Almas Rebeldes XIV #2
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XIV #2

Este le echó un último vistazo a Will y aceptó. Con una mano agarró el asa de la olla y la ayudó a transportarla mientras salían.

—Siento lo de ahí afuera —murmuró Zahra con expresión cálida—. Aquí todos recuerdan a tu padre... para bien o para mal.

Él tragó saliva. Esa mujer desconocía que ignoraba la historia de su padre.

Por un momento, se sintió tentado a tirar del hilo y aprovecharse de su inocencia; no obstante, el sentimiento de culpa lo frenó.

Sabía que Aodh volvería pronto y confiaba en que le contaría todo.

Debía ser paciente. Aunque fuera su carcelero, entre ellos había surgido una especie de estima mutua y no deseaba romperla con artimañas.

—Como dije, soy un rehén. —Al notar que juntaba las cejas, añadió—. Por eso le agradezco mucho su hospitalidad.

La puerta se abrió de golpe antes de que esta pudiera contestar y Aodh entró, cerrando tras de sí demasiado efusivo. Su rostro era una máscara impenetrable.

—Tenemos que hablar —dijo clavando los ojos en Will .

—Iré a ayudar a Sorcha —se apresuró a decir la mujer, dispuesta a salir con rapidez. Sin embargo, Aodh la agarró de la cintura y la apretó contra sí.

Tras darle un profundo beso, que incomodó bastante a Will, la dejó ir con una soñadora sonrisa dibujada en su cara.

—¡Por Odín! ¡Cómo la echaba de menos! —gruñó el guerrero, acercándose a un mueble de donde sacó una botella. Luego sirvió dos vasos y se sentó al otro lado de la mesa baja junto a Will—. Bebe, lo vas a necesitar.

—No, Aodh, ya te dije...

—Bebe —ordenó otra vez con firmeza—. Lo que voy a contarte no es nada agradable, necesitas templarte.

Will no discutió más. Miró con desconfianza el líquido ambarino y le dio un gran sorbo. Le rajó la garganta tanto que lo hizo toser.

—¿Qué demonios...?

—Vín mjǫðar —agregó con acento nórdico profundo—. O lo que viene a significar vino de hidromiel.

El vikingo soltó el aliento muy satisfecho y le guiñó el ojo. Will todavía seguía tosiendo, pero un calor interno comenzó a invadirlo, lo que le resultó muy agradable.

—Saldrás de aquí hecho un hombre, Williams.

—¿Ya no me llamas chico? —bromeó, siguiéndole el juego.

Él negó con la cabeza.

—Estás en mi casa y has bebido del agua de los dioses —enumeró y le regaló una sonrisa pícara—. Te falta probar a nuestras mujeres .

Will rio ante su oferta. Ese vikingo era tan peligroso... Pero le hacía gracia. No contestó y dio otro sorbo al vaso. Este volvió a reír calentando el ambiente con su alegría y destensando lo que auguraba ser una dura revelación.

—Cuéntamelo todo, Aodh, por favor. —El vikingo fijó la vista entrecerrada en él, evaluándolo—. Necesito saber qué movió a mi padre a vivir de esta manera.

—El motivo solo podrá decírtelo él, Williams.

—Entonces, ¿qué escondéis? —preguntó airado—. Y no me digas que no puedes contármelo. Seguro que mi padre vendrá y, cuando lo vea, no quiero ser el único que no sabe nada, Aodh. Esto es muy frustrante, ¿entiendes?

El vikingo asintió y se sirvió otro poco de la botella. Quiso rellenarle a él, pero Will lo detuvo. Tras darle otro sorbo al vaso, continuó hablando.

—Un gallowglas nunca podrá dejar de ser lo que es. Lo eres y punto. No puedes borrarlo sin más ni abandonar para siempre esta forma de vida... Ese viejo loco de Arnold —hizo un gesto hacia la puerta de la casa, refiriéndose al anciano de antes— le echa en cara que se fuera. Lo apreciaba, de veras.

—Mi padre es un hombre respetable, con un hogar al que vuelve cada día. Ha trabajado mucho para lograr lo que tiene y no va a dejarlo todo por... —hizo un gesto con la mano, señalando la habitación— esto.

Conocía a Aodh cuando se le contradecía y ya esperaba el fuerte gruñido, por lo que no se asustó cuando plantó el vaso sobre la mesa con más fuerza de la normal.

—Debe ayudarnos. —Lo miró con una intensidad que no dejaba la mínima objeción—. Hizo una promesa con este pueblo y va a cumplirla .

—¿Qué debe hacer? ¿Cabalgar a vuestro lado, saqueando casas y regresar a su vida de renegado?

—¿Crees que esto va de saquear casas? —espetó con un desprecio palpable—. Ya no hacemos eso... No tienes ni idea de lo que tu padre carga sobre sus hombros.

Will abrió la boca para replicar, pero Aodh lo cortó levantando la mano.

—Los gallowglas somos guerreros. Hemos saqueado casas, como tú dices, para sobrevivir.

Antes de eso, fuimos el escudo letal de los jefes de clan bajo juramento.

—Se inclinó hacia él y apoyó los codos sobre la mesa—.

Tu padre no vino con nosotros por gloria ni por botín.

Vino porque debía mantenerse con vida para saldar una deuda de sangre. Nos lo debe.

El silencio cayó como una manta pesada. Sabía que su padre le revelaría el resto cuando volvieran a verse. Del mismo modo, sabía que esa deuda de sangre era un secreto celosamente guardado y que no lograría desentrañarlo, aunque Aodh bebiera sin parar durante la noche entera.

—Mantenerse con vida —musitó ensimismado.

Aodh suspiró hondo.

—De aquello que aún lo perseguía, de la culpa que no había saldado. —Sus ojos mostraban preocupación—. Ahora nos persigue un enemigo mucho peor, Will. Ese que nos arrebatará la tierra y que no nos dejará ni el alma. Todos estamos en peligro.

Will sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La mirada del vikingo reflejaba una furia extrema y parecía recrear en su mente un recuerdo atroz.

—Aodh, ¿qué demonios está pasando?

Este se recostó sobre el mullido cojín y cerró los ojos.

Se mantuvo en silencio unos largos segundos.

Solo se oían sus respiraciones y de vez en cuando el trino de los pájaros en el exterior.

Pronto aparecerían las mujeres, esa conversación cesaría y sus dudas se multiplicarían para su más profundo pesar.

—Lo sabrás pronto. Antes tendrás que decidir si quieres seguir siendo un muchacho que exige respuestas o un hombre que busca la libertad.

Bufó con fastidio. No estaba dispuesto a que lo dejara así.

—¿Cuál es nuestro enemigo común, Aodh?

—Inglaterra.