Allegra Capítulo 12 #3
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Capítulo 12 #3

Allegra y Henry iban a París todos los años, como homenaje a su primer viaje. Allí fue donde empezó su relación y donde ambos se dieron cuenta de que estaban enamorados.

Era una excelente excusa para viajar a París.

Londres nunca llegó a tener el mismo significado para ellos, ni tampoco la misma magia.

Y Allegra, cuando una vez casada estuvo en Londres con Henry, no telefoneó a su madre, jamás volvió a hacerlo.

Fue la mejor decisión que tomó en su vida.

No lamentaba en absoluto haberse desvinculado de ella.

Isabelle tampoco volvió a ponerse en contacto con Allegra.

Finalmente consiguió el distanciamiento que deseaba con su hija.

No quería tener la más mínima relación con ella, ningún recuerdo del pasado.

Allegra tampoco. Ahora estaba con Henry; era todo cuanto necesitaba.

A lo largo de los años que compartieron se sintió feliz y a salvo.

Henry organizó una fiesta sorpresa para Allegra el día de su trigésimo cumpleaños.

A los sesenta y ocho años, gozaba de vitalidad, fuerza y salud.

Ella se desvivía por él, que parecía haber rejuvenecido desde que se casaron.

Ese año celebraron su quinto aniversario, que pasaron en el Ritz de París, como de costumbre, en la misma suite que en anteriores ocasiones.

Lejos de aflojar el ritmo, Henry trabajaba con el ahínco de siempre.

Seguía pasando noches enteras enfrascado en sus composiciones y se entregaba igual que antaño a la música y las bandas sonoras.

Allegra se afanaba con la misma diligencia de la que hizo gala cuando comenzó a trabajar para él.

Era tan infatigable como su esposo, y los dos formaban un equipo eficiente, dinámico y sincronizado.

Ella conocía todos los entresijos del sector y escuchaba las partituras de Henry nota por nota. Le chiflaba la música que componía.

Para entonces, Jordan ya había saltado a la fama, y acudió a la fiesta sorpresa de Allegra con la famosa actriz con la que estaba saliendo.

En ese momento, a los cuarenta y un años, el matrimonio continuaba siendo lo último que le pasaba por la cabeza.

Siempre había una mujer más joven y guapa a la vuelta de la esquina a la que esperaba conocer.

Sus conquistas eran legendarias, y ahora eran siempre celebridades, algo que él pensaba que realzaba su imagen.

Era célebre por salir con las mujeres más bellas de Hollywood, aunque nunca durante mucho tiempo.

Jordan jamás había dado importancia a las relaciones duraderas.

Siempre decía que la suerte no le había sonreído como a Henry, que encontró al amor de su vida.

Según afirmaba seguía buscando, pero aún no lo había encontrado.

A Henry, en cambio, le había tocado la lotería.

Allegra quería que Henry se pusiera en contacto con sus hijos para ver si era posible retomar la relación con ellos ahora, con su apoyo.

Él no lo hizo, consideraba que era demasiado tarde.

No se conocían, entre ellos solo existía un parentesco de sangre, lo cual no bastaba para crear un vínculo.

Su ex­mujer había conseguido separar a los chicos de su padre para siempre, y Allegra lo lamentaba; aun así, le resultó imposi­ble convencerlo.

A él le bastaba estar con ella, no necesitaba a nadie más en el ámbito íntimo de su vida en común.

Aunque tenían amigos, la única persona con la que mantenía una relación estrecha, y que lo conocía a fondo, era Allegra. Para él, y para ambos, era suficiente.

Vivían juntos, trabajaban juntos, viajaban juntos…

Desde que se casaron no habían pasado una sola noche separados.

Ella mantenía el contacto con Pippa y la llamaba por teléfono de vez en cuando.

La editora estaba contentísima por Allegra.

Pippa siempre pensaba en qué habría sido de Shep, pero no se atrevía a preguntar.

Allegra lo ignoraba, y en ningún momento trató de averiguarlo.

A saber si seguiría vivo o no. Se había desvanecido en las sombras de su pasado, y lo mejor era dejarlo estar.

Allí vagaban demasiados viejos fantasmas, como su madre, con los que prefería no volver a toparse, de los que ni siquiera quería saber nada.

Henry solía decir que jamás había conocido a nadie que hubiera sufrido tantos traumas y desengaños y que los hubiera superado con semejante entereza.

Se lo comentó a Pippa en el banquete de bodas.

Pippa desconocía la mayor parte de la historia, pero coincidió con él a tenor de lo que Allegra le había contado en Nueva York.

Pippa y Henry hacían buenas migas, y ella lo adoraba por ser tan bueno con Allegra.

El vínculo entre Allegra y Henry se fue fortaleciendo con cada año que transcurría. Amarlo y ser amada compensó todo el sufrimiento que había soportado en su vida. Él era su recompensa por haber sobrevivido. Y el pasado ya no importaba lo más mínimo.