Almas gemelas de dragón (Caballeros Dragón 14) 14 #2
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— Seguiré tus gestiones y vigilaré el barco —respondió Hrardorr—.

También le transmitiré lo que he encontrado a Genlitha.

Ella está explorando desde las alturas. Gowan ya ha entrado en la ciudad y está recorriendo las tabernas del muelle bajo su disfraz de simple mercenario.

Y estaré atento al barco de Livia. No debería estar muy lejos de nosotros.

Todo según lo previsto. Seth entró en la sede del Gremio de Sanadores y se registró sin más comentarios. Las cosas se habían puesto en marcha. Ahora dependía de él observar con atención y ver qué podía averiguar.

*

Hacía tiempo que Gowan no pisaba una taberna de tan baja ralea, pero encajaba con su personaje de mercenario. Había varios mercenarios sentados por el perímetro de la sala, vigilando las entradas. Los mercenarios aprendían a ser cautelosos.

Por suerte, aunque Gowan nunca había sido un mercenario real, sabía lo suficiente sobre ellos y su forma de vida para dar el pego.

Más de uno de los hombres a los que había entrenado para luchar habían acabado en el camino de las armas a sueldo.

No era raro si alguien quería viajar por las tierras y ver un poco de mundo antes de asentarse. O si uno no tenía otras opciones.

Gowan pensaba a menudo que su hermano probablemente pretendía que Gowan hiciera algo parecido para ganarse la vida tras ser expulsado sumariamente de la casa familiar.

Los mercenarios a menudo morían sin gloria ni duelo en tierras lejanas, para no volver a molestar a sus parientes.

Gowan no guardaba rencor por ello. Hacía tiempo que sabía, antes de que ocurriera, que su hermano mayor quería librarse de él en cuanto su padre falleciera.

Gowan se había preparado lo mejor que pudo para la ocasión, guardando un poco de dinero para sus viajes y dejando fardos de provisiones en los confines de las tierras familiares, con amigos de confianza.

Pudo marcharse de casa sabiendo que tenía al menos cómo comer y ropa que ponerse hasta que encontrara un empleo remunerado.

Su hermano había tenido razón en una cosa: la única habilidad de Gowan por la que alguien estaba dispuesto a pagar era su capacidad para luchar.

Pero, en lugar de hacerse mercenario, se había alistado en el ejército de la corona y se había ganado su autoridad luchando bien y siguiendo órdenes durante varios años.

El único pesar que tenía era no haber podido volver a ver a su madre. Le habría gustado que ella supiera en qué se había convertido, pero su hermano se había mostrado inflexible en cuanto a cortar todo vínculo con Gowan cuando lo echó hacía tantos años.

Tras varios años ascendiendo con paso firme por los rangos, Gowan había sido destinado cerca de la capital, y Genlitha lo encontró.

Después de eso, todas sus preocupaciones por ganar lo suficiente para alimentarse y vestirse terminaron.

Los caballeros estaban bien provistos por la corona, ya que el resto de sus vidas las pasaban de servicio, y la vida de un caballero no era tan fácil como muchos creían.

Eran largas patrullas bajo el frío glacial y las nubes.

Era vivir a la intemperie y trabajar a todas horas para proteger la tierra y a su gente.

Era luchar contra los horrores de los skiths y las amenazas más mundanas de soldados y piratas.

Era la posibilidad siempre presente de caer hacia la muerte junto a tu dragón.

Pero luego… estaban los dragones. El vínculo de por vida que era más profundo que cualquier amistad. Más profundo que la familia. Era compartir tu vida con un dragón que compartiría su magia contigo y sería tu compañero constante. Era no volver a estar solo jamás.

Ah, sí. Existía esa compensación. Y hacía que ser caballero fuera la mejor ocupación que Gowan pudiera imaginar. No cambiaría su vínculo con Genlitha por nada en este mundo.

Incluso cuando estaban separados —como ahora—, ella seguía siendo una presencia en el fondo de su mente. Sabía que ella estaba observando la ciudad desde lo alto, y supo en el instante en que divisó el barco de Livia doblando la punta.

— Debería estar atracando en otra media hora más o menos —le dijo Genlitha a Gowan—. Se lo haré saber a los demás.

— Bien. No hay nada en esta taberna. Voy a dirigirme a la siguiente. Esa está más cerca de las oficinas de los O’Dare en el muelle. Supongo que Livia irá allí primero, y quiero estar cerca por si necesita refuerzos.

— Es un buen plan. Pasaré los detalles mientras te mueves. Si me necesitas, puedo estar allí en segundos.

— Gracias, Gen.

*

Livia hizo acto de presencia en la oficina y luego se dedicó a organizar una pequeña reunión para los empleados de su padre en una posada local que le había recomendado específicamente Lady Krysta.

Livia ya había visitado las oficinas de Ouray en ocasiones anteriores y siempre había invitado al gerente y a su personal principal a una comida. Esta vez tenía un motivo oculto.

Lady Krysta le había pasado información antes de que Livia abandonara la Guarida sobre un cierto jinete de Jinn que tocaba en esta posada en particular.

El Cisne era conocido por ser un establecimiento de clase media dirigido a gente de negocios y a aquellos con unas monedas para gastar en una buena comida, bien preparada.

Estaba lo bastante cerca de la oficina y, de hecho, muchos de los trabajadores iban allí a almorzar cada día o a cenar al salir del trabajo, así que no despertó sospechas cuando Livia lo sugirió.

También les dijo que terminaran el trabajo temprano, ya que estaba hambrienta por el viaje y podían discutir la disposición de su carga especial de la Isla del Grifo tan bien durante una comida como en la oficina.

Livia había tomado algunos de los objetos de sus viajes a la isla del mago y los había traído consigo para explicar su llegada inesperada.

Sin duda, los bienes que había elegido se venderían mejor en Ouray que en Dragonscove, y esto le dio mucha credibilidad a su historia.

También aseguraría un beneficio considerable.