17 #3
El placer aumenta con la presión de sus dedos y el ritmo que ha encontrado dentro de mí.
Pronuncio su nombre contra su boca y Rob responde con un sonido ronco mientras me sujeta con más fuerza.
Siento cómo se tensan sus músculos bajo mis manos y comprendo que tampoco está intentando contener lo que le ocurre.
Esta vez no observo desde fuera ni intento conservar algún rincón de mí al margen.
No pienso en cómo se verían nuestros cuerpos bajo otra luz ni en el instante exacto que elegiría si tuviera una cámara.
Estoy aquí, con las piernas cerradas alrededor de su cuerpo y las uñas clavadas en su espalda, mientras cada movimiento me acerca un poco más al orgasmo.
—Rob… —susurro, incapaz de añadir nada más.
—Lo sé —responde él sin apartar los ojos de los míos—. Déjate llevar.
El placer me invade antes de que pueda responderle. Mi cuerpo se arquea bajo el suyo y me aferro a sus hombros mientras las contracciones se suceden. Rob mantiene el ritmo hasta que también pierde el control. Esconde el rostro junto a mi cuello y pronuncia mi nombre al estremecerse sobre mí.
Cuando todo acaba, permanecemos abrazados mientras recuperamos el aliento. Rob deja parte de su peso sobre mi cuerpo y yo continúo acariciándole la espalda, sin ninguna prisa por obligarlo a apartarse.
—Creo que esta vez tampoco has seguido mis instrucciones —murmuro cuando consigo volver a hablar.
Rob levanta la cabeza y me mira con el rostro todavía enrojecido.
—Me has pedido que no me detuviera.
—Y has tardado demasiado en obedecerme.
—Tendremos que repetirlo hasta que aprenda —responde antes de besarme.
Sonrío contra su boca y vuelvo a rodearlo con los brazos. Por primera vez, participar no me hace sentir que pierdo el control, sino que no necesito conservarlo todo el tiempo.
Un rato después, Rob se tumba boca arriba y me acomodo a su lado, con la cabeza apoyada sobre su pecho.
La sábana apenas nos cubre y nuestra ropa continúa esparcida por el suelo del dormitorio.
Rob entrelaza sus dedos con los míos y juega con ellos mientras las luces de los coches atraviesan las cortinas y quedan reflejadas en el techo.
—Ser yo mismo contigo me da más miedo que cualquier escenario —admite sin mirarme—. Si un personaje no gusta, puedo cambiarlo, pero si no te gusta lo que queda cuando dejo de actuar, no tengo otra versión que ofrecerte.
Levanto la cabeza y apoyo una mano en su mejilla para obligarlo a mirarme.
—No necesito otra versión —respondo, acariciándole la piel con el pulgar—. Necesito que no decidas por mí cuál puedo querer.
Rob guarda silencio. Su mirada recorre mi cara como si buscara alguna señal de que he dicho eso solo para tranquilizarlo.
—No sé hacer esto sin intentar adivinar lo que esperas de mí —reconoce mientras pasea una mano por mi espalda.
—Pues tendrás que preguntar.
—¿Cada vez? —pregunta Rob, frunciendo ligeramente el ceño.
—Hasta que dejes de creer que existe una respuesta correcta.
Rob asiente despacio y apoya la frente contra la mía.
—¿Quieres que me quede esta noche? —pregunta mientras me acaricia la cintura con el pulgar.
Miro su camisa tirada junto a la puerta y los pantalones que ha dejado a los pies de la cama.
—Ya has conseguido ocupar medio dormitorio —respondo con una sonrisa—. Sería absurdo echarte ahora.
—Eso no ha sonado como una respuesta.
—Sí, quiero que te quedes —confirmo, sosteniéndole la mirada.
La tensión desaparece de sus facciones y Rob vuelve a tumbarse sobre la almohada.
—Gracias. No estaba seguro de si la invitación incluía alojamiento.
—Pues has traído comida, vino y preservativos. Parecías bastante convencido, ¿eh?
—Me gusta estar preparado para distintas posibilidades —me responde moviendo las cejas arriba y abajo de forma bastante cómica y no puedo evitar reírme.
—Y, aun así, has necesitado mi ayuda para abrir una botella.
—Ha sido un problema técnico —se defiende Rob, llevándose una mano al pecho—. No demuestra nada sobre mi capacidad para pasar la noche.
—Eso todavía está por ver.
Rob se ríe y me atrae hasta dejarme tumbada sobre él.
Durante unos minutos, seguimos hablando de cualquier cosa: la comida que se enfría en la cocina, la fotografía que pienso guardar para chantajearlo y la expresión que pondrá Claire cuando reciba los nuevos retratos.
Ninguno menciona el resultado de la audición.
Al final, Rob estira un brazo para apagar la lámpara de la mesilla y el dormitorio queda iluminado únicamente por la claridad que entra desde la calle.
No hay almohadas separándonos, ninguna cámara que nos obligue a cuidar el gesto, ni una fecha de cierre esperando al amanecer.
Cuando el sueño empieza a vencerme, su brazo continúa rodeando mi cintura y su respiración me roza el pelo.
A la mañana siguiente, el teléfono de Rob vibra sobre la mesilla y me despierta.
Él sigue dormido, abrazado a mí, con la cara hundida junto a mi cuello y una pierna atrapada entre las mías.
Alargo el brazo para detener el sonido, pero antes de tocar el aparato, la pantalla vuelve a iluminarse y veo que ha recibido un correo de la productora de Westbound .
El asunto dice: «Solicitud de reunión urgente».