Almas Rebeldes XLI
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XLI

Los rayos de sol lo cegaban y apenas le permitían distinguir por dónde iban.

El caballo avanzaba tranquilo, guiándolos con seguridad como si fuera el más sabio de los tres.

Psique, recostada sobre el pecho de Will, respiraba con suavidad, arrullada por el movimiento del animal, casi dormida.

Él sentía el peso de su cuerpo como una bendición.

Jamás imaginó verse así, henchido de amor.

Había sufrido mucho durante esos años por no confesarle sus sentimientos, pero ella tenía razón. Ambos debían vivir muchas cosas antes de poder ser sinceros el uno con el otro. Ese largo viaje había despertado en Will un coloso llamado «confianza en uno mismo» que lo abrumaba.

Un secuestro, un aprendizaje, una forma nueva de vida y su propio crecimiento lo habían transformado en un hombre.

No obstante, avanzaban juntos hacia un destino difícil, peligroso e incierto. Psique ya era parte de él, aunque sin saber todas las cartas del juego.

Se sentía egoísta por haberla arrastrado hasta allí sin darle la oportunidad de elegir.

Carraspeó para llamar su atención .

—¿Quieres decirme algo o te acabas de tragar una mosca?

Él sonrió, pues lo conocía muy bien.

—Quiero comentarte algo, mi amor.

—Umm, comienzas bien —dijo ella, acariciando juguetona la mano con que la agarraba en su estómago—. Me gusta que me llames «mi amor». Eso de «amiga mía» ya sonaba repetido.

Will estuvo a punto de soltar una carcajada, pero se contuvo. Hablar con ella era como oír cascabeles y nunca lograba ponerse serio.

—Esto es importante —dijo lo más digno que pudo.

Entonces ella se tensó y se incorporó para volverse a mirarlo a los ojos. Él los cerró, muy nervioso.

—¿Qué ocurre? ¿Acaso no te gustó... algo de anoche? —preguntó, temerosa.

Él abrió los ojos de golpe. Su sonrojo lo derritió y se recriminó confundirla de esa forma.

—¡No! —exclamó para tranquilizarla—. No es eso, cariño. Tú... Todo fue perfecto. Insuperable. No cambiaría nada de lo que vivimos juntos anoche.

Ella arrugó el ceño, más confundida aún.

—Hablo de nuestro futuro —añadió—. Del futuro de ese pueblo que es el nuestro ahora.

De repente, su cuerpo se aflojó. Cuando volvió a mirarla, le sonreía dulcemente.

—¿Por qué sonríes? ¿Sabes de lo que hablo?

—Puedo imaginarlo —respondió con rapidez y él alzó una ceja—. Yo ya tengo un plan para todos. Es perfecto, Will. ¿Quieres oírlo ?

—¿Tengo opción?

—Claro, te lo contaré —respondió como si no lo hubiera oído—.

He pensado... Es más, ya hablé con las mujeres del poblado y les planteé un plan para que sobrevivieran junto a sus maridos y los demás gallowglas: vivir en nuestras tierras.

—Levantó un dedo para puntualizar algo. Will no podía dejar de sonreír—.

No todos, claro está. Sorcha y su hijo, además del viejo Donald, me caen bastante bien.

Los quiero conmigo. Fiona también me gusta.

Es valiente y parece llevarse bien con Zahra...

—Veo que ya los conoces a todos —soltó él, interrumpiéndola.

—Calla, escúchame, que lo que voy a proponerte es muy importante.

—Will sonrió de oreja a oreja—. Tenemos que convencer a mi tío Cameron, a Miles y a los demás para que los acojan.

Debemos acogerlos por grupos, poco a poco.

Si no, sería muy sospechoso. Alguien podría rumorearlo y la noticia llegaría a oídos de esa Guardia Negra tan odiosa.

Es peligroso, Will, pero no podría abandonarlos.

No son salvajes; son buenos, sensibles y...

—¿Y dices que ya hablaste con las mujeres?

Ella volvió a tensarse y miró al frente. Entonces pareció encogerse sobre sí misma hasta hacerse muy pequeña.

—Tal vez debí consultarte antes.

Will la atrajo hacia su pecho y la besó en su oreja.

—Eres un genio, Psique —dijo, mordiéndole el lóbulo—. Jamás habría podido elaborar un plan mejor.

Ella se estremeció con el contacto y volvió a girarse para besarlo en los labios con tanta pasión que casi lo hizo caer del caballo.

—Te amo, Will McPherson —dijo contra sus labios—. Gracias por escucharme .

—Siempre, mi amor —respondió con pasión—. El día que no lo haga será porque duermo bajo las amapolas.

Y así, camino de las ruinas, escuchó el resto del plan.

No iba a mentirse: aunque él ya había propuesto algo parecido antes, Psique aportó ideas bastante buenas que llevarían a cabo juntos.

Era mente y corazón en un solo ser, perfecta para sostener lo que él no pudiera.

Porque eran uno y, viniera lo que viniera, lo superarían todo.

El sol seguía martirizándolos cuando llegaron al poblado.

La gente salió a recibirlos con vítores.

Abrazados sobre el caballo, como una sola figura, Will rio ante tanta efusividad.

Psique se sonrojó con tal pureza que, por un instante, le pareció retroceder en el tiempo y verla de nuevo tras aquel árbol, con el mechón enredado en la rama y mirándolo vulnerable.

La besó con la misma ternura de entonces, pero también con una intensidad capaz de hacer eterno ese nuevo recuerdo.

¿Y sabéis algo?

A pesar de la muerte de aquellos niños inocentes y de los ancianos que deberían haber estado allí para aconsejarlos; a pesar de la pérdida de Tormod y de la desolación en la mirada de Fiona; a pesar de todo eso y del peligro que se cernía sobre sus vidas, algo brillaba en ese pueblo.

Algo importante que todos sintieron muy dentro:

La esperanza de volver a ser libres.

Fin