CAPÍTULO TREINTA Y SIETE
Los tres permanecemos sentados en un silencio tenso, Sophie con la mirada clavada en el suelo y nosotros dos observándola, a la espera de su respuesta.
Este no es uno de esos silencios que a Thacker le encanta dejar que se prolonguen durante las sesiones de terapia.
Si no habla pronto, alguno de nosotros tendrá que decir algo.
Sin embargo, al igual que en las sesiones, quiero que sea ella quien dé el siguiente paso.
Sé que puede hacerlo. Sé que puede contar la verdad.
—Impedí que me abandonara —la voz de Sophie suena baja, pero serena, como si ya hubiera aceptado sus propias palabras—. ¿Qué otra cosa podía hacer? Pero tenéis que creerme. No lo planeé. No era lo que quería. Ocurrió. Simplemente ocurrió.
—¿Cómo se lo impediste? —pregunta Serena con calma, y eso me desconcierta. Parece intrigada, más que horrorizada.
Es casi como si estuvieran hablando de una receta de tarta y no de la desaparición del examante de ambas.
—Quizá sea mejor que os lo enseñe —dice Sophie—. Puedo llevaros hasta él.
—¿Puedes llamarlo? ¿Traerlo aquí? ¿Dónde está? ¿Adónde ha ido? —De repente, Serena tiene muchísimas preguntas. Me doy cuenta de que estoy sentado en silencio, observándolas a las dos, intentando averiguar qué ha hecho exactamente Sophie.
Sophie hace un gesto desdeñoso con la mano para cortar el interrogatorio.
—No puedo llamarlo, no. Y él no puede venir aquí. Pero puedo llevaros hasta él —vuelve a ofrecerse. Esta vez hace un leve gesto con la cabeza hacia la puerta trasera.
Mi cerebro empieza a desentrañar por qué elegiría salir por detrás en lugar de por delante mientras Serena continúa con sus preguntas.
—¿Le hiciste daño? ¿Está bien?
—Está bien —dice Sophie—. Más o menos.
—¿Vas a decir algo? —Serena me dirige la pregunta a mí.
—Sophie. ¿Dónde está Jack?
Aparto los ojos de ella y miro más allá, por encima de su hombro, hacia la cocina, hacia la puerta trasera. Cuando caigo en la cuenta, vuelvo a clavar la mirada en ella de golpe.
—No… —digo—. No puede… ¿Todo este tiempo?
Sophie deja escapar un gemido largo y lastimero.
—¡No!
—Tú… ¿cómo…? ¿Por qué…? —No consigo articular las palabras. La respuesta a la pregunta del millón era obvia. Jack ha estado escondido a plena vista. Ha estado aquí mismo todo este tiempo.
Algo que Sophie dijo en una de sus sesiones me viene de pronto a la cabeza.
Paso bastante tiempo en el jardín.
Lo que ocurre con las mentiras de los demás es que, a veces, no son mentiras en absoluto. A veces a la gente le resulta demasiado difícil hablar de la verdad, así que la esconde dentro de acertijos.
—Serena, quédate con Sophie —digo—. No la pierdas de vista.
Serena me lanza una mirada que dice tú no me das órdenes , pero asiente.
—¿Crees que está…? —En lugar de terminar la pregunta, mira a Sophie, y la confirmación resulta evidente en su expresión descompuesta.
—No pasa nada, Sophie —digo—. Todo va a salir bien.
—Sophie. Dime que no… —dice Serena.
—Está ahí —responde Sophie en voz baja. Rebusca en el bolsillo y me lanza un juego de llaves—. Hay dos cerraduras —dice—. Ya descubrirás cómo funcionan.
No sé en qué estado estará Jack ni tengo la menor idea de qué voy a encontrar ahí fuera, pero ahora estoy seguro de que Jack ha pasado los últimos siete meses encerrado en el cobertizo de su propio jardín.
El jardín está sorprendentemente bien cuidado.
Recuerdo las malas hierbas que invadían la parte delantera de la casa y no puedo evitar reparar en la diferencia.
Sophie no solo ha salido aquí para visitar a su marido; también ha dedicado tiempo y atención a mantener el jardín.
Me pregunto cómo ha conseguido concentrarse en cortar el césped y arrancar las malas hierbas de los parterres sabiendo que su marido estaba encerrado a pocos metros.
Me encantaría convencerme de que estas son las cosas que hacemos por las personas a las que amamos, pero, mientras recorro el sendero hacia el cobertizo, mi fe en Sophie empieza a tambalearse.
Podemos volver a encauzar las cosas después de esto. Todavía hay una salida para nosotros. Ella sigue siendo Sophie. Aunque ya no estoy tan seguro de que nada de eso sea cierto.
El cobertizo es tan seguro como la casa.
Es una estructura de hormigón y supongo que debe de estar insonorizada, pues, de lo contrario, el plan sin plan de Sophie nunca habría funcionado durante tanto tiempo.
Hay una ventana en un lateral, pero por dentro parece tener unos postigos macizos, así que no puedo ver el interior.
Me habría gustado echar un vistazo a lo que me espera antes de llegar a la puerta.
No imagino que vaya a encontrarme una escena agradable.
Las llaves me pesan en la mano cuando llego a la puerta.
Junto al picaporte hay una sólida cerradura de embutir y, cerca de la parte superior del marco, un cerrojo.
Esos pedazos de metal son lo único que me separa de la verdad y lo único que ha mantenido a Jack privado de libertad.
Parece absurdo que algo tan pequeño pueda suponer una diferencia tan enorme en la vida de una persona.
No solo en la vida de Jack, sino también en la de Sophie.
Quizá ahora incluso en la de Serena y en la mía.
El llavero de Sophie solo tiene cinco llaves, y es fácil averiguar cuáles necesito.
Aun así, las manipulo torpemente, nervioso por lo que está a punto de ocurrir, y dejo caer el manojo al suelo.
El enfrentamiento que se avecina no es lo que esperaba que sucediera hoy, pero nada de esto formaba parte de los planes de Sophie.
Me pregunto cómo esperaba que terminase.
Fuera como fuese, no creo que imaginara que la expareja de la examante de su marido aparecería para salvar la situación.
Espero que sepa valorarlo cuando todo haya terminado.
Por fin introduzco la llave correcta en la cerradura y descorro el cerrojo.
Entonces me detengo justo cuando voy a abrir la cerradura de embutir.
Esta es mi última oportunidad para parar y considerar cualquier alternativa.
No he pensado en ninguna otra forma de actuar.
¿De verdad debería abrir esta puerta y enfrentarme a Jack?
No quiero hacer nada que pueda causarle problemas a Sophie.
Recurrir a la policía queda descartado. Tampoco puedo involucrar más a Thacker.
La única forma de acabar con esto es empezar por aquí.
Abrir la puerta y liberar el futuro de Sophie.