Alquilé un novio (Decisiones cuestionables 3) 18
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Rob

La reunión que puede cambiar mi vida dura doce minutos. En el quinto, el productor de Westbound me ofrece el papel protagonista.

Estoy sentado en el despacho de Claire, frente a un ordenador desde el que el productor nos habla por videollamada. Mi agente permanece a mi lado con una libreta abierta sobre las piernas, aunque lleva varios minutos sin escribir.

—El director quedó muy satisfecho con tu última lectura —explica el productor mientras consulta unos documentos—. Considera que encontraste una vulnerabilidad que los otros candidatos no mostraron.

Pienso en Eve diciéndome que dejara de buscar lo que los directores querían encontrar. También recuerdo la fotografía que eligió para mi expediente, esa en la que no sonrío ni intento convencer a nadie.

—Gracias —respondo mientras apoyo las manos sobre las rodillas para ocultar que me tiemblan—. El texto me permitió trabajar desde un lugar distinto.

Claire me observa de reojo, pero no interviene. En la pantalla, el productor pasa una página y vuelve a ponerse las gafas.

—Queremos que interpretes a Nathan —anuncia, inclinándose hacia la cámara—. Como supongo que tu agente te habrá comentado, el contrato incluye cuatro meses entre ensayos y funciones en Los Ángeles. Si la recepción es favorable, trasladaremos la producción a Broadway con el mismo reparto principal.

Durante unos segundos, dejo de oír el zumbido del ordenador y el tráfico que llega desde la calle. Llevo años imaginando una conversación como esta, aunque en todas las versiones ensayadas, aceptaba antes de que el productor terminara de hablar.

—¿Cuándo tendría que marcharme? —pregunto mientras entrelazo las manos para mantenerlas quietas.

—Dentro de doce días —responde el productor, apoyándose contra el respaldo de su silla—. La primera lectura con el reparto será el lunes siguiente y los ensayos comenzarán esa misma semana.

«Doce días».

Repito la cifra para mí sin mover los labios.

Hace menos de veinticuatro horas estaba en la cama de Eve prometiendo que no intentaría adivinar lo que esperaba de mí.

Ahora alguien me ofrece la oportunidad por la que he aceptado trabajos ridículos, sobrevivido a temporadas canceladas y aprendido a sonreír después de cada rechazo.

—El salario y las condiciones aparecen en el contrato que hemos enviado a Claire —continúa el productor mientras vuelve a mirar los documentos—. Necesitamos una respuesta en veinticuatro horas. El otro finalista continúa disponible y no podemos retrasar el calendario.

Claire cierra la libreta y se inclina hacia el ordenador.

—Revisaremos el documento esta misma mañana —asegura con tono profesional—. Tendrán una respuesta antes de que terminen esas veinticuatro horas.

—Perfecto —responde el productor antes de mirarme desde la pantalla—. Espero que aceptes, Rob. Creemos que eres el actor adecuado para este papel.

—Gracias. De verdad —consigo decir mientras asiento—. Significa mucho para mí.

El productor se despide y la pantalla recupera el escritorio del ordenador. Claire permanece en silencio hasta que me levanto y empiezo a caminar por su despacho.

—Te han dado el papel —dice al fin, dejando la libreta sobre la mesa.

—Sí —respondo sin detenerme.

—El papel que llevas años esperando —insiste Claire, siguiéndome con la mirada.

—Ya lo he oído.

Claire se pone en pie, rodea la mesa y me sujeta por los hombros para obligarme a dejar de caminar.

—Entonces deja de moverte como si acabaran de comunicarte que tienes una enfermedad terminal —me ordena antes de abrazarme—. Enhorabuena.

Tardo un instante en devolverle el abrazo y cuando lo hago, noto que estoy sonriendo.

—Voy a protagonizar una obra en Los Ángeles —murmuro todavía sin terminar de creerlo.

