, esta es Lexie, que será vuestra fotógrafa durante los próximos meses. —Drew le puso la mano en la parte baja de la espalda y la empujó suavemente hacia delante.

Reconoció a los tres hombres gracias a la investigación que había hecho durante las últimas semanas.

Tex era el guitarrista principal de la banda y se parecía a un vikingo gigantesco, con músculos a más no poder, largo pelo castaño aclarado por el sol y ojos color whisky.

Noah, el batería, era el rubio de ojos azules que en ese momento lucía una sonrisa encantadora pero pícara en el rostro.

Parecía más un surfista californiano que un miembro de una banda de rock.

Zac, el bajista de la banda, que a veces tocaba el teclado y hacía coros, era tan alto y musculoso como los demás.

Tenía el pelo castaño muy corto y unos ojos color avellana de mirada expresiva, con largas pestañas oscuras que habrían sido la envidia de cualquier mujer.

Lexie les dedicó una sonrisa tímida y un pequeño gesto con la mano a modo de saludo.

Los tres hombres correspondieron con amplias sonrisas y una franca admiración masculina evidente en sus rostros.

Un rubor le sonrojó las mejillas. Estaba acostumbrada a recibir cierta atención por parte de los hombres, pero nada la había preparado para eso.

Resultaba abrumador estar en un espacio tan reducido con tanta testosterona.

El sonido de alguien carraspeando atrajo la atención de todos.

Miró por encima del hombro y vio que Connor se había acercado a su espalda y estaba fulminando con la mirada a los otros tres.

Tras unos largos segundos en los que Lexie volvió a plantearse sacar el contrato, romperlo en pedazos y salir corriendo del autobús, Tex tomó la palabra por fin.

—Encantado de conocerte, Lexie —dijo con su vozarrón, que tenía un acento sureño grave y ronco.

Una vez roto el hielo, Zac y Noah se sumaron con sus propios saludos, y Lexie sintió que parte de la tensión se disipaba.

—Si vienes por aquí, Lexie, te acompañaré a tu habitación. Está por aquí atrás —dijo Drew.

Lexie abrió mucho los ojos.

—No me voy a quedar en este autobús, ¿verdad? ¿No hay un autobús para los empleados?

Antes de que Drew pudiera responder, Connor tomó la palabra.

—He decidido que estarías mejor aquí que en el autobús del equipo; así tendrás más facilidad para hacernos fotos. Pero no te preocupes, nos portamos bien. La mayor parte del tiempo. — Las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba, pero la expresión no resultaba precisamente tranquilizadora.

—Ah, claro —dijo ella con voz débil. Y se preguntó una vez más cómo se había metido en ese lío.

—Drew, será mejor que vayas a ver cómo va el equipo y compruebes si han terminado de recoger —sugirió Connor—.

Yo acompañaré a Lexie a su habitación. —Drew arqueó las cejas al verse descartado de forma tan evidente, pero no discutió y se despidió de Lexie con un gesto de la mano y una sonrisa al marcharse—.

Tu habitación está aquí abajo. —Connor cogió su maleta de donde la había dejado Drew y la condujo por el pasillo que iba desde el salón hacia la parte trasera del autobús.

Pasaron junto a varias literas de dos pisos a ambos lados del pasillo.

¿Era ahí donde dormían los chicos? Si era así, ¿adónde la estaba llevando?

Al llegar al final del pasillo, Connor se detuvo y se dio media vuelta.

Distraída por sus pensamientos, Lexie solo evitó chocar contra él en el último momento apoyando las palmas de las manos contra su pecho.

Durante los pocos segundos que tuvo las manos sobre él, se perdió en la sensación de sus músculos duros, antes de recobrar el sentido y apartarse, avergonzada.

—Lo siento —jadeó, mortificada por haber estado a punto de arrollarlo.

Connor se alzaba imponente sobre ella, que se sorprendió al ver algo parecido a un destello de calor en sus ojos antes de que su expresión se enfriara y él diera un paso atrás.

