Capítulo 15 #2
Acabaron en la cama tras la cena, sí, pero luego Allegra le pidió que se fuera porque estaba segura de que de ninguna manera conseguiría sacarlo de allí por la mañana antes de que llegase Louise.
A ella le gustaba ponerse a trabajar temprano, a las seis.
No obstante, la velada fue más tranquila, y también el sexo.
Jordan le envió un mensaje de texto cuando llegó a su casa diciéndole que la quería.
Sin saber por qué, ella no lo creyó. Pensó que lo decía porque sabía que debía decirlo.
No le pareció auténtico ni sincero. Además, ella no lo quería.
Le gustaba, pero no estaba enamorada de él.
Todavía. Las cosas estaban sucediendo demasiado deprisa.
A lo largo del mes siguiente, Jordan llevó a Allegra a cenar y a almorzar, y para ella fue agradable salir por ahí de nuevo y tener a alguien con quien conversar.
Él mitigó su soledad y lo mucho que añoraba a Henry.
Continuó trabajando en el libro, si bien es cierto que en menor medida.
Fueron al cine, y pasó un fin de semana con él en Palm Springs.
Llevaban saliendo poco más de un mes y a Allegra aún se le antojaba que era demasiado pronto desde la muerte de Henry, pero Jordan la hacía sentirse joven y viva, por lo que decidió aceptar la teoría de que no hacía falta estar locamente enamorada para tener sexo, se podía disfrutar de ello sin más.
Hasta la fecha jamás lo había hecho, y prefería su antigua filosofía de acostarse con un hombre solo si realmente lo amaba, pero estaba intentando darle una oportunidad a la relación.
El domingo por la noche, al regresar de Palm Springs, compraron comida y cenaron en la cocina.
Se sentía más relajada con Jordan, habituada a verlo casi todos los días.
En ocasiones, Jordan pasaba por allí de camino a su casa desde el gimnasio, una vez que Louise se había marchado, y subían corriendo al dormitorio.
Allegra empezaba a creer que la quería. A lo mejor realmente cabía esa posibilidad.
Allegra se había puesto a recoger después de cenar cuando por un momento tuvo la sensación de que Jordan estaba raro, como si tuviera algo que decir y no supiera cuándo o cómo hacerlo.
—¿Qué pasa? —le preguntó.
—¿A qué te refieres?
—Me ha dado la impresión de que estabas a punto de decir algo.
—Yo…, bueno…, tenía intención de decírtelo: voy a comenzar la preproducción de una película pronto.
—Qué bien. ¿Cuándo?
—De hecho, me voy dentro de una semana —respondió, incómodo.
—¿Adónde?
Ella no esperaba su respuesta, ni por asomo.
—A Londres. Vamos a rodar la película en Inglaterra.
—¿La película entera? —Parecía atónita.
—Sí. Los coproductores e inversores son británicos.
—¿Y cuánto tiempo estarás fuera? ¿Seis meses? Además de la posproducción.
—Más o menos —dijo Jordan con aire acongojado, como un crío de nuevo.
—¿Y te lo has callado? Seguro que lo sabías desde hace seis meses, o como mínimo tres. Lo sabías cuando empezó lo nuestro.
—Pensé que no querrías saber nada de mí si te lo contaba.
—¿De modo que decidiste ocultarlo? ¿Y ahora qué?
—He pensado que podías venir un par de semanas este verano —dijo él.
—¿Un par de semanas? ¿Y estarás fuera seis u ocho meses?
—Jordan no supo qué decir. Lo tenía contra las cuerdas.
Era demasiado lista—. ¿En teoría has esperado nueve años al amor de tu vida y ahora te largas, de la noche a la mañana, y se supone que debo ir a pasar allí un par de semanas?
Jordan, te conozco. Somos amigos desde hace siglos.
¿Te has aburrido ya? ¿Acaso solo querías demostrar que podías conquistarme?
Bueno, pues lo hiciste, y estaba empezando a creerte.
¿Esto es una invitación o una despedida?
—Quizá un tiempo para aclararnos las ideas y decidir si de verdad es esto lo que queremos.
—Ah, vale… Un tiempo. Deja que te diga una cosa: no hay necesidad de fingir que llevas nueve años soñando con alguien para llevártela a la cama.
Ni siquiera conmigo. Se te da bien esto.
Las mujeres se mueren por meterse en tu cama, y se lo pasan bomba una vez que lo consiguen.
Das la talla. Eres increíble. No tienes por qué camelártelas y luego andarte con milongas cuando pones pies en polvorosa.
Yo me lo he pasado en grande. Seguramente no vuelva a hacer nada parecido nunca más.
Pero lo auténtico es mejor. Me parece que esto se ha acabado.
Y tú también lo sabes. Que te lo pases genial en Inglaterra, y suerte con la película.
Allegra se levantó, dándole a entender que se marchara, y Jordan tuvo el detalle de quedarse avergonzado. Ella se sentía como una tonta; lo había sido. La había embaucado porque era vulnerable, estaba sola y echaba muchísimo de menos a Henry.
—Allegra, no te pongas así. Yo no suelo actuar de esta manera. Esto es muy intenso, estar juntos todo el tiempo. Y es verdad: te he deseado desde el día en que te conocí.
—Me deseabas porque Henry me tenía y tú lo envidiabas y ansiabas poseer lo que él tenía.
De modo que debías demostrar que podías conquistarme.
Lo he pillado. Ha sido como asestarle un golpe bajo a un viejo amigo.
No hacía falta que lo hicieras, salvo por tu ego.
Ganaste: me conquistaste. El sexo ha sido fabuloso; las milongas, no tanto. No es justo. Que tengas un buen viaje.
—Lo siento —dijo él, cabizbajo por unos instantes—. Te llamaré desde Londres —añadió con vacilación.
—No. De eso ya tuve de sobra antes de conocer a Henry.
De gente que hace promesas que no cumple, que miente, que no llama y no vuelve, que dice cosas de boquilla o que no dice nada, y me importa un bledo.
Pensaba que me había librado de esto, y con Henry así fue.
Contigo, simplemente es más de lo mismo.
Búscate a alguna que se trague el cuento durante uno o dos meses.
Nunca has tenido el menor problema en encontrarlas.
Jordan no dijo ni pío. Allegra lo tenía bien calado. No tenía nada que argumentar. Ella sabía la verdad, y de qué pie cojeaba.
Salió de la cocina en dirección a la puerta principal, y la cerró sin hacer ruido al marcharse.
En lo que ella reparó fue en que se había olvidado de despedirse, lo mismo que todos los demás.
Menos mal que no estaba enamorada de él, nunca lo había estado.
Había cometido un desatino, pero lo superaría.
Más que a Jordan, necesitaba perdonarse a sí misma.
Era patético, no valía la pena malgastar el tiempo, ni las lágrimas, con él.
Se había acabado lo de llorar por gente como Jordan; Henry le había curado todas esas heridas.
Había tenido un tropiezo, nada más. Jordan le había hecho perder el tiempo durante un mes, no le había roto el corazón.
Ella había conocido al gran amor de su vida, mientras que Jordan era un fraude, como Henry siempre sospechó. Ahora estaba segura de ello.