—Y quizá en Broadway también —añade Claire al separarse de mí —. Aunque primero tendrás que evitar que te despidan durante los ensayos.

—Gracias por mantener mis expectativas bajo control —replico, colocando las manos sobre sus hombros con una sonrisa.

—Para eso me pagas —responde mientras regresa a la mesa y recoge el contrato de la impresora—. Voy a revisarlo, pero las condiciones parecen buenas. ¿Qué te preocupa?

Miro las páginas que sostiene entre las manos, mientras pienso que lo que gane con este papel me permitirá dejar la agencia de acompañantes, pagar varios meses de alquiler por adelantado y trabajar solo como actor durante una temporada. No existe ninguna razón profesional para rechazarlo.

—Tengo que contárselo a Eve —admito mientras saco el teléfono del bolsillo.

Claire baja el documento y me observa por encima de las hojas.

—Entonces cuéntaselo.

—No es tan sencillo —respondo, buscando el nombre de Eve en la pantalla.

—Has interpretado a un hombre que confesaba un asesinato delante de cuatrocientas personas —me recuerda Claire mientras se sienta en el borde de la mesa—. Puedes decirle a tu novia que has conseguido trabajo.

—No sé si es mi novia —señalo sin levantar la vista del teléfono.

—Eso parece un problema distinto —replica Claire, agitando el contrato frente a mí.

Antes de llamar, recuerdo que Eve tiene la reunión definitiva con una posible inversora.

La semana pasada consiguió que una mujer interesada en financiar negocios creativos aceptara estudiar su propuesta, pero hoy debe defender las cifras y el modelo de ampliación frente a ella. Aun así, pulso su número.

Eve responde después del cuarto tono y al otro lado se oyen varias teclas y el sonido de unos papeles.

—Hola —dice con rapidez—. ¿Ha ocurrido algo?

—Ya he tenido la reunión con el productor —respondo mientras me alejo de Claire y camino hacia la ventana.

El ruido del teclado se interrumpe.

—¿Y? —pregunta Eve, bajando la voz.

Miro a mi agente. Claire levanta las cejas y mueve una mano para animarme a continuar.

—Necesito hablar contigo —digo, incapaz de pronunciar la noticia mientras Eve parece estar haciendo tres cosas a la vez—. ¿Puedes verme?

—Rob, la reunión con la inversora empieza dentro de dos horas —responde mientras oigo que cierra algo al otro lado—. Laura está viniendo para revisar la presentación conmigo y todavía tengo que corregir una previsión.

—Claro. No te preocupes —contesto demasiado deprisa mientras apoyo una mano contra el cristal.

—No he dicho que no quiera escucharte —aclara Eve, suavizando el tono—. Solo te pido que hablemos después de la reunión para poder prestarte atención de verdad.

—Después —acepto mientras observo el contrato que Claire sostiene—. Llámame en cuanto termines.

—Lo haré —promete Eve antes de guardar silencio unos segundos—. ¿Son buenas noticias?

Su pregunta me obliga a sonreír.

—Sí —respondo mirando mi reflejo en la ventana.

—Entonces quiero oírlas sin estar pendiente del reloj —asegura Eve—. Hablamos luego.

Eve cuelga y mantengo el teléfono junto a la oreja durante unos segundos.

—Parece que ha ido bien —comenta Claire mientras ordena las páginas del contrato.

—Tiene una reunión importante —respondo, guardando el móvil.

—Tú también acabas de tenerla —me recuerda ella, inclinando la cabeza.

—No quiero contarle esto por teléfono.

Claire me estudia como si intentara decidir si soy romántico o idiota.

—Recuerda que tienes veinticuatro horas para dar una respuesta —señala mientras me entrega el documento—. Léelo antes de convertir tu vida sentimental en una tragedia griega.

Salgo de la agencia con el contrato bajo el brazo. Camino dos manzanas intentando convencerme de que esperar hasta la tarde es lo más sensato, pero termino levantando una mano para detener un taxi.

