Alguien tiene que confesar (Las investigaciones de Victoria Heslin 11) 47. CAPÍTULO 47
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47. CAPÍTULO 47

Él había hecho realidad aquellas palabras.

Antes de que llegaran los agentes, había comprobado el vídeo.

Cuarenta mil visualizaciones en dieciocho minutos.

No tardarían en retirarlo. Las redes sociales no podían permitir que la gente presenciara un asesinato violento.

Pero, hasta entonces, esperaba que todo el mundo lo viera y conociera la verdad sobre Harrison Porter.

Nada de premios ni ascensos póstumos para el diplomático.

Cerró los ojos y sintió una oleada de alivio.

Se imaginó a Emily de niña, con su sonrisa radiante, contando historias alrededor de la mesa durante la cena.

Nunca había dicho nada cruel ni había cotilleado sobre nadie.

No era religiosa como sus padres, pero encarnaba lo mejor que podía ofrecer la religión.

Bondad. Altruismo. Humildad. Anteponer a los demás a uno mismo.

Asegurarse de que nadie quedara excluido ni estuviera solo.

El mundo necesitaba más personas como Emily. Era especial. Hasta que su vida quedó truncada. Demasiado pronto.

Ricky había hecho todo lo posible por conseguir justicia para ella. Ahora solo se arrepentía de una cosa. Del asesinato de Harrison.

Emily jamás lo habría aprobado.

Más versículos de la Biblia inundaron sus pensamientos: No os engañéis: nadie se burla de Dios. Cada uno cosecha lo que siembra. Gálatas 6:7.

Ricky se había aferrado a esas palabras durante diez años, dirigiéndolas contra la persona que había matado a su hermana y luego se había dado a la fuga.

Ahora se volvían contra él.

Ricky era culpable. Estaba preparado para afrontar las consecuencias.