Debía de habérselo imaginado. Una estrella del rock como Connor, a quien se le lanzaban las mujeres más guapas del mundo a los brazos, no iba a emocionarse porque una humilde fotógrafa casi lo derribara.

Connor se asomó por encima de ella y abrió la puerta, dejando que se balanceara hacia dentro.

Al asomarse por detrás de él, vio una habitación pequeña con una cama doble de aspecto cómodo en el centro, una gran ventana tintada con cortinas negras, corridas a un lado para dejar entrar el sol, y armarios que cubrían una de las paredes revestidas de madera.

Frunció el ceño.

—¿Esta es la mía? —preguntó desconcertada, levantando la vista hacia él.

Las comisuras de los labios de Connor se curvaron hacia arriba.

—Sí.

Él dio un pequeño paso atrás para que ella tuviera espacio para pasar junto a él y entrar, pero aun así era un espacio muy reducido.

Al rozarlo, percibió el aroma de algo fresco y limpio, como ropa recién lavada, quizá su colonia.

Una oleada de conciencia le recorrió la espalda.

Era la misma sensación inquietante que había tenido al conocerlo.

Sacudiéndose esa sensación, entró y echó un vistazo a su alrededor. La luz del atardecer se colaba por la ventana; el lugar parecía tan acogedor como podía serlo un dormitorio en un autobús.

—Esto tiene mejor pinta que esas literas. ¿Quién duerme aquí normalmente? —preguntó, volviéndose hacia él—. No quiero echar a nadie de su habitación.

—Es una segunda sala de estar que se convierte en dormitorio.

A veces, cuando nos apetece, nos turnamos para dormir aquí cuando estamos hartos de las literas.

O si alguno de nosotros… lo necesita por una noche.

—Su breve pausa y el énfasis en la palabra le dieron una idea bastante clara de a qué necesidades se refería.

Echó otra ojeada. Genial, iba a dormir en el «nido de amor» de la banda.

Al volverse para discutir sobre quién iba a quedarse con la única cama de verdad, se encontró con que él estaba inquietantemente cerca.

Como tenía la cama justo a su espalda no podía dar un paso atrás.

Él tampoco parecía dispuesto a dejarle más sitio, así que tuvo que echar la cabeza hacia atrás para mirarlo a los ojos.

Estar tan cerca de él —lo bastante cerca como para sentir el calor que desprendía su cuerpo— le dispersó los pensamientos.

Parpadeó durante un segundo antes de recordar lo que iba a decir.

—No me parece bien quedarme con esta habitación para mí sola. Estoy convencida de que todos deberíais tener acceso a una cama cómoda cuando… la necesitéis. —Sin darse cuenta, puso el mismo énfasis en la palabra que él, y sintió cómo se le enrojecían las mejillas.

Sus labios esbozaron una sonrisa.

—¿Te estás ofreciendo a compartirla?

A Lexie se le cortó la respiración. Por mucho que no quisiera, su cuerpo reaccionó a la insinuación en su tono.

Intentando volver a meter su libido donde se había estado escondiendo durante los últimos años, se humedeció los labios, que de repente se le habían secado.

La mirada de Connor bajó un instante, y luego volvió a alzarse para encontrarse de nuevo con la de ella.

El ambiente en la pequeña estancia estaba cargado de tensión.

Connor se pasó la mano por el pelo antes de dar un paso atrás y salir de su espacio personal.

—No te preocupes por nosotros, Lexie. Nos las arreglaremos bien en las literas. Además, haremos algunas paradas en hoteles por el camino para cuando necesitemos un descanso. Ponte cómoda y, cuando estés lista, ve delante y repasaremos tu plan para el libro.

La miró fijamente hasta que ella asintió y, a continuación, se dio la vuelta y se marchó tras cerrar la puerta con suavidad tras de sí. Lexie se quedó sin aliento de golpe. Se sentía completamente desbordada.