No pretendo interrumpir la reunión. Solo quiero ver a Eve, darle la noticia antes de firmar y cumplir la única condición que puso cuando decidimos averiguar qué éramos: contárselo antes de tomar una decisión.

Al llegar al estudio, encuentro la puerta exterior abierta. A través del cristal veo a Eve y a Laura inclinadas sobre la mesa, rodeadas de hojas impresas y tazas de café. Eve lleva el pelo recogido y señala una gráfica en la pantalla mientras Laura consulta el dosier.

Levanto una mano para llamar al cristal, pero la voz de Laura me detiene.

—No tienes que demostrar que puedes hacerlo todo sola —dice mientras deja el bolígrafo sobre la mesa y se vuelve hacia Eve.

Eve se aparta del ordenador y cruza los brazos.

—No intento demostrar eso —responde, negando con la cabeza.

—Llevas dos horas rechazando cualquier posibilidad que implique adaptar tus planes a otra persona —señala Laura mientras apoya una mano sobre el dosier—. Si la propuesta es buena, deberías valorarla antes de asumir que perderás el control.

Eve camina hasta la ventana y me obliga a retroceder para que no me vea al otro lado del cristal.

—No pienso volver a reorganizar mi vida alrededor de un hombre que un día decida marcharse —afirma con firmeza mientras se abraza el cuerpo—. Ya lo hice una vez y no volverá a ocurrir.

Sus palabras atraviesan la puerta con suficiente claridad.

Al escucharlas, aprieto el contrato entre los dedos.

Podría llamar, entrar y preguntarle de qué está hablando o esperar a que termine la conversación y escuchar el contexto completo.

En cambio, me quedo inmóvil en la acera mientras la frase se acomoda exactamente sobre el miedo que llevo conmigo desde el despacho de Claire.

Dentro, Laura responde algo que no alcanzo a escuchar, pero veo a Eve regresar hacia la mesa y abrir el dosier por otra página. No parece una mujer que necesite recibir la noticia de que el hombre con el que acaba de empezar algo puede marcharse al otro lado del país dentro de doce días.

Mi teléfono vibra y bajo la mirada.

Claire:

El contrato está bien.

He pedido dos cambios menores.

Puedes firmar cuando envíen la nueva versión.

Guardo el teléfono y me alejo del cristal antes de que Eve pueda verme.

Mientras camino hacia la esquina, intento ordenar lo que he escuchado.

Aceptar el papel no significa pedirle que reorganice su vida.

No le estoy exigiendo que se traslade a Los Ángeles, que espere cuatro meses ni que convierta mi carrera en el centro de sus decisiones.

Precisamente por eso no debería contarle la noticia antes de su reunión y obligarla a pensar en todo lo que podría ocurrir entre nosotros.

Puedo firmar y explicárselo esta noche, cuando haya defendido su proyecto y no tenga que elegir entre celebrar mi oportunidad o concentrarse en la suya.

Ese razonamiento resulta tan considerado que tardo varios minutos en reconocer que también me permite evitar la posibilidad de que Eve me pida que no me marche.

Regreso a mi apartamento poco después del mediodía. La nueva versión del contrato llega mientras dejo la chaqueta sobre una silla, así que abro el documento en el portátil y avanzo por las páginas que Claire me ha dicho que contienen los pequeños cambios que ha pedido.

Cuatro meses en Los Ángeles, posible traslado a Broadway y el sueldo más alto que me han ofrecido nunca.

Mi nombre aparece debajo del título del personaje y por primera vez no ocupa una línea entre otros veinte actores. Esta vez soy el protagonista. Después de años esperando que alguien me eligiera, la oferta está delante de mí y solo necesita una firma.

Miro el teléfono y compruebo que Eve no ha llamado todavía. Así que abro nuestra conversación y escribo un mensaje.

