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— Después de ver a través de tus ojos, estoy de acuerdo. Jamás habría podido anticipar o imaginar esto —coincidió Hrardorr.
Seth estaba casi al lado del barco y Livia lanzó una escala de cuerda por el costado para que pudiera subir a bordo.
Empapado, Seth se aferró al costado del barco durante un rato, dejando que el agua escurriera lo mejor posible antes de subir a la pequeña cubierta.
No quería empapar todo lo que le rodeaba, si podía evitarlo.
Livia lo instó a subir mientras el viento volvía a hinchar la vela y el barco avanzaba con fuerza hacia el humo en el horizonte.
Por suerte, Seth había dejado sus fardos en el barco de Livia, no queriendo cargar a Hrardorr con nada que no fuera él mismo en caso de tener que lanzarse al mar.
Seth solo llevaba lo puesto, que incluía un macuto que llevaba al hombro envuelto en hule para intentar mantener lo de dentro lo más seco posible.
Cuando subió a bordo, Seth le entregó el macuto a Livia.
Él no podía mirar; tenía que mantener la vista en el horizonte para que Hrardorr pudiera ver hacia dónde iba.
Livia revisó la bolsa e informó de que las cosas del interior estaban mayormente secas, salvo algo de pan que había guardado para merendar y que estaba decididamente empapado.
El catalejo, al ser de madera, metal y cristal, había sobrevivido bien al chapuzón. Seth no perdió tiempo en llevárselo al ojo y escudriñar el horizonte. Intentó formular un plan para que aquello funcionara de la mejor manera.
— Creo que tal vez deberías volar cerca de nosotros, Hrardorr, hasta que estemos más próximos. Si vas más allá de mi capacidad de visión, podrías acabar en una mala situación.
— De acuerdo. Me retrasaré y volaré cerca de vuestra posición un rato.
A medida que se acercaban a la orilla, la escena se volvía más nítida.
Hrardorr se mantenía a la zaga, al ritmo del barco de Livia, para no sobrepasar la capacidad de Seth de discernir los detalles.
La vista humana era toda una limitación, pero al menos con el catalejo Seth había aumentado algo su visión.
Aun así, era una cosa decididamente extraña verse a uno mismo volando por encima o por delante de tu punto de referencia.
Y cuando Seth bajaba la vista hacia algo en el barco o hacia Livia, Hrardorr se desorientaba.
Había aprendido rápido a cerrar los ojos en el momento en que Seth enfocaba algo en su visión cercana.
La escena se revelaba conforme se aproximaban y Hrardorr era capaz de recomponer lo que ocurría a partir del punto de vista de Seth y de su propio conocimiento de lo que estaban mirando.
Hrardorr nunca había visto la costa por la que había estado nadando durante los meses pasados.
No de verdad. Así que verla resultaba reconfortante y extrañamente familiar, aunque nunca la hubiera visto antes con sus propios ojos. Al menos, no mediante la vista.
— Allí a la derecha está el puerto propiamente dicho, pero esta batalla parece estar ocurriendo lejos de las baterías de costa, más abajo en el litoral —le dijo Seth mientras dirigía el catalejo por toda la costa.
Se concentró en el puerto y en los emplazamientos de los cañones que apenas alcanzaba a ver desde esa distancia, y luego siguió el humo que el viento arrastraba por la playa hasta donde los piratas estaban atacando.
— ¿Qué hay allí por lo que valga la pena luchar? —preguntó Hrardorr—. Es solo playa vacía, ¿no?
— No del todo. Hay una parte más profunda junto a esas rocas.
¿Ves? —Seth movió el foco del catalejo un poco más a la izquierda—.
Hay un muelle y unas instalaciones de atraque en las que cabrían perfectamente algunos de esos barcos piratas.
Allí es donde viven los Stuart. Los padres y hermanos de Leo.
Hrardorr recordó la playa que Livia había dicho que estaba cerca del nuevo hogar de los Stuart, pero nunca había llegado a ver nada de aquello. Le sorprendía que un lugar así sufriera un ataque, pero al analizar la situación, la razón quedó clara.
— El enemigo puede atracar y bajar a tierra allí, lejos de los cañones del puerto —dijo Hrardorr—. Muy astuto.
Había al menos media docena de barcos que seguían intactos.
Unos pocos habían resultado dañados, con sus velas incendiadas por la pareja de dragones que había intentado impedir que atracaran.
Uno de los dragones estaba derribado en la playa, sangrando visiblemente mientras su caballero intentaba, primero, ayudar a su compañero dragón y, segundo, estar preparado para defender la playa en caso de que alguno de los barcos piratas lograra atracar.
Seth vio a un pequeño grupo de defensores corriendo hacia la playa, con armas en las manos, pero no eran suficientes.
Una docena de hombres armados, la mayoría de los cuales no eran soldados profesionales, no serían rival para la curtida tripulación de un barco pirata.
Cada uno de los barcos que intentaba alcanzar el muelle llevaba fácilmente al doble de asesinos adiestrados.