Alguien tiene que confesar (Las investigaciones de Victoria Heslin 11) 44. CAPÍTULO 44
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44. CAPÍTULO 44

D espués de que la enfermera entrara en la habitación para comprobar las constantes vitales, Victoria la abordó en el pasillo. —¿Ya ha revisado el cardiólogo su electrocardiograma?

—Vendrá en cuanto pueda. —La voz de la enfermera era amable—. Su abuelo está estable, así que puede que tarde un poco. Intente relajarse.

Victoria estuvo a punto de echarse a reír. No podría relajarse hasta que encontrara a su padre.

Fue a sentarse junto a Ned. Él le pasó un brazo por los hombros y ella apoyó la cabeza en su hombro.

—No sé qué le pasa —susurró—. No recordaba que mi padre está desaparecido.

—Ya lo he visto. Ahora no te preocupes por eso. Vayamos paso a paso.

—Eh... ¿perdón?

Victoria se volvió hacia la voz.

Rivera estaba en la puerta.

—¿Qué hace aquí? —No pretendía que la pregunta sonara tan brusca. Sencillamente, le había sorprendido verlo.

—Quería asegurarme de que todo estuviera bien —respondió él.

Ned y Rivera cruzaron la mirada, y algo pasó entre los dos hombres.

Victoria se levantó. —Estamos esperando al cardiólogo. ¿Qué ha pasado con Ricky Young?

—Lo estábamos esperando en la cafetería —dijo Rivera—. No se presentó. Hemos emitido una orden de búsqueda para su vehículo.

A Victoria no le gustó la expresión de Rivera. Había ocurrido algo más.

Él señaló hacia el final del pasillo. —Hay otro vídeo que tiene que ver.

Victoria se disculpó con su abuelo y salió de la habitación. Retorciéndose las manos, siguió a Rivera hasta una sala vacía. —Por favor, dígamelo sin más.

—No es su padre. Lo siento, debería haber empezado por ahí. Es... Harrison Porter ha muerto. Hay un vídeo. El Gobierno está intentando que lo retiren. Le enviaré el enlace.

Unos segundos después recibió el enlace y reprodujo el vídeo.

Harrison Porter yacía en el suelo de hormigón. Atado y ensangrentado. Confesaba que se había emborrachado, había atropellado a Emily Young y no se había detenido.

A los cuarenta segundos resonó el primer disparo.

Ya no podía seguir mirando y, sin embargo, mantuvo los ojos clavados en la pantalla.

Al fondo se oía a unos hombres gritar y suplicar que parasen.

Una de aquellas voces podía ser la de su padre, pero, si lo era, estaba gritando con una desesperación que ella nunca le había oído.

El vídeo se interrumpió y la dejó aturdida. ¿Qué había ocurrido después? ¿Seguían vivos los otros hombres? ¿Qué probabilidades había de que así fuera después de presenciar un asesinato a sangre fría?

Se le revolvió el estómago mientras veía de nuevo el vídeo, desplazando la atención de Harrison a las paredes y el suelo que lo rodeaban.

Una fina capa gris de polvo de yeso cubría el hormigón.

Había un polvo parecido en la zona que rodeaba el contenedor de basura de las instalaciones de Moffet Yards.

—Podrían estar en ese último lugar —dijo—. Tenemos que entrar.

—La unidad térmica está de camino y estamos esperando el permiso de los propietarios para entrar —le explicó Rivera—. Nos está costando localizarlos.

—No podemos esperar. —Volvió corriendo a la habitación de su abuelo—. Ned, ¿puedes quedarte aquí? Tengo que irme. Es por mi padre. Llámame si cambia algo.

Él no le hizo ninguna pregunta. Se limitó a darle un abrazo rápido y dijo: —Vete.

Victoria besó a su abuelo en la mejilla y le dijo que lo quería.

Y se marchó.