Rob:

He pasado por el estudio, pero estabas ocupada.

Tenemos que hablar cuando termine tu reunión.

Lo leo dos veces antes de enviarlo, aunque no menciono la oferta ni la fecha de partida. Pero me digo que no quiero distraerla, aunque la verdad es que sigo intentando encontrar una forma de contarle la noticia sin descubrir qué significa para nosotros.

El teléfono suena casi al instante, pero es Claire.

—¿Has recibido el contrato? —pregunta sin saludar.

—Lo tengo abierto —respondo mientras vuelvo a sentarme frente al portátil.

—Han aceptado los cambios —explica Claire y escucho cómo teclea al otro lado—. La productora quiere cerrar el reparto hoy si es posible.

—Me habían dado veinticuatro horas —le recuerdo mientras desplazo el documento hasta la última página.

—Y siguen siendo tuyas —aclara Claire, dejando de teclear—. El otro actor está esperando una respuesta y quieren preparar el anuncio, pero puedes tomarte el tiempo que necesites.

Vuelvo a mirar el espacio reservado para mi firma.

—Voy a aceptar —decido, apoyando una mano sobre el teclado.

Claire guarda silencio unos instantes.

—¿Estás seguro? —pregunta al fin.

—Llevo años esperando este papel —respondo mientras contemplo mi nombre en el contrato.

—No te he preguntado eso —replica Claire con suavidad.

Me levanto otra vez y camino hasta la ventana.

—Si hablo con Eve antes de firmar, parecerá que le estoy pidiendo permiso o que espero que me prometa que va a esperarme —explico mientras me paso una mano por el pelo—. No quiero colocarla en esa posición el día de su reunión.

—¿Pero ella te ha dicho que se sentiría así? —pregunta Claire.

Observo los edificios al otro lado de la calle antes de responder.

—No exactamente.

—Entonces procura no interpretar una conversación que todavía no habéis tenido —me advierte—. Se te da demasiado bien.

—Voy a contárselo esta noche —aseguro mientras regreso al portátil—. Pero la decisión profesional es mía.

—Eso es cierto —admite Claire después de soltar el aire—. Lo que significa para vuestra relación os pertenece a los dos.

La llamada termina y me quedo frente al documento. Sé que existe una diferencia entre aceptar el trabajo y decidir por Eve cuánto puede soportar antes de una reunión. También sé que le prometí que se lo contaría antes de tomar una decisión, pero, aun así, firmo.

El correo de confirmación llega unos segundos después. Cuando llega a mi bandeja de entrada, supongo que debería sentir el mismo alivio que imaginé durante años, pero lo primero que hago es comprobar si Eve ha leído mi mensaje.

«Todavía no la ha leído», me digo para mí.

Así que recojo las llaves y la chaqueta.

No pienso esperar hasta la noche. Iré al estudio en cuanto termine su reunión, la miraré a los ojos y le explicaré que he aceptado porque esta oportunidad forma parte de mí, no porque quiera alejarme de ella.

Mientras estoy cerrando la puerta del apartamento, mi teléfono empieza a vibrar con varias notificaciones seguidas. La primera es de Claire.

Claire:

Acaban de publicar el reparto.

Me detengo en el pasillo, abro el enlace que Claire me ha pasado y veo que es de la cuenta oficial de Westbound, que muestra una de las fotografías que Eve eligió anoche.

En ella no sonrío ni parezco un actor esperando aprobación.

Debajo de mi rostro, un texto anuncia que Rob Edwards protagonizará la producción durante su temporada de cuatro meses en Los Ángeles antes de su posible traslado a Broadway.

La publicación lleva menos de un minuto en línea cuando mi teléfono vuelve a vibrar.

Esta vez el mensaje es de Eve.

Eve:

Acaban de felicitarme por tu papel.

Debajo aparece una segunda frase.

Eve:

Pensaba que me lo contarías antes de decidir.