Alguien tiene que confesar (Las investigaciones de Victoria Heslin 11) 39. CAPÍTULO 39
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39. CAPÍTULO 39

E l suburbio de Woodbridge, compuesto por urbanizaciones y restaurantes de grandes cadenas, había crecido con rapidez en torno a la línea de tren de cercanías.

La calle de Ricky estaba en una zona más antigua.

Tenía una casa modesta en una parcela grande, un rancho de una sola planta con revestimiento vinílico, un garaje independiente y un jardín cuidado. Sin plantas ornamentales ni adornos.

Sin sótano.

En el camino de entrada había un remolque desenganchado.

Un agente de la oficina del sheriff del condado de Prince William había aparcado calle abajo. Victoria se detuvo a su lado y se presentó. —Gracias por ayudarme.

—No hay de qué. Soy el agente Lyman. Nadie ha entrado ni salido desde que llegué, hace treinta minutos.

—Iré hasta la puerta. Quédese donde está a menos que le haga una señal.

Recorrió el sendero de entrada y llamó al timbre.

Al no responder nadie, Victoria se subió a un cubo volcado y miró por la ventana lateral del garaje. El espacio estaba abarrotado de equipos y maquinaria. No había prisioneros. No se parecía en nada a la habitación en la que Lawrence había confesado.

Dos casas más allá, una mujer estaba arrodillada en la hierba, arrancando malas hierbas de un parterre.

Victoria le preguntó por Ricky.

La mujer se quitó los guantes y se colocó unos mechones de pelo detrás de las orejas. —Sí. Se marchó temprano en su camión grande, como hace siempre. Sale temprano. Vuelve tarde. También trabaja los fines de semana.

—¿Ha notado diferente a Ricky últimamente? ¿Algo fuera de lo normal en estas últimas semanas?

—Hace unos días invitó a varias personas. Los vi cargando equipo en su camión. Fue a altas horas de la noche, lo que me pareció raro.

Victoria lo anotó. —¿Qué clase de equipo?

—No sabría decirle. Cajas. Una especie de armazón metálico. Estaba oscuro.

Teniendo en cuenta a qué se dedicaba, no parecía nada extraño.

Victoria le dio las gracias y habló con otros dos vecinos. Nadie más había visto nada de utilidad.

Se marchó y condujo hacia el norte, atravesando los suburbios de Virginia, mientras veía acumularse los kilómetros y pensaba en Ricky Young.

Según su vecina, había salido a trabajar como de costumbre. Entonces, ¿dónde estaba?

Aún seguía conduciendo cuando sonó su teléfono. Número desconocido. Prefijo de Washington D. C.

Respondió.

—Hola, esto... Le devuelvo la llamada. Soy Justin.

No tenía ni idea de quién era Justin. Entonces cayó en la cuenta. —Justin, sí. Ha recibido mi mensaje. Gracias por devolverme la llamada.

—Tenía cita con el médico. Ya estoy en casa, mirando los papeles. Espero no haberme metido en un lío. Me dijeron que podía hacer este trabajo desde casa, lo de introducir los datos.

—No se ha metido en ningún lío. ¿Puede decirme, por favor, si tiene algún permiso en papel a nombre de Ricky Young o Young Salvage?

—Sí. He encontrado uno. Es en Moffet Yards Road. Lo introduje en el sistema, pero no aparecerá en internet hasta que concluya el periodo del permiso.

—Envíeme la dirección exacta, por favor. Y dígame si tiene sótano. Eso debería figurar en la información que tiene.

—De acuerdo. Un momento. Estoy mirando.

Victoria siguió conduciendo mientras Justin lo comprobaba.

Dos giros después, Justin dijo: —Sí. Tiene. Hay un sótano.