13. CAPÍTULO 13
A estas alturas debía de ser ya bien entrada la noche del sábado. A menos que ya fuese domingo.
Thomas no había dormido. Ninguno de ellos lo había hecho.
Harrison tenía los ojos abiertos, clavados en la pared. Cuando Thomas había pronunciado su nombre veinte minutos antes para preguntarle algo, él había respondido a una pregunta completamente distinta, una que nadie había hecho. La falta de sueño estaba afectándolo. Los estaba afectando a todos.
La puerta se abrió de golpe, sin previo aviso.
Los cuatro hombres se sobresaltaron y alzaron la cabeza de golpe.
Entró el mismo hombre, vestido de negro y con aquel voluminoso acolchado bajo la ropa. La misma pistola.
Nadie se movió.
El corazón de Thomas aceleró el ritmo.
La máscara ocultaba el rostro de su captor, pero tras ella irradiaba el desprecio.
—¿Y bien? —El modulador distorsionaba la voz—. ¿Está alguno de vosotros dispuesto a confesar?
Nadie respondió.
Su captor agitó la pistola.
—Os he dado horas para que reunierais el valor necesario y por fin hicierais lo correcto. Para que expresarais vuestro arrepentimiento.
—No sabemos qué quiere que admitamos —dijo Harrison—. Si se limitara a decirnos quién lo hizo...
—¿Que os lo diga? —La voz electrónica crepitó de rabia mientras la pistola apuntaba a Harrison—.
¿Habéis hecho tantas cosas atroces en vuestra vida que ninguna destaca como peor que las demás?
¿A esto hemos llegado? ¿Habéis hecho daño a tanta gente que ni siquiera sois capaces de acotar las posibilidades?
Llevo diez años esperando esto. Puedo esperar un poco más.
Su captor recalcó cada palabra con furia. Thomas no albergaba duda alguna de que aquel secuestro y la exigencia de una confesión eran algo personal.
—¿Lleva diez años esperando? —Lawrence parecía incrédulo—. ¿Estamos aquí por algo que ocurrió hace tanto tiempo?
—Algo que ocurrió —se mofó su captor, apuntando bruscamente a Lawrence con la pistola—. Como si hubiera sido un accidente . Un suceso desafortunado que no se pudo evitar.
Lawrence retrocedió hasta quedar pegado a la pared. No tenían nada detrás de lo que esconderse, salvo los unos detrás de los otros.
Su captor recorrió con la mirada a los cautivos, uno por uno.
— No fue un accidente. Uno de vosotros tomó una decisión y otra persona pagó el precio más alto. Alguien murió por lo que hicisteis —gruñó—. ¡Y ni siquiera lo recordáis!
La mente de Thomas se aceleró. Alguien había muerto una década atrás. ¿Dónde estaba él entonces?
—Acabo de daros información para refrescaros la memoria —dijo su captor mientras paseaba la mirada por todos ellos—. Uno de vosotros sabe exactamente de qué estoy hablando, y el mundo entero tiene que oírlo.
Retrocedió hacia la puerta sin bajar la pistola en ningún momento.
—Cuando vuelva, alguien dirá la verdad.
—¿Y si no podemos? —preguntó Jake.
—Entonces empezaré a sacaros de aquí a pedazos. Empezando por los dedos. Vuestras familias podrán abrir los paquetes. Un regalo inesperado como ese puede dejar a alguien traumatizado de por vida.
Thomas cobró una dolorosa conciencia de sus propios dedos. Se metió las manos en los bolsillos.
—Tenéis hasta mañana por la mañana.
Su captor cerró la puerta de golpe. La cerradura encajó con un ruido sordo. Se había marchado y volvían a estar solos.
—¡Está como una puta cabra! —gritó Lawrence.
—Deberíamos darle lo que quiere —dijo Jake—. ¿Qué coño pasó hace diez años? ¿Qué hizo uno de vosotros?
Su mirada recorrió a todos los presentes.
Una sensación nauseabunda ascendió desde el estómago de Thomas. Los otros tres hombres eran desconocidos, pese a estar atrapados juntos. ¿Era uno de ellos un asesino?
Un pensamiento indeseado se abrió paso en su mente.
¿Y si era él? ¿Había arruinado económicamente a alguien? ¿Había destruido la empresa o el medio de vida de alguna persona? ¿Se había suicidado alguien por ello? Si así había sido, Thomas no lo sabía. ¿No debería haberse enterado? ¿No se lo habría contado alguien?
—Tenemos hasta mañana por la mañana —dijo Jake—. Unas horas. O más. No tengo ni idea. Tenemos que averiguarlo antes.
—¿Cómo? —exigió Harrison—. ¡Llevamos todo este tiempo intentando averiguarlo! ¡No sabemos qué estamos buscando!
—No nos estábamos centrando en lo que ocurrió hace diez años —dijo Jake—. Ahora sí. Tenemos que contarnos todo lo que recordemos de aquella época. La respuesta está en algún punto de esos recuerdos.
—Si uno de vosotros es un asesino —dijo Lawrence—, entiendo por qué aún no lo ha contado. Entiendo que no quiera que la gente se entere. Pero este tío lo ha descubierto. Se acabó la farsa, por decirlo de algún modo. Así que soltadlo ya. Decid la verdad. Quiero conservar todos mis dedos.
Jake asintió.
—Estoy seguro de que todos opinamos lo mismo. Admitidlo ahora o sufriremos todos.
Nadie habló.
El frigorífico se puso en marcha con un chasquido en un rincón.
Thomas apoyó la cabeza contra los fríos bloques de hormigón, buscando entre sus recuerdos alguna muerte que pudiera haber causado.
Alguien había muerto. No había acabado en la ruina ni había resultado herido. Había muerto. Thomas le dio vueltas a aquella idea, cotejándola con todo cuanto recordaba de diez años atrás.
Solo estaba